Escribe: lic. Ps. Yasmín Buono Distimia: la tristeza que está presente

No siempre cuando hablamos de depresión comienza de golpe o irrumpe como una crisis que se vuelve visible o clara al principio.

A veces existe una tristeza que se instala en silencio, como si fuera un tono de fondo que acompaña todos los días. En clínica se nombra como distimia.

Una forma de estar

La distimia no es una tristeza intensa y episódica, sino una vivencia sostenida de bajo estado de ánimo, con energía disminuída, donde aparece menor capacidad de disfrute y una sensación de falta de sentido. La persona sigue funcionando, pero sin vitalidad.

El autor Aaron Beck, nos plantea la diferencia entre lo que ocurre en la vida y la manera en que cada persona tiene de interpretarlo. La misma situación, al ser observada por personas diferentes tiene un significado diferente.

En la distimia con el tiempo, se consolida la tríada cognitiva donde está involucrado el yo, el mundo y el futuro. Esos tres elementos son leídos como experiencias negativas y si esa lectura deja de ser cuestionada, se vuelve natural.

Por eso es importante reconocer el estado, y en caso que sea necesario, recurrir a ayuda profesional.

“Hago todo lo que tengo que hacer pero nada me alcanza”

Les planteo un caso que se suele escuchar en consulta. Una mujer de 34 años, trabaja y comenta: “no estoy mal pero tampoco me siento bien”. No reconoce un evento puntual que explique su estado. Cumple, trabaja todos los días, sostiene sus vínculos, sin embargo expresa a sus días como “planos, como si no tuviera emociones”.

En la indagación de su historia aparecen elementos que resuenan con la teoría de Winnicott, es decir una adaptación excesiva al ambiente; podría ser una infancia donde portarse bien era más importante que sentir. La persona aprendió a no incomodar, a no pedir, a no esperar demasiado porque podría traer consecuencias indeseadas.

Con los años, esa adaptación se transformó en un estilo: baja expectativa, escaso registro emocional y una autoexigencia que aparece silenciosa.

Lo que puede aparecer como falta de motivación tiene: una historia vivida, un para qué fue vivido y un por qué fue vivido y aún se experimenta.

Cuando la ilusión no aparece tan visible

En la distimia, las personas podrían no recordar una pérdida definida sino una acumulación de pequeñas decepciones a veces imperceptibles.

Como si por momentos el individuo expresara “no vale la pena entusiasmarme”.
Esa frase no surge de la nada, podría ser el resultado de experiencias repetidas donde lo esperado no se cumplía y no era sostenido en el tiempo.

“Tenés que ponerle ganas”

Esto es bastante común de escuchar cuando las personas comentan cierta tristeza o bajo estado de ánimo, pero cuando una persona aprende que su acción no cambia mucho, el resultado puede desarrollar lo que se denomina indefensión aprendida: dejar de intentar, no por elección sino por la influencia de la propia historia. En terapia se ayuda a comprender el sentido profundo de este estado.

La distimia no es una identidad que hace a la persona, es cierta organización de su sistema psíquico y puede transformarse, con el objetivo de que puedan emerger otros estados posibles.

Nombrar lo que sucede, comprenderlo y generar nuevas experiencias abre otros caminos posibles para recuperar el interés, la conexión o el movimiento.

No siempre se trata de “estar bien”, muchas veces el cambio es dejar de estar siempre igual.

(097352937)