El Ministerio de Sanidad de España dio a conocer el pasado 21 de abril un informe elaborado por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) en el que se concluye, de manera categórica, que no existe evidencia científica que respalde la eficacia de la homeopatía como instrumento terapéutico en ninguna de las patologías analizadas. El documento, titulado Homeopatía y productos homeopáticos: Evaluación de las evidencias acerca de su eficacia y seguridad, es el resultado de una revisión sistemática de 64 compilaciones de literatura científica internacional publicadas desde 2009.
Según el informe, los estudios que atribuyen beneficios a los productos homeopáticos presentan, de manera generalizada, serias deficiencias metodológicas: muestras reducidas, períodos de seguimiento cortos y sesgos en la aleatorización. A medida que aumenta el rigor de los ensayos clínicos, los efectos positivos atribuidos a la homeopatía disminuyen hasta desaparecer por completo, equiparando su eficacia a la del placebo.
Desde el plano científico, la AEMPS subraya que los principios en que se fundamenta la homeopatía son incompatibles con el conocimiento actual en física, química y farmacología. En las diluciones habituales –como la 12 CH, que consiste en mezclar una parte de la sustancia original con cien partes de disolvente en doce etapas consecutivas– es matemáticamente imposible que permanezca una sola molécula del ingrediente activo. El informe ilustra esta realidad con una imagen contundente: una dilución de solo 6 CH equivaldría a disolver un sobre de azúcar en toda el agua del mar Mediterráneo.
El documento también rechaza la denominada teoría de la memoria del agua –postulado que sostiene que el disolvente conservaría las propiedades de una sustancia ya ausente– por carecer de base empírica y contradecir el pensamiento científico vigente.
Sin registro terapéutico: la situación regulatoria en España
En el plano normativo, la AEMPS informó que, tras un proceso de regularización conforme a la legislación europea y española, en la actualidad no existe en ese país ningún producto homeopático autorizado con indicación terapéutica. Los 976 preparados que permanecen registrados lo hacen bajo un procedimiento simplificado, aplicado a productos cuyas diluciones extremas garantizan su inocuidad, pero que no exige la demostración de eficacia y prohíbe expresamente incluir indicaciones médicas en el etiquetado.
Una tendencia global
La postura española se inscribe en una corriente internacional de revisión crítica de la homeopatía. El Reino Unido recomendó detener la financiación pública y exigir advertencias en el etiquetado sobre la ausencia de eficacia. Australia determinó que la homeopatía no debe utilizarse para tratar enfermedades crónicas o graves. Francia eliminó el reembolso público de estos productos en 2021. Alemania, por su parte, tiene previsto aprobar en el curso de 2026 la supresión definitiva de su cobertura por el seguro médico legal. En Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) los clasifica como medicamentos no aprobados y la Comisión Federal de Comercio exige advertir que carecen de base científica.
El principal riesgo: el abandono de tratamientos efectivos
Si bien el informe reconoce que se han notificado reacciones adversas graves vinculadas a algunos preparados homeopáticos –incluyendo casos de intoxicación por mala dosificación– la AEMPS señala que el riesgo más significativo es otro: el abandono o postergación de tratamientos médicos con eficacia demostrada. Quienes recurren a la homeopatía para tratar dolencias graves o crónicas pueden ver comprometida su salud al sustituir terapias basadas en evidencia por productos que carecen de ella.
La conclusión del Ministerio de Sanidad español es inequívoca: “La homeopatía no puede considerarse una alternativa terapéutica válida, y su uso no debe llevar al retraso ni al abandono de tratamientos médicos que sí han demostrado ser eficaces”. El organismo reafirma así su compromiso con una medicina basada en la evidencia científica y con la información transparente como herramienta para que la ciudadanía tome decisiones seguras sobre su salud.



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