En los relatos cotidianos del espacio terapéutico, se suele encontrar historias vinculares donde existen personas que desean profundamente una relación pero cuando la cercanía aparece se activa el miedo, la desconfianza o el impulso de huir.
En otros casos, podría suceder que personas necesitan confirmaciones constantes de amor o por el contrario, se muestran autosuficientes y emocionalmente inaccesibles.
Tal vez, estimado lector, te has visto reflejado en estas palabras. La respuesta podría encontrarse en la teoría del apego.
Formulada por John Bowlby, este autor demostró que los vínculos tempranos con figuras significativas se internalizan como modelos de relación que posteriormente organizan la vida emocional adulta, especialmente en relaciones de pareja.
Desde un modelo bidimensional se describen cuatro tipo de apegos principales: seguro, ansioso, evitativo y desorganizado.
Apego seguro:
Se caracteriza por la capacidad que tiene una persona para establecer relaciones donde pueda expresar sus necesidades emocionales, tolere conflictos, busque reparar el vínculo sin perder su autonomía. Este estilo de apego se asocia con un mayor bienestar psicológico, resiliencia y satisfacción en relación a los vínculos y las relaciones que establece.
En contraposición a este estilo de apego puede desarrollarse otro y lo paso a ejemplificar con un breve caso.
Cuando el amor activa la alarma
Mujer de 35 años, se caracteriza en sus relaciones porque la gran mayoría han comenzado con una gran intensidad emocional, cercanía constante y entrega afectiva. Sin embargo, ante el menor gesto de distancia — una respuesta que llegó más tarde de lo que esperaba, un cambio de tono en la voz o en un gesto– se activa una ansiedad intensa.
Aparecen pensamientos relacionados con el abandono, reclamos que son impulsivos o en retiro abrupto de la relación. “Prefiero irme yo antes que me lastimen”, expresa.
Luego aparecen sentimientos de culpa, tristeza y confusión. Desea profundamente el vínculo pero al mismo tiempo lo boicotea. Su infancia podría estar marcada por relaciones que fueron impredecibles, donde el afecto que recibía se alternaba con el rechazo o el silencio. Para ella, amar no era sinónimo de seguridad.
Desde la teoría del apego, su funcionamiento podría deberse a un modo de relación temeroso- evitativo o desorganizado: el sistema se activa intensamente pero carece de estrategias estables para regularse. Como señalaba Bowlby, cuando la figura de apego es por momentos refugio y amenaza, el psiquismo puede quedar atrapado en una paradoja.
Comprender para poder transformar
Pensar en los diferentes estilos de apego no implica etiquetar ni patologizar sino comprender. Muchos de estos patrones vinculares fueron adaptaciones necesarias en contextos tempranos adversos.
La buena noticia es que el apego no es algo fijo. El proceso terapéutico es una oportunidad para la transformación y la comprensión donde construir una mayor estabilidad emocional es una posibilidad a través de la elección de vínculos que sean reparadores.
Una invitación a repensar la manera de relacionarnos
En una época de relaciones que generalmente son frágiles, aceleradas, atravesadas por el miedo al compromiso, reflexionar sobre el apego se vuelve necesario. La seguridad que se forma en la relación en etapas tempranas con las figuras de cuidado es una base del psiquismo donde se aprende a regular emociones, confiar, explorar el mundo con curiosidad y amar sin vivir en estado de alerta.
Cuidar cómo nos vinculamos es cuidar nuestra salud mental. Aprender a amar sin miedo no es un ideal romántico, es una necesidad psíquica fundamental. (097352937)


