Por acá por el Litoral y en el norte del país no se ha notado demasiado, pero el sur está atravesando una situación de déficit hídrico que, aunque no se acerca a las angustias vividas en 2023, ha hecho acordar a más de uno aquellos tiempos en los que el agua que salía de la canilla era “no potable pero bebible”, a decir de alguna autoridad del momento. Tres años después de aquellos momentos mucha agua ha corrido bajo los puentes, pero de soluciones concretas a los problemas que el área metropolitana afronta, nada más que proyectos, discusiones, marchas, contramarchas y cuestionamientos.
En los últimos días se ha escrito un nuevo episodio con la observación por el Tribunal de Cuentas de la República a las decisiones de OSE que llevaron a una renegociación del contrato con el consorcio Aguas de Montevideo, que había presentado inicialmente el proyecto Neptuno, para que se encargue de la Represa de Casupá y de una serie de obras para dotar de una reserva segura de agua para potabilizar al área metropolitana. La objeción, básicamente, consiste en que hay un apartamiento notorio entre el proyecto propuesto originalmente por el consorcio y lo que se termina acordando. Hay un detalle que no se puede pasar por alto y es la forma en la que surgió Neptuno. Fue una propuesta realizada por la empresa para ejecución de obra pública y el mecanismo empleado prevé que se llame a una licitación en la que el proponente tenga ventaja en la consideración. En este caso el consorcio debió perder su ventaja en una nueva licitación, al tratarse de obras completamente diferentes a las que originalmente propuso.
Pero claro, los informes del Tribunal de Cuentas no son vinculantes, es decir, el organismo observado puede cumplir o no con el dictamen del cuerpo, y si no lo hace, basta con que disponga la reiteración del gasto, como ya anunció OSE que ocurrirá en este caso, por lo que se concretará la proyectada represa en Casupá. Esta decisión le valió al gobierno críticas desde la oposición, que ha calificado de capricho estas actuaciones, de las que el ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, se defendió diciendo que “lo importante son los resultados” y asegurando que se obtendrán las reservas necesarias gracias a la construcción de la represa. A su vez, el presidente de OSE, Pablo Ferreri, dijo que hay “fundadas razones de interés público, conveniencia técnica y económica y un fuerte respaldo jurídico” para reiterar el gasto.
Tanto el proyecto Casupá como Neptuno han sido blanco de críticas porque ninguna de las dos son una alternativa inocua. Así como se indicaba que Neptuno tomaría agua de una zona en la que son frecuentes los episodios de floraciones algales y de excesos de salinidad, lo que encarecería los costos de tratamiento, en el caso de Casupá es evidente que habrá afectación de intereses de vecinos y productores, y se trata de una de las zonas más productivas del país.
“Hoy, con la renegociación que se cuestionaba, el Uruguay tendrá un plan integral de obras realmente muy significativas, una nueva planta potabilizadora, otra de gestión de los lodos y de aguas corrientes para la nueva planta y la anterior; una nueva subestación eléctrica para respaldar las dos plantas, y algo fundamental: mejorar la conducción del agua hacia los hogares de nuestra población con una séptima línea de bombeo significativa”, repasó el ministro.
Ahora bien, así como desde parte de la oposición se habla de un capricho, también viene al caso mencionar que el anterior gobierno firmó el proyecto Neptuno ya con un pie en el estribo y ese acuerdo condicionó todo lo que vino después. No cometió ninguna ilegalidad allí, es cierto, pero quitó al actual margen de acción, en la medida que la solución que se adoptó fue diferente, pero con las mismas empresas consorciadas con las que se había firmado el proyecto anterior.
Ahora bien, han quedado sin quien las represente en esta discusión otras dos alternativas que cuando menos debieron haberse puesto sobre la mesa de análisis. Una de ellas es el planteo de Uruguay Sustentable, que consiste nada menos que en la reparación de toda la red de distribución del agua de OSE, cuyo deterioro es la causa por la que hay una enorme diferencia entre el agua que se toma del Santa Lucía y la que efectivamente se factura. Ambientalmente es la alternativa más sostenible: optimizar la cantidad de agua que se toma del medio a la que realmente la población demanda.
Según los datos que presentan los ambientalistas, la red de OSE es un colador por el que el agua ya potabilizada se escurre por las calles o hacia el suelo, sin más. Un verdadero sinsentido. Sus cálculos dicen que alcanza con estas mega reparaciones alcanzaría para garantizar la disponibilidad del recurso, en la medida que sería necesaria menos agua bruta disponible para atender a la misma demanda. Cuando menos debió estudiarse la propuesta que se elevó tanto a Presidencia de la República como a la misma OSE.
La otra alternativa fue presentada por el Movimiento Un Solo Uruguay, que a nadie sorprenderá que se diga que no goza de la simpatía del partido hoy en el gobierno. En pocas palabras consistía en un trasvase de agua desde un embalse ya existente en el río Negro —evitaríamos tener que hacer una nueva represa— a la cuenca del río Santa Lucía para que sirva de respaldo en momentos críticos del abastecimiento. De acuerdo al proyecto trascendido es una obra que no sería chica ni sencilla, pero que así y todo sería mucho más accesible que las dos primeras opciones, pero entre la poca simpatía hacia el movimiento y que el tema ya estaba encaminado, no parece que vaya a tener mucho andamiento. De cualquier forma, de estas dos alternativas seguiremos escuchando en el futuro, aun con la represa de Casupá, en la medida que el área metropolitana sigue concentrando población y que los problemas de escasez de lluvia van a seguir estando a la orden del día.
No sería para nada descabellado incluso que en el futuro hablemos de una toma en el río Uruguay. En definitiva desde Villa Soriano hasta Paso Severino hay poco más de 200 kilómetros, técnicamente y financieramente no debería ser un escollo significativo, si los romanos trasladaban el agua miles de kilómetros en acueductos que hasta el día de hoy nos siguen maravillando, y se construyeron sin las posibilidades tecnológicas con las que contamos hoy.

