La visita del presidente sudafricano Cyril Ramaphosa a su par brasileño Luiz Inacio “Lula” da Silva, en los últimos días, dejó un nuevo hito, un nuevo aviso, de la preocupación que existe en el vecino país por la posibilidad de que ocurra un conflicto armado en la región. Durante el encuentro con el sudafricano Lula refirió a la necesidad de reforzar vínculos y fomentar el compromiso regional y se firmaron acuerdos bilaterales en áreas como turismo, comercio, inversiones y cultura. Pero entre los temas que se abordaron estuvo, según consignan diferentes fuentes, la preocupación por la seguridad internacional ante la ausencia de armas nucleares en América del Sur y África.
Lula afirmó que países como Brasil o Sudáfrica deben “preparar sus defensas” porque “pueden ser invadidos cualquier día”. Destacó además la importancia de aunar el potencial de ambos países —ambos parte del bloque de países emergentes Brics (Brasil, India, China, Rusia, Sudáfrica)— y explorar la producción conjunta de bienes estratégicos, alineando estas declaraciones con la necesidad de cooperación y fortalecimiento mutuo ante posibles amenazas externas. El presidente brasileño enfatizó en que Brasil “es una nación de paz” y, por ello, no ve necesario adquirir armamento de los llamados “señores de las armas”, aunque resaltó que Brasil y Sudáfrica pueden desarrollar sus propias capacidades productivas.
Sin ir más lejos Brasil desarrolla vehículos militares, como los Super Tucanos, recién adquiridos por la Fuerza Aérea Uruguaya, y otros modelos de aeronaves (entre ellos el SAAB Gripen, un jet supersónico desarrollado por Suecia), y mucho más.
Aludió además a la intervención de Estados Unidos en Irán, en especial enfatizando los efectos económicos negativos, como el alza que se ha registrado de los precios del petróleo y la inestabilidad internacional que ocasionó, con consecuencias directas en la economía global, y en las economías locales de numerosas naciones. Ambos mandatarios reclamaron un alto el fuego inmediato en el conflicto bélico en torno a Irán y en la urgencia de resolver la situación por vías pacíficas para evitar el agravamiento de la crisis.
Ahora bien, estos comentarios sobre la posibilidad de que en la región ocurra una invasión o una ocupación en busca de recursos naturales parecería algo descolgada, si no fuera porque viene precedida de algunos indicios al respecto.
El 24 enero de este año aludíamos en esta misma sección a una publicación del semanario Búsqueda sobre un informe de Inteligencia de Brasil que advertía por el riesgo de militarización del acuífero Guaraní, que a su vez traía a colación declaraciones del pasado mes de octubre de uno de los principales jerarcas militares de nuestro país, que en ese momento causaron sorpresa, tanto en la opinión pública como entre autoridades nacionales.
En ese entonces el jefe del Estado Mayor de la Defensa (Esmade), Gral. del aire Rodolfo Pereyra, advertía entonces que, ante una posible escasez de agua a escala global, nuestro país puede ser centro de conflictos bélicos en una eventual disputa por el acuífero Guaraní. “Ingresando al campo de las hipótesis de conflicto más peligrosas, debemos recordar que somos parte de uno de los más grandes reservorios naturales de agua dulce del planeta, que compartimos con Argentina, Brasil y Paraguay. Dado el supuesto o real caso de que este recurso escasee en el mundo, no contar con las capacidades disuasivas adecuadas que nos permitan proteger y gestionar soberanamente un recurso vital para la supervivencia del ser humano pondrá, como resultado, en grave riesgo la estabilidad de la región”, decía.
En cuanto al informe de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN), citaba el artículo del semanario que “Desde el punto de vista de la seguridad, la Inteligencia de Estado debe estar atenta al riesgo de militarización indirecta de zonas sensibles bajo el pretexto de la protección de ‘bienes comunes globales’, con el riesgo de instrumentalización de la seguridad ambiental para legitimar intervenciones no solicitadas sobre zonas estratégicas”. Allí se mencionaban dos zonas prioritarias con relevancia estratégica: la Amazonia, que cubre un 60% del territorio del vecino país, clave para la biodiversidad y “también para la seguridad nacional”; y el acuífero Guaraní, compartido con Argentina, Paraguay y Uruguay, que “constituye una de las más importantes reservas subterráneas de agua del planeta”.
Esta nueva alusión —nada menos que de parte del presidente brasileño— a la posibilidad de que la región se convierta en escenario de un conflicto armado debería preocuparnos y hacernos plantear seriamente que esta es una posibilidad real y cómo deberíamos actuar.
El país tiene una larga tradición pacifista y de neutralidad, el presidente Orsi visitó China con una nutrida delegación, pero pocos días antes recibió como amigo —que de hecho lo son— al embajador de los Estados Unidos en la residencia de Suárez y Reyes, amistad que también invocó el expresidente Tabaré Vázquez, cuando se temió cuando se temió por la posibilidad de que escalase a otro nivel el conflicto “de las papeleras”, que tuvo cerrados los puentes internacionales que nos comunican con Argentina. Cultivar las relaciones con todos y abogar por la paz ha sido nuestra bandera histórica.
Ojalá el tiempo termine demostrando que no se trata más que de exageraciones, pero no podemos tapar el sol con un dedo y hacer de cuenta que el mundo no está convulsionado y, además, tan polarizado que parece que todos estamos obligados a tomar postura, como si de una discusión de Twitter se tratase.

