A diez años del asesinato de David Fremd

El 8 de marzo de 2016 es una fecha muy triste para todos los sanduceros. Ese día, por su sola condición de judío y por ese único motivo, fue asesinado David Fremd en plena Avenida España, donde desde hace años se desarrollaba una destacada actividad comercial familiar. Su asesino se llama Carlos Omar Peralta e increíblemente fue declarado autor inimputable de un homicidio especialmente agravado, comisión de actos de odio, desprecio o violencia y un ilícito de lesiones personales.

Para entender el significado de la palabra “inimputable” podemos citar al Diccionario de Real Academia Española (RAE), según el cual esa condición, referida a una persona, significa eximida de responsabilidad penal por no poder comprender la ilicitud de un hecho punible o por actuar conforme a dicha comprensión”.

Para más datos, el Código Penal de Uruguay establece diversas causas por las cuales una persona puede ser considerada inimputable. Para la jueza que entendió en el caso, el asesino Peralta era inimputable penalmente de sus actos ya que el artículo 30 de dicho Código establece que “no es imputable aquél que en el momento que ejecuta el acto por enfermedad física o psíquica, constitucional o adquirida, o por intoxicación, se hallare en tal estado de perturbación moral, que no fuere capaz o sólo lo fuere parcialmente, de apreciar el carácter ilícito del mismo, o de determinarse según su verdadera apreciación”.
El juez que consideró al asesino Peralta como inimputable se llama Fabricio Cidade. En noviembre del año 2017, cuando asumió como juez penal de la ciudad de San José de Mayo, al ser consultado sobre su perfil de trabajo Cidade declaró: “Siempre he sido un juez justo con la sociedad y el delincuente”. Obviamente este juez no pensaba en las víctimas, quienes también requieren justicia, especialmente cuando se les priva del valor más preciado: la vida. Con razonamientos como estos uno entiende por qué el Poder Judicial en general y los magistrados en particular son objetos constantes de críticas y cuestionamientos y han acumulado un gran desprestigio al dejar en libertad a delincuentes o imponerle medidas sustitutivas que causan indignación.

Pensando precisamente en el asesino de David Fremd (y sólo en el asesino) Cidade “le regaló” la inimputabilidad porque al fin y al cabo se trataba “nada más” de alguien que asesinó a otro ser humano.
Para Cidade no importó que, cuando fue interrogado por la Policía, el asesino Peralta declaró: “Maté a un judío por orden de Alá”. Tal como fuera informado en su momento por Montevideo Portal, “Peralta, que se hacía llamar Abdullah Omar, esperó a Fremd en una esquina del centro de Paysandú para atacarlo por la espalda con un cuchillo con la intención de matarlo por su condición de judío y así cumplir con la ‘misión’ encargada por Alá”. Es importante tener en cuenta que “Abdullah” es un nombre masculino de origen árabe que significa “siervo de Dios” o “esclavo de Allah”, lo que ayuda a entender cuáles eran las coordenadas filosóficas y religiosas que guiaban al asesino Peralta. Había que matar un judío fuera como fuera, como si no se tratara de un ser humano, de un semejante, como si fuera la nada misma desde el punto de vista existencial. Tampoco nadie tomó en cuenta los múltiples antecedentes del asesino Peralta, una persona que ejercía como maestro en educación primaria y que era vox populi que iba a cibercafés y mientras jugaba juegos de guerra gritaba que estaba matando judíos y lo escuchaba todo el mundo cuando gritaba “Odio a los judíos”. Mientras apuñalaba a David Fremd, el asesino Peralta gritaba “Alá es grande”, pero nadie parece haberlo escuchado y ciertamente no lo escuchó el juez Fabricio Cidade demostrando que la Justicia no sólo es ciega, sino que también es sorda.

Queda claro que la víctima fue David Fremd, pero podía haber sido cualquier otra persona con la sola condición de que fuera judío. Ahí radica lo que el juez Cidade no quiso, no pudo o no le interesó ver: que el asesino Peralta era plenamente consciente e imputable por sus actos y que declararlo inimputable fue y sigue siendo una revictimización no sólo de David Fremd (su segundo asesinato si ello fuera posible), de la colectividad judía de Paysandú y de la de todo el Uruguay. Un fallo judicial como ese lo que otorga a los antisemitas es una auténtica “patente de corso” para que salgan a matar judíos con la tranquilidad de que no serán penalmente responsables.
En diciembre de 2024, la jueza Ana Ruibal puso en libertad al asesino Peralta (se encontraba internado en el Hospital Vilardebó), basándose en una pericia psiquiátrica, “en la que se dice que el hombre cumplió con el tratamiento y se encuentra “compensado desde hace tiempo”.

“Dada la evolución que se ha presentado, considera posible el levantamiento de las medidas de seguridad curativas, salvo mejor opinión de magistrado competente”, indicó la psiquiatra Ana Barrachina. A pesar de ello, el semanario Búsqueda informó que “Psiquiatras tratantes, peritos y fiscales coincidieron en la ‘alta peligrosidad’ de Carlos Peralta si abandona el tratamiento médico, cuya supervisión quedó bajo la responsabilidad de su madre luego de que ASSE se negara a recibirlo en un centro de medio camino por no tener las medidas de seguridad adecuadas”. El asesino Peralta residía en ese momento, según la prensa, en la ciudad de Carmelo y estaría está viviendo junto a su madre, siendo ella, a pesar de su avanzada edad, quien se encarga del control de la medicación y los análisis.

De acuerdo con lo informado oportunamente por EL TELEGRAFO, “La relación entre Peralta y su madre no siempre fue en buenos términos. En pocas palabras: la situación del asesino Peralta es una “tormenta perfecta” para que se repitan hechos de violencia contra la colectividad judía en cualquier parte de Uruguay ante la total pasividad e indudable irresponsabilidad de las autoridades públicas competentes.
En un momento en el cual crecen en el Uruguay y el mundo las manifestaciones antisemitas de diverso tipo (incluso las pintadas recientes en el Palacio Municipal sanducero), todos debemos redoblar, desde un plano personal, pero con trascendencia colectiva, nuestro compromiso con la paz, la tolerancia y el respeto, entre tantos otros valores necesarios para una convivencia armónica. Fuimos un departamento que recibió a los judíos que llegaron a nuestra tierra buscando una vida mejor, quienes se integraron total y naturalmente y fueron protagonistas destacados del llamado “Espíritu de Paysandú”.

En efecto, muchos de ellos trabajaron como vendedores puerta por puerta vendiendo en cuotas (los “cuentenik” en Idish) y con cuenta para sus clientes. Paysandú es y seguirá siendo un departamento que cree que la paz y el trabajo son la base del progreso, donde mujeres y hombres solidarios y de buena voluntad como David Fremd siempre tendrán un lugar en la vida cotidiana y en el recuerdo de sus acciones.

Honremos la memoria y el legado de David de la mejor manera: siendo dignos arquitectos de una convivencia pacífica y fructífera, que se mida por nuestro compromiso con nuestra comunidad y con sus sueños, dificultades y esperanzas. Y que David sea siempre Z´L un acrónimo hebreo para Zijronó LiBerajá, que significa “de bendito recuerdo”.