Los empleos menos vulnerables a ser sustituidos por la Inteligencia Artificial

Las transformaciones económicas, tecnológicas y sociales que se han venido dando a nivel global se han intensificado de manera sostenida en las últimas décadas, y constituyen un fenómeno con implicancias tanto positivas como negativas. Un aspecto positivo es que ha contribuido a una relativa homogeneización en el acceso a la información y al conocimiento escala global.

En este contexto, incluso países con limitaciones estructurales, como Uruguay, participan de manera cada vez más directa en dinámicas internacionales que inciden en sus mercados laborales.
En particular, el mundo del trabajo atraviesa un proceso de reconfiguración caracterizado por la disminución de empleos en sectores industriales y productivos tradicionales. Entre los factores explicativos se destacan los elevados costos de la mano de obra en economías relativamente pequeñas y abiertas, así como la insuficiente adaptación a los cambios tecnológicos.

En los últimos años, se ha incorporado un factor revulsivo desde el punto de vista de la tecnología aplicada al mundo del trabajo, que es nada menos que la denominada Inteligencia Artificial (IA), la que emerge como un elemento central e ineludible. Su implementación responde, en gran medida, a la búsqueda de eficiencia y optimización en el mundo empresarial, pero a su vez tiene implicancias directas en la mano de obra, y se transforma en un impacto ambivalente: si bien constituye una herramienta de alto potencial para la generación de valor, también plantea desafíos significativos en términos de desplazamiento laboral y transformación de competencias. Asimismo, su uso inapropiado puede derivar en prácticas que debilitan los procesos de formación y adquisición de conocimientos.

Hay quienes sostienen que la irrupción de la IA está redefiniendo el concepto de empleo a nivel global, y señalan que la velocidad con la que esta tecnología puede sustituir tareas humanas podría superar, al menos en el corto plazo, la capacidad de generación de nuevas oportunidades laborales asociadas.
Por lo tanto se estaría generando un desfasaje que genera presiones económicas y sociales, afectando tanto a trabajadores en actividad como a aquellos que buscan reinsertarse en el mercado, así como a los nuevos que ingresan al sistema laboral.

Si bien este tipo de distorsiones no resulta inédito en la historia –caso de la Revolución Industrial o la posterior automatización de la producción– la extensión y velocidad del cambio conllevan un nivel de incertidumbre, pese a que a largo plazo, los avances tecnológicos tienden a generar nuevas formas de empleo.

El mayor problema, desde el punto de vista objetivo, es la magnitud del impacto inmediato y las dificultades de adaptación que enfrentan determinados sectores, sobre todo los directamente amenazados por el uso de la IA, que son por lo general los denominados empleos de cuello blanco, y que además son los mejor remunerados en una escala global. Así, en economías desarrolladas, como Estados Unidos, se observa un incremento significativo en los recortes de empleo, en parte vinculados a la adopción de tecnologías avanzadas. El punto central es que las proyecciones indican que una proporción considerable de tareas actualmente desempeñadas por trabajadores podría ser automatizada en las próximas décadas. Este proceso afecta de manera particular a los empleos de nivel inicial, cuyas funciones –frecuentemente intensivas en tareas rutinarias o de procesamiento de información– son más susceptibles de ser replicadas por sistemas de IA. En consecuencia, tanto los trabajadores desplazados como los jóvenes graduados constituyen grupos especialmente vulnerables en esta transición, aunque diversos análisis económicos sostienen que el impacto negativo sobre el empleo podría ser, en parte, transitorio.

Así, una proporción significativa de las ocupaciones actuales no existía en períodos anteriores, lo que evidencia la capacidad de los sistemas productivos para generar nuevas oportunidades a partir de la innovación.

Aún así, la magnitud y velocidad del cambio actual plantean interrogantes respecto a la capacidad de absorción del mercado laboral en el corto y mediano plazo.

Además, la historia demuestra que los economistas e investigadores no siempre han acertado a la hora de predecir los efectos de las nuevas tecnologías en el trabajo, e incluso los investigadores que realizan estudios sobre la IA en el ámbito laboral advierten que sus estimaciones son útiles, pero falibles.

Un análisis de la Universidad de Stanford concluyó que es probable que la IA esté provocando la pérdida de empleos entre los jóvenes en ocupaciones como el desarrollo de software y el servicio al cliente, donde la adopción de la IA ha sido más rápida. Pero numerosos análisis, a veces contradictorios, evidencian la enorme brecha en lo poco que se sabe sobre cómo la IA está transformando el trabajo y la comprensible ansia de certeza en este análisis de cara al futuro.

No puede soslayarse, empero, que estimaciones bien fundadas indican que las habilidades utilizadas en programación informática, marketing, análisis financiero y atención al cliente refieren en gran medida a las capacidades de la IA, por lo que, en teoría, los trabajadores podrían ser reemplazados más fácilmente por máquinas.

Los investigadores han considerado asimismo que las secretarias figuraban entre los millones de trabajadores, en su mayoría administrativos y de oficina, considerados altamente expuestos a la IA y con la menor capacidad de adaptación estimada.

Asimismo, las mujeres representan aproximadamente el 86 por ciento de los trabajadores más vulnerables, lo que sugiere que los efectos negativos de la automatización no se repartirán por igual en toda la sociedad.

Queda asimismo por definir la influencia en sectores como los trabajos de habilidad y esfuerzo manual, y es notorio, según los investigadores, que si bien los empleos manuales no están totalmente a salvo de la Inteligencia Artificial, muchos oficios manuales especializados presentan una alta resistencia a la automatización en comparación con los trabajos de oficina, según indican las tendencias en 2026, y aunque la IA generativa afecta más al trabajo de escritorio, la robótica avanzada y la IA están comenzando a impactar en tareas físicas rutinarias en grandes empresas.

Pero sin dudas los trabajos que requieren adaptabilidad en entornos no estructurados y destreza física fina son los más difíciles de reemplazar por la IA, y pueden mencionarse en esta categoría oficios calificados como sanitarios, electricistas, mecánicos –sobre todo de maquinaria compleja– y carpinteros, entre muchos otros. También enfermeros, fisioterapeutas y cuidadores, artesanos de todo tipo, peluqueros, chefs, en tanto sí las tareas manuales rutinarias, repetitivas y en entornos estructurados son las más vulnerables.

En resumen, en el marco de un panorama de incertidumbre sobre los efectos de la IA en el mundo del trabajo, todo indica que en los próximos años habrá transformaciones, que serán más notorias inicialmente en el mundo desarrollado, donde la tecnología de este tipo tiene más campo para desarrollarse en lo inmediato, pero que tendrán consecuencia desiguales según el país y el sector de que se trate. La evidencia actual, siempre relativa, sugiere un escenario de transición complejo, por lo que la adaptación oportuna y estratégica se presenta como una condición necesaria para mitigar los efectos adversos y capitalizar las oportunidades emergentes en el futuro del trabajo, dentro de las posibilidades de cada país y sector, como reflexión ineludible.

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