Paysandú parece haber ingresado en una nueva etapa de su historia productiva. No se trata de la instalación de una gran planta ni del desembarco de una multinacional, sino de algo más profundo: la decisión explícita de su sistema político de dar una batalla en defensa de la industria local. El detonante es la eventual reestructura de la división portland de Ancap y la posibilidad, planteada por autoridades del ente en el Parlamento, de concentrar la producción en Minas por su cercanía a los principales centros de consumo.
El intendente Nicolás Olivera lo planteó sin rodeos tras reunirse con los tres diputados por el departamento –Fermín Farinha, Juan Gorosterrazú y Walter Verri–, junto a representantes del sindicato Fancap. La escena estuvo respaldada además, en conferencia de prensa, por la presidenta de la Junta Departamental, Valeria Alonzo; la secretaria general Gabriela Gómez; y los coordinadores de bancada Claudio Zanoniani (Partido Nacional), Roberto Ciré (Frente Amplio) y David Helguera (Partido Colorado). El mensaje fue inequívoco, la unidad política en defensa del trabajo sanducero.
CUANDO LA DISTANCIA SE VUELVE ARGUMENTO
El eje del debate quedó expuesto a partir de la comparecencia de autoridades de Ancap el pasado 17 de diciembre ante el Parlamento. Allí se reconoció que la división portland arrastra un déficit histórico –que no corresponde a una sola administración– y que, entre las alternativas en estudio, figura concentrar la producción en la planta de Minas.
El argumento central es la cercanía a Montevideo y a los principales centros de consumo, lo que abarata los costos de flete.
Olivera retomó esa afirmación como un punto de inflexión. “Cuando el propio Estado reconoce que la distancia al centro de consumo incide en la viabilidad de una actividad, está diciendo algo mucho más profundo que lo que parece”, sostuvo. Y agregó que “si el Estado toma decisiones porque estamos lejos de Montevideo, ¿qué le dejamos a las empresas privadas que tienen exactamente el mismo problema?”
Para el jefe comunal, la frase no es anecdótica. Es la síntesis de una inequidad estructural que afecta al norte del país. “No es un tema de este gobierno ni del anterior. Hace años que la división portland es deficitaria. Pero ahora se sinceran razones que explican muchos de nuestros problemas”, afirmó.
Y se preguntó “¿qué le decimos a una industria que quiera instalarse en Paysandú, en Artigas o en Salto, si el propio Estado toma decisiones en función de estar más cerca de Montevideo?”
“NO VAMOS A PAGAR EL COSTO”
La posibilidad de que la planta de Paysandú reduzca o cese su actividad encendió lo que el intendente definió como una “luz amarilla”. En ese contexto, dejó planteada una postura que marcó el tono de la jornada, al asegurar que “el costo de la readecuación no lo va a pagar Paysandú”. Dijo que el “rol de todos los que estamos acá es evitar que cuando aparezca la luz roja actuemos sobre hechos consumados. Estamos a tiempo de evitarlo”, sostuvo.
Olivera fue enfático, subrayando que “no vamos a aceptar que, para corregir un problema histórico, se descapitalice el departamento o se genere desarraigo de funcionarios. No somos los sanduceros los que vamos a pagar el fracaso del portland”.
El término no pasó inadvertido. Al hablar de “fracaso”, el intendente no apuntó a una gestión puntual, sino a un modelo que durante años no logró revertir el déficit de la división. “Entendemos que el gobierno tenga la valentía de poner el tema arriba de la mesa, pero con la misma valentía nosotros decimos que cualquier proceso tiene que ser virtuoso y no puede implicar que Paysandú pierda”, señaló.
DE LA CRISIS INDUSTRIAL A LA REACCIÓN POLÍTICA
El departamento atraviesa un momento delicado en materia industrial. Fricasa enfrenta una situación compleja con trabajadores en seguro de paro; Paycueros arrastra dificultades desde hace tiempo; y AmBev ha registrado paradas que generan incertidumbre.
“Ya no son problemas aislados. Se están concatenando situaciones que afectan el empleo”, advirtió Olivera. Y en ese contexto, la eventual concentración del portland en Minas aparece como una señal que trasciende a Ancap.
“¿Cuán viables somos como departamento si la distancia se convierte en un factor determinante de inviabilidad?”, preguntó el intendente. “No podemos seguir apagando incendios con extensiones de seguro de paro cada pocos meses. Tenemos que discutir el fondo del asunto”.
UNA REVOLUCIÓN EN DEFENSA DE LA INDUSTRIA
La imagen de los tres diputados de distintos partidos, junto al Ejecutivo departamental y representantes sindicales, buscó simbolizar algo más que una reunión coyuntural. “Esto no es contra nadie. Es una causa común”, afirmó Olivera.
En esa línea, planteó que el desafío es transformar una amenaza en una oportunidad para replantear el modelo de desarrollo territorial. “El Uruguay tiene que discutir las inequidades y la descohesión territorial. No puede ser que producir lejos de Montevideo sea sinónimo de inviabilidad”, expresó.
La referencia a la logística y los costos no fue menor. El intendente mencionó que existen industrias que permanecen en Paysandú por el compromiso de sus propietarios con el departamento, pese a que la ecuación económica muchas veces no las favorece. “El transporte, la distancia y la competitividad inciden en la decisión de estar o no estar”, afirmó.
Entre las alternativas estructurales, destacó la necesidad de concretar la conexión ferroviaria de Paysandú con Chamberlain y el Ferrocarril Central. “Eso puede cambiar la ecuación y abrir oportunidades”, señaló.
GESTIONES INMINENTES
Consultado sobre versiones sindicales que indican que el apagado del horno sería una decisión prácticamente tomada, Olivera aclaró que la información oficial disponible es la vertida en el Parlamento. “Hoy el gobierno no ha adoptado una resolución definitiva. Por eso queremos anticiparnos”, sostuvo y agregó que cuando nos sentemos a conversar, ya van a saber cuál es nuestra preocupación”.
En ese sentido, confirmó que ya se iniciaron contactos para coordinar reuniones con la ministra de Industria (Fernanda Cardona), el directorio de Ancap (presidido por Cecilia San Juan Rebolla), el ministro de Economía (Gabriel Oddone) y, eventualmente, con el presidente de la República, Yamandú Orsi. “El gobierno no debería tomar ninguna decisión sin escuchar lo que está pasando en Paysandú”, afirmó Olivera.
También confirmó que existe coordinación con Fancap pues “las preocupaciones son las de todos. Vamos a avanzar en conjunto”, indicó.
DEFENDER EL PRESENTE Y DISPUTAR EL FUTURO
La discusión sobre la planta de portland abrió un debate más amplio, el lugar del interior en la matriz productiva nacional. Para Olivera, la actual coyuntura puede convertirse en un punto de inflexión.
“No vamos a quedarnos mirando cómo pasan las cosas”, aseguró. “No vamos a permitir que se pierda un solo puesto de trabajo más por el solo hecho de estar lejos de los centros de consumo”.
La defensa de la planta de Ancap se transforma así en un símbolo. No solo se trata de sostener una industria estatal, sino de cuestionar una lógica que, de consolidarse, podría condicionar el futuro de todo el norte del país.
Paysandú parece dispuesta a dar esa discusión. Con la “luz amarilla” encendida y una mesa política ampliada, el departamento ensaya lo que podría definirse como una nueva revolución industrial: no basada en chimeneas humeantes ni en anuncios de inversión, sino en la defensa activa de su derecho a producir, competir y crecer en igualdad de condiciones.


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