Recientemente tuvo lugar una nueva instancia en las gestiones y planteos de nuestros gobernantes, gremios y actores de diversas áreas del departamento ante autoridades nacionales, en la que trasladaron su inquietud por la situación que se plantea con la suspensión temporal de la operativa de AmBev y los serios problemas que enfrentan asimismo otros emprendimientos en nuestro departamento, con secuela de cierres y envíos al seguro por desempleo de cientos de trabajadores.
No es un secreto para nadie que Paysandú ha visto incrementadas año a año las dificultades y los desafíos para superarse y más aún, para tratar de seguir ocupando un lugar de destaque por laboriosidad y espíritu emprendedor en el concierto nacional y regional, como ocurriera con particular fulgor en las décadas en que se instalaron y funcionaron las grandes fábricas, e incluso para generar oportunidades de trabajo digno dentro de sus fronteras.
En el caso que nos ocupa, la industria cervecera local hace tiempo que desapareció y ha quedado en su lugar la maltería de la multinacional AmBev, en el marco de un proceso que en mayor o menor grado ha afectado a los grandes establecimientos de aquel Paysandú industrial que fue nuestro legítimo orgullo, en un contexto global muy diferente al actual y con nuestro país plegado a las políticas proteccionistas entonces en boga, en muchos casos a través de subsidios que alentaron las inversiones de los capitales que crearon fuentes de trabajo en nuestro medio.
Hoy la realidad nos presenta un escenario muy diferente, y nuestro departamento se encuentra entre los que presentan mayor índice de desempleo a nivel nacional, con altibajos coyunturales por una u otra razón, pero siempre dentro de la misma tónica de reducción de la oferta laboral, porque el impacto del cierre gradual de las fábricas, de los miles de puestos de trabajo que generaban, no ha podido ser suplido por otras actividades y menos aún con oferta de empleos de calidad.
Es decir, la reconversión no ha sido fácil, porque aquellas políticas de la década de 1940 en adelante, que generaron condiciones para la radicación de capitales en Paysandú, cerca de los centros de producción de materia prima, resultaron sostenibles mientras se aplicaban en el país políticas proteccionistas, con fuertes subsidios directos e indirectos, pero también porque Uruguay era más competitivo a nivel global, donde los países orientales como China, Tailandia o Singapur no pesaban en el comercio mundial.
Pero con el paso del tiempo, nuestro país debió abrirse al mundo ante una situación insostenible por los cambios globales, y muchas de estas empresas fueron desapareciendo como consecuencia de la realidad. Y en el contexto general, Paysandú fue uno de los más afectados, sufriendo duros golpes con la pérdida de emprendimientos que significaron miles de puestos de trabajo, lo que incluso se vio agravado luego con la entrada en vigencia del Mercosur.
Una premisa que debió haberse aprendido --esperamos que sí, pero otra cosa es poder traducirlo en hechos, ante el escaso margen de maniobra que se da en nuestra economía-- es que no es posible crear fuentes de trabajo si no se generan atractivos para los inversores, a los que hay que ofrecerles condiciones para que vengan con su capital a dar trabajo mediante emprendimientos viables. Estas condiciones favorables deben formularse a través de medidas de estímulo desde el gobierno nacional, respetando las consecuentes normas y controles medioambientales, pero asimismo con una cuota parte significativa de los gobiernos departamentales.
El punto fue expuesto también en el encuentro reciente con el ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, con el intendente Nicolás Olivera y ejecutivos regionales de AmBev, para analizar las implicancias de la paralización de la actividad de la empresa hasta el próximo 30 de junio y la posibilidad de reemprender normalmente sus actividades.
Una posibilidad que expuso el intendente Olivera, al señalar la buena disposición de las autoridades del área económica para encontrar respuestas, refiere a que las autoridades se comprometieron a analizar la posibilidad de aumentar los reintegros a las exportaciones, que son del 3 por ciento, para llevarlas a un 6 por ciento, como reclaman los empresarios, en tanto el 8 del corriente el intendente se reunirá con el presidente de la República, Yamandú Orsi, en encuentro en el que este tema y el de las industrias sanduceras en general estará en el eje de las conversaciones.
Igualmente, no puede soslayarse que para los sanduceros, como así también como para el Interior más lejano de Montevideo, se conjugan en las soluciones de fondo conceptos como competitividad y productividad, que están relacionados, pero en lo que respecta a la geografía y realidad socioeconómica, hay que asociarlo con logística y sobrecostos de la lejanía con Montevideo, que agravan la condición de país caro del Uruguay.
Y por lo menos en esta coyuntura y en el mediano plazo, sin tener en cuenta lo que puede pasar en el escenario global con conflictos bélicos focalizados y otros factores distorsionantes que pueden aparecer en el concierto internacional, es de esperar que dentro de un margen de maniobra muy acotado y condicionantes estructurales muy rígidas y difíciles de modificar, surjan del área de Economía e Industria respuestas a tono con un desafío que apunta en primer lugar a preservar lo que ya tenemos y que está en riesgo.
Pero en el futuro inmediato tenemos por ejemplo en proceso el proyecto de HIF Global, de la planta de e-combustibles al norte de Paysandú, la inversión más grande de la historia que tendría el país, y cuya viabilidad está centrada actualmente en lograr un acuerdo de precio de venta de la energía de UTE para este emprendimiento. Es de esperar que estas negociaciones tengan el resultado positivo que todos esperamos, como espaldarazo para Paysandú y la región, y que sería un acontecimiento descollante, para dar la pauta de un principio de cambio de pisada que tanto necesitamos por estos lares.
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