El rebrote de enfermedades prevenibles, un llamado de alerta

De acuerdo a datos del Ministerio de Salud Pública (MSP), se reportaron 94 casos de varicela en todo el país, acumulados hasta mediados del mes de febrero de 2026, y de ese total, 14 casos correspondieron a cinco brotes, cuatro de ellos intrafamiliares.
Si se comparan esos datos con los del mismo período de 2025, la enfermedad mostró un incremento de 65% respecto a los 57 casos del año pasado, según el último boletín epidemiológico divulgado por la autoridad sanitaria.

De los 94 casos reportados en 2026, el 41% se registró en menores de 15 años. En menores de 1 año hubo dos casos, de 1 a 4 años fueron 12, de 5 a 9 años fueron 12 y de 10 a 14 años fueron 13. Además, de 15 a 19 años fueron 18 casos, de 20 a 24 años fueron 6, de 25 a 29 años 10, de 30 a 34 años 5, de 35 a 39 años 3, de 40 a 44 años 6, de 45 a 49 años fueron 5, de 50 a 54 años hubo un caso y otro de 65 a 69 años.
En nuestro departamento, la mayor novedad es que uno de los afectados fue el intendente Nicolás Olivera, a quien se le detectó la patología a su regreso del viaje a China, pero se advirtió que indudablemente la contrajo en nuestro medio, teniendo en cuenta el período de incubación.
Se trata solo de una referencia anecdótica, por supuesto, que solo tiene de especial la notoriedad del paciente, pero puede decirse que Uruguay atraviesa una “zona de brote” de varicela a comienzos de 2026, con casi el doble de contagios en 2025 (881 casos) respecto al año anterior. El Ministerio de Salud Pública (MSP) detectó brotes principalmente en niños menores de cinco años y adultos jóvenes, impulsando cambios en la estrategia de vacunación.

En el análisis de estos casos, surge que los casos se concentran en brotes intrafamiliares y centros educativos, en tanto ante el aumento, el MSP decidió volver a las vacunas “históricas” para mejorar la efectividad, habida cuenta de que en Uruguay se administra a los 12 meses y a los 5 años de edad.
Algunas referencias a este respecto: Las personas con varicela deben permanecer aisladas en su domicilio aproximadamente entre 7 a 10 días, evitar contacto con personas enfermas, no compartir objetos personales y reforzar la higiene de manos. Hay que tener especial cuidado con embarazadas e inmunodeprimidos, en quienes la enfermedad puede ser grave.

Desde la Dirección General de Salud se dio cuenta hace pocos días de la situación actual referente a la varicela en nuestro país, destacándose que en los últimos años se observa un leve aumento, principalmente en personas de 17 a 26 años, fenómeno que se acentúa desde la Semana Epidemiológica (SE) del año 2024. Este grupo solo cuenta con una única dosis de la vacuna contra la varicela. No obstante, lo destacable de la situación actual es que las consecuencias del cambio de edad de los casos de varicela a grupos de edad más avanzada puede influir en un mayor riesgo de complicaciones.
Hasta aquí una evaluación sintetizada del estado de situación respecto a esta afección, que hasta hace muchos años era considerada como benigna y hasta deseable que se contrajera a edad temprana a nivel familiar, porque se consideraba que en algún momento de la vida se iba a padecer, pero que con el paso del tiempo los estudios han determinado que se cambiara esta postura por los científicos y se optara por la prevención a través de la vacunación, como una forma de no solo proteger a los grupos de riesgo, sino también para promover el efecto rebaño y evitar la circulación del virus causante de la enfermedad.

Pero debe tenerse presente que además de que la varicela es una enfermedad aguda y altamente contagiosa de distribución mundial, de carácter estacional con mayor incidencia entre los meses de julio a diciembre en el territorio nacional, los que contraen la enfermedad al curarse no eliminan completamente el agente que la causa, el Virus Varicela Zoster, perteneciente a la familia de los Herpesvirus, cuyo reservorio es precisamente el ser humano, y que con el paso de los años, ya en edad adulta, cuando caen las defensas, suele presentarse como la archiconocida “culebrilla”, que puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, sobre todo en el tronco, tórax y espalda, y pese a no ser por regla general como de gravedad, no deja de causar molestias y puede reaparecer en forma aguda y agresiva cuando la persona ve resentido su sistema inmunológico.

Y lo que corresponde, para situarnos en una visión general, tanto nacional como regional, es considerar esta problemática, dentro de su muy limitada proyección, en el escenario epidemiológico de la región, desde que se han detectado aumentos en los índices de transmisión masiva de patologías que son perfectamente prevenibles desde hace muchos años al contarse con vacunas y el conocimiento de determinadas medidas profilácticas sencillas y generales contra la mayoría de las enfermedades transmisibles.
Pero el problema radica no solo en las políticas que en nuestro país y en otras naciones, tanto de la región como del mundo, se desarrollan por las respectivas autoridades sanitarias, sino porque por un lado también todavía hay sectores de la población que no se han concientizado respecto a la importancia del acto de prevenir, antes que actuar cuando la enfermedad ya está instalada.
Existe además un sector de opinión pública –que además es muy activo en las redes sociales– que se manifiesta claramente contra las vacunas.

Sin embargo claramente, como ha quedado harto demostrado, los beneficios superan ampliamente a los riesgos que eventualmente para algunas personas, en mínimo porcentaje, conlleva una vacunación masiva, por cuanto estadísticamente siempre hay un ínfimo porcentaje de personas que tienen reacciones adversas, de distinta gravedad, a la aplicación de vacunas, por una serie de condicionantes de su organismo.

Pero en la ecuación riesgo – beneficio, es absolutamente indiscutible que la investigación científica que ha dado lugar a que se crearan vacunas cada vez más eficaces ha sido el gran factor que ha permitido erradicar azotes de otrora de la humanidad. Gracias al uso de las vacunas, muchas enfermedades que se consideraban como comunes y que generaban efectos serios o potencialmente mortales para las personas se han convertido, hoy en día, en enfermedades raras o poco frecuentes.
Y la realidad indica que estamos ante la herramienta por excelencia que puede contribuir a protegernos entre todos, para no tener que lamentarnos luego, cuando ya hay poco y nada que hacer ante lo irremediable.