A comienzos de este mes, la Cámara Uruguaya de Turismo dio a conocer un comunicado que pasó bastante desapercibido entre las noticias de la jornada. Se trataba de una advertencia sobre la pérdida de competitividad del sector. La declaración señalaba que el órgano gremial, que reúne a actores privados de las distintas ramas del turismo, ponía de manifiesto “su preocupación por la pérdida de competitividad que enfrenta el sector, entre otros factores, a raíz de la fuerte depreciación del dólar estadounidense frente al peso uruguayo, fenómeno que atraviesa la economía nacional y que impacta de forma directa en el turismo como sector exportador de servicios”.
Si bien reconocía que por esos días el Banco Central había dado a conocer algunas medidas tendientes a atenuar el problema, el comunicado advertía que “se trata de un problema que viene de años y que se ha acelerado últimamente, agravando la situación”. No obstante, aunque la temporada de verano se presentaba con una demanda firme en varios destinos del país, “la combinación de costos locales elevados y un tipo de cambio en descenso está erosionando los márgenes de rentabilidad y encareciendo la oferta uruguaya en dólares”.
Traducido a términos más concretos, ello implicaba “un riesgo para la continuidad de inversiones y el mantenimiento del empleo en el corto y mediano plazo, en un sector que, además, es uno de los principales generadores de trabajo para jóvenes de hasta 29 años en todo el territorio nacional”.
Las medidas del Banco Central parecen haber frenado la tendencia descendente del tipo de cambio, aunque no se ha producido un salto significativo al alza. Tampoco el asunto parece haberse convertido en una inquietud central del Gobierno, cuando durante buena parte del año pasado el mensaje fue más bien el inverso: la apuesta por un peso fuerte como refugio frente a un dólar debilitado a nivel global.
Volviendo a la declaración de la Cámara Uruguaya de Turismo, se señala que el sector compite “todos los días con otros destinos internacionales” y que, sin condiciones adecuadas de competitividad, “resultará cada vez más difícil sostener la actividad, el empleo formal y el derrame territorial que el turismo produce en el interior del país”. En función de ello, entienden que, además de la evolución del tipo de cambio, “la discusión debe abordarse mediante una agenda amplia de competitividad”. En ese sentido, valoran positivamente la instalación de un grupo de trabajo impulsado por el Ministerio de Turismo para abordar estos temas de forma conjunta, así como la coordinación con las intendencias “para diseñar y promover un paquete de medidas que permita recuperar competitividad, proteger a las empresas y defender el empleo de calidad que el turismo genera”.
En una entrevista en el programa radial En Perspectiva, la economista Florencia Carriquiry, socia de la consultora Exante, puso sobre la mesa algunos datos presentados por el Ministerio de Turismo acerca del comportamiento del sector durante el año pasado y en el comienzo de la actual temporada estival, que ya está llegando a su fin. La profesional señaló que los datos de Migraciones mostraron que en enero ingresaron al país unas 765.000 personas, “lo que supuso una caída de 4% frente al mismo mes de 2025. Hay que recordar que la temporada 2025 fue buena, por lo que estamos hablando de cifras todavía relativamente altas en una perspectiva más amplia”.
De todas formas, esta baja constituye una señal de cautela, en la medida en que “enero concentra tradicionalmente entre un 35% y un 40% de los ingresos de visitantes del primer trimestre”. Carriquiry indicó que la caída se explica principalmente por la menor llegada de argentinos: “En enero de este año ingresaron un 15% menos de argentinos que en enero del año pasado. Por el contrario, se registraron subas de entre 6% y 10% en la llegada de turistas brasileños, de uruguayos no residentes y de visitantes de otros orígenes —sobre todo paraguayos y europeos—, pero no alcanzaron a compensar la caída de argentinos”.
La explicación que propuso para este descenso es “el encarecimiento de Uruguay como destino turístico”. En ese sentido, sostuvo que “si comparamos nuestros precios relativos actuales con Argentina con los que teníamos a inicios del verano 2025, hoy estamos más caros para los argentinos. Como referencia, el tipo de cambio real de Uruguay con Argentina se ubicaba al cierre de 2025 (inicio del verano) 12% por debajo de los niveles de finales de 2024. A esto hay que agregar que Argentina enfrenta un contexto económico complejo, con caídas relevantes del salario real en los últimos años”. Es decir, confluyen dos factores: el nivel del tipo de cambio y el deterioro del poder adquisitivo de las familias de nuestro principal mercado turístico.
Las proyecciones de la consultora indican que, al cierre de la temporada, se registrará una reducción del 3% en el ingreso total de turistas y, específicamente, una caída de entre 5% y 10% en el caso de los argentinos. Y ello sin considerar el gasto de quienes efectivamente llegan: Exante proyecta un crecimiento del orden del 24% en dólares corrientes (9% en dólares constantes), aunque en un contexto en el que el gasto aún no se ha recuperado plenamente del fuerte descenso registrado durante la pandemia.
El sector turístico tiene un peso significativo en la economía del país y, por definición, es especialmente sensible a los vaivenes económicos de los países vecinos, de donde proviene la mayor parte de sus visitantes. Es cierto que se han instrumentado beneficios tributarios y tarifarios para mitigar esos impactos. Sin embargo, cuando el problema es más estructural y la competitividad general del país actúa como barrera, cabe preguntarse si no estamos, en el fondo, ante una cuestión de rumbo que requiere correcciones más profundas.


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