“Uruguayos, uruguayos, ¿dónde fueron a parar?”, pregunta la icónica frase de Los olímpicos, de Jaime Roos. Aunque el país no logra superar la barrera de los tres millones y medio de habitantes, los uruguayos se multiplican lejos de sus fronteras. Y muchas veces, aun viviendo a miles de kilómetros, su sueño de vestir la casaca celeste se acrecienta.
En los últimos tiempos, distintas historias deportivas volvieron a recordarlo. Ahora será el guichonense Roy Ayala Álvarez (49) quien hará recorrer la bandera uruguaya por senderos de montaña europeos cuando participe del Campeonato Mundial Máster de Carrera de Montaña en República Checa.
En diálogo con QUINTO DIA, el atleta comentó con su estilo humilde, campechano y optimista, lo que significa para él esta competencia. Aunque hace 19 años que vive en España —los 17 últimos en Adeje, Tenerife— su tonada está intacta y apenas se cuela esporádicamente algún “y tal” cuando finaliza una enumeración, modismo propio de los españoles.
Nuevos horizontes
Desde su juventud practicó diversos deportes y a los 17 años integró las inferiores del Club Nacional de Football. Pero latía en él un deseo: buscar nuevos horizontes. “Siempre dije, desde muy joven, que quería salir, preferentemente a España”.
Esperó junto a la que sería su esposa, Luisa Britos, que ella terminara los estudios de enfermería. Se casaron y partieron. Primero vivieron en Galicia y luego se radicaron definitivamente en Tenerife. Su familia se completa con dos hijas: Sofía (18) y Serena (14).
La búsqueda de horizontes nuevos fue primero vital. Con el tiempo, también se volvió deportiva.
Entre la madrugada y la montaña
Mientras la mayoría duerme, su jornada ya empezó. El oficio de panadero no admite pausas ni desajustes: la madrugada marca el ritmo de un trabajo que exige precisión, constancia y resistencia física. Entra a trabajar a las 3 de la mañana en una panadería que integra una cadena de Islas Canarias y su jornada se extiende hasta las 11. Allí prepara el pan y algo de bizcochería. Las horas de sueño no son las ideales. Sin embargo, lejos de ser un obstáculo, lleva adelante una rutina que es la base de su formación y crecimiento como deportista.
Porque antes de pensar en cumbres o competencias internacionales, hay una disciplina cotidiana que sostiene todo lo demás. Trabajar de noche y entrenar de día implica organizar cada minuto con rigor casi matemático. No hay margen para la improvisación. Su semana está estructurada con una constancia inquebrantable: dos días de gimnasio y cuatro jornadas en la montaña, sin excepciones. Un día de descanso en la semana. “El entrenamiento hay que cumplirlo sí o sí. Las piernas, rodillas, tobillos y cuádriceps tienen que estar fuertes siempre. Si no hay disciplina, la montaña te pasa factura”.
La puntualidad no es solo una virtud laboral; es también una filosofía deportiva. Cumplir con cada entrenamiento forma parte del compromiso asumido consigo mismo.
El atleta, el lugar y la montaña
El fútbol quedó atrás cuando un compañero lo invitó a correr. Poco después cobró protagonismo el Monte Teide, imponiéndose como un horizonte cotidiano. “Yo miraba esa montaña admirado y pensaba que verla desde arriba debía ser algo increíble. Me daba respeto porque es una disciplina dura, pero sentía que si el destino me había puesto ahí era por algo”.
Lo que comenzó como recreación terminó convirtiéndose en vocación deportiva. Así que, a lo que al principio fue incorporando a través de sus sensaciones, se sumó un entrenador, Jorge García. Además integra un equipo de running, el Triabona Adeje “donde tengo compañeros que hacen montaña y podemos compartir entrenamientos cuando es más exigente, o cuando vamos a lo más alto, que tiene sus peligros por el frío y por el aislamiento, porque son partes donde no pasa casi nadie”.
De todas maneras, cuando entrena solo, su señora siempre puede ver su ubicación desde el teléfono y se mantiene alerta por cualquier inconveniente que pudiera presentarse.
Profesionalismo y tecnología
Si bien Roy Ayala cuenta con un vasto medallero y una extensa trayectoria como atleta, la carrera de montaña tiene exigencias particulares de oxigenación, técnica para adaptarse a los distintos tipos de suelo, entrenamiento diferenciado para las subidas y los descensos que distinguen a esa de otras disciplinas.
Entre sus rutinas está la de subir en automóvil a unos 2.500 metros de altura y entrenar allí unos 15 kilómetros porque, aunque no los haga ascendiendo, mejora mucho la capacidad pulmonar. La tecnología es un complemento esencial, ya que su recorrido queda grabado en su reloj, que le marca desde las pulsaciones hasta si tosió en algún momento. Cuando finaliza, comparte el enlace a su entrenador, que toma esos datos como base para marcarle las rutinas siguientes.
A su vez, es como correr con un copiloto ya que el reloj le va marcando lo que sigue en el trayecto en cuanto a pendientes, descensos, pero también las alarmas para hidratarse, ingerir un gel, suero. La concentración en observar el suelo —a veces las distracciones, relajar la mente llevan a que en un terreno fácil se tuerza un tobillo— y el disfrute de vivir ese momento, podrían hacer olvidar lo que el cuerpo está necesitando para rendir ya que cuando da una señal, como la sed, en realidad ya está en déficit.
“Siempre digo que mi mayor rival soy yo mismo. Si este año hago una media maratón o una maratón, ya al año siguiente, desde que me inscribo, me exijo mejorar lo que hice el año pasado”.
Equipamiento y estrategia
Quizá lo más llamativo de la indumentaria —y seguramente lo más costoso— son las zapatillas. Están provistas de tacos acordes al terreno en que se va a correr: las hay específicas para piedras como para tierra; son transpirables, tienen una protección en la puntera por algún golpe.
En la mochila de hidratación —generalmente de 10 litros— hay una serie de elementos obligatorios por seguridad, y lleva además aproximadamente un litro y medio de agua (a mayor altitud se necesita mayor hidratación), geles, barritas energéticas, sales, sueros. También los bastones.
En los lugares más escarpados, es probable que en lugar de correr camine rápido y emplee los bastones para poder recobrar la respiración y recuperar piernas. “Los bastones permiten repartir la fuerza entre piernas y brazos. Cuando la subida es muy escalonada, muy empinada, en cada paso se hace prácticamente la mitad de la fuerza ayudándose con los bastones”.
Ahora bien: la estrategia juega un papel decisivo también. Por eso cada carrera se planifica al detalle: desniveles, tiempos estimados y momentos exactos para hidratarse o alimentarse. “No se improvisa nada. Todo se planifica por kilómetros y por tiempo”.
Mentalidad ante el desafío
La experiencia pesa tanto como el entrenamiento físico. La montaña desafía a tomar decisiones paso a paso. “Siempre llega un momento en que te preguntás ‘qué hago aquí’. Ahí entra la cabeza. Si mentalmente sos débil, abandonás”.
Pero Ayala ha permanecido hasta trece horas en competencia y aprendió a administrar el esfuerzo. Sabe que su cuerpo llegó preparado y, cuando se encuentra en ese punto en que se siente el sacrificio, es la mentalidad la que debe imponerse: es la única forma de seguir adelante.
Ética de la montaña
Así como en el trail running existen normas de cortesía que determinan que en pasajes muy estrechos se pide permiso si se va a adelantar a otro corredor, hay una regla esencial que no se negocia. Consiste en que, si un corredor cae, quien lo encuentra se detiene y lo auxilia. No sigue hasta que esté recuperado.
Y si fuese un incidente grave, aun en carrera, se queda hasta que llegue el auxilio médico.
“Es algo muy lindo de esta disciplina. No voy a ganar ni a ser el mejor del mundo si dejo a un hombre tirado en el camino”. Para él, la solidaridad define la esencia del trail running.
“Se forman amistades muy lindas. La empatía en la montaña es algo especial”.
La celeste como cima
Entre madrugadas de trabajo, entrenamientos exigentes y vida familiar, llegó una meta soñada desde siempre, que alguna vez pareció solamente una ilusión: representar a Uruguay. “Ponerse la camiseta de Uruguay es lo máximo. Cuando vivís fuera del país se siente todavía más”. Es tan importante y lo vive con tanta responsabilidad e ilusión que ha dicho que, una vez que logre correr con la celeste, podría dejar el deporte y sin embargo sentirse satisfecho. Seguramente no lo hará.
Pero es una forma de definir la altura que tiene esta cima que se apresta a conquistar.
Hasta tanto, por el solo hecho de cultivar esta disciplina, expresa: “me siento un privilegiado por los lugares donde corro. La montaña me dio cosas que nunca había encontrado en otro deporte”.
Desde un rincón volcánico del Atlántico, un corredor nacido en el interior del departamento de Paysandú llevará la bandera uruguaya hacia nuevos horizontes, allí donde el esfuerzo y el paisaje se encuentran en la cima.

