La demencia atraviesa por tres fases que transforman la vida de un paciente y su entorno. El sicólogo Gonzalo Gamboa, integrante del equipo técnico de Atención de Alzheimer Paysandú (ADAP), explicó a Pasividades que “en una fase temprana surgen olvidos de acontecimientos recientes que puede ser evidenciado en la reiteración de preguntas y el olvido del día, el mes e incluso el año. La información nueva resulta difícil de ser procesada y almacenada en la memoria y así surgen cambios en la personalidad que se traducen en la irritabilidad, enojo y frustración”. Los impulsos no son fáciles de controlar, en tanto “se manifiestan dificultades para elaborar pensamientos complejos y poder expresarlos. Esto se percibe en el discurso de la persona que no logra completar su idea o manifiesta no encontrar las palabras adecuadas para expresarse. Esto comienza a generar que las tareas cotidianas se tornen cada vez más complejas”. En la fase intermedia, se presentan dificultades para la toma de decisiones simples, “como por ejemplo elegir la ropa adecuada para vestirse o cómo organizar el desayuno. En otro sentido, el descuido de la higiene personal y del aspecto físico puede ser percibido fundamentalmente en aquellas personas que previamente cuidaban mucho de su apariencia”.
Incluso surge la dificultad para alimentarse por sus propios medios, por lo cual las personas requieren de asistencia. “También se pueden comenzar a notar síntomas como ansiedad, insomnio o depresión. A esto se suma un incremento en la inhibición social y sexual, lo que puede dar lugar a conductas inapropiadas en público”.
Gamboa señaló que en algunos casos las personas pueden dejar de reconocer a ciertos familiares ante el avance progresivo y el deterioro cerebral. “En esta etapa pueden experimentar delirios y alucinaciones, una desorientación espacial progresiva, donde la persona puede perderse al salir a la calle, desconocer lugares que frecuentaba habitualmente o incluso desorientarse dentro de su propio hogar. Son conductas que generan cierta frustración y agresividad en las personas afectadas”.
En la fase avanzada predomina “la pérdida total de autonomía y de la memoria acompañado por una memoria hostil, con una completa incapacidad para valerse por sí mismo. Por lo tanto, el cuidador se torna una pieza vital”.
Los 10 nunca
El sicólogo detalló que el entorno familiar o sus cuidadores deberán tomar en cuenta algunas consignas que pasan por “los 10 nunca”.
Gamboa detalló que “nunca debe discutirse con la persona enferma, sino buscar ponerse de acuerdo. Nunca hay que tratar de razonar, sino cambiar su foco de atención a otra actividad. Nunca hay que avergonzarlo, sino destacar lo bueno que existe en esa persona o lo que aún puede hacer”.
Tampoco “nunca debe darle lecciones, sino que es mejor serenarlo ante esas situaciones. Nunca hay que pedirle que recuerde, sino al contrario, el cuidador o familiar deberá recordarle los hechos. Por ejemplo, mostrando fotografías y recreando los momentos vividos”.
El técnico reiteró que “nunca deberá decirle ‘ya te dije’, es mejor repetirle las veces que sea necesario. Nunca decirle que no puede, sino pedirle que haga lo que pueda. Nunca deberá darle órdenes o exigirle, sino explicarle lo que hará. Nunca debe ser condescendiente sino que es mejor darle ánimo y nunca deberán forzarse las situaciones, sino reforzarlas para que resulten de manera positiva”.
Gamboa recordó que “lo que funciona hoy, quizá no funcione mañana. Por lo tanto, la imaginación y la creatividad se ponen en marcha con nuevas estrategias. Debe prevalecer la paciencia y en este punto, debe ser tenida en cuenta la importancia de recibir o derivar cuidados a personas que se ofrezcan y sean de su confianza”.
El sicólogo resaltó que el cuidador deberá elegir un momento para recobrar fuerzas, acceder a un descanso o un rato de ocio para realizar actividades que lo distienda.

