Picudo rojo avanza en Entre Ríos y Paysandú refuerza la vigilancia porque “está muy cerca”

La extensión de la emergencia fitosanitaria por picudo rojo de las palmeras a toda la provincia argentina de Entre Ríos vuelve a poner la atención sobre Paysandú, donde hasta el momento no se ha confirmado la presencia de la plaga, aunque su avance hacia el norte y la aparición de focos en la costa del río Uruguay aumentan la preocupación.
“Está cada vez más cerca, cada vez más cerca”, afirmó a EL TELEGRAFO Natalia Teyza, directora de la Unidad Rural de la Intendencia de Paysandú, quien explicó que el departamento mantiene trampas de monitoreo y contacto permanente con la red de vigilancia fitosanitaria del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca.

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria de Argentina, Senasa, oficializó en la víspera la ampliación de la emergencia fitosanitaria por el Picudo Rojo de las Palmeras (Rhynchophorus ferrugineus) a todo Entre Ríos, después de comprobarse la presencia de ejemplares adultos y juveniles en territorio continental. La disposición tendrá vigencia hasta el 30 de junio de 2028 y establece el fortalecimiento de las tareas de prevención, vigilancia, control y erradicación.
La detección se produjo inicialmente en inmediaciones de Colonia Elías, en el departamento Uruguay, pero la decisión de abarcar toda la provincia generó especial atención en localidades de la costa, entre ellas Colón y Concordia, donde las palmeras tienen además una importante presencia en el paisaje urbano y turístico.

SIN DETECCIONES EN PAYSANDÚ

Pese a la proximidad geográfica, Teyza remarcó que por el momento no existe confirmación de picudo rojo en Paysandú. No obstante, señaló que la evolución observada a uno y otro lado del río obliga a seguir el fenómeno con atención. “El picudo se mueve en ambos lados del río de manera similar”, expresó, al referirse al avance que también se ha registrado en territorio uruguayo hacia zonas más próximas al departamento.

Una particularidad del insecto es que no depende exclusivamente de su capacidad de vuelo para extenderse. Teyza explicó que “tiene un alcance de 7 kilómetros para moverse”, pero remarcó que el principal riesgo de dispersión está vinculado al traslado de materiales.

“El transporte es fundamental. Esos insectos se trasladan así, o sea, no vuelan miles de kilómetros, sino que se transportan en material vegetal”, afirmó. Camiones, vehículos, embarcaciones o incluso plantas pueden facilitar una expansión mucho mayor que la que lograría el insecto por sí solo.

TRAMPAS EN DISTINTOS PUNTOS DEL DEPARTAMENTO

Paysandú ya integra la red nacional de vigilancia y cuenta con dispositivos distribuidos en varios lugares. “Tenemos trampas en todo el departamento. Yo misma transporté algunas a Guichón, Quebracho, después en Paysandú”, explicó Teyza.
También se realizan seguimientos en otros puntos. En los ejemplares de palmas ubicados en Nuevo Paysandú existen trampas instaladas en el marco de un proyecto desarrollado por estudiantes de la carrera vinculada al área forestal de UTEC, mientras que otros dispositivos se ubican en la Facultad de Agronomía. En Quebracho existe además comunicación con técnicos relacionados con Montes del Plata que realizan monitoreos propios. Hasta ahora, ninguno de estos controles ha confirmado la presencia del picudo rojo.

Las trampas consisten básicamente en recipientes colocados a nivel del suelo, con feromonas que atraen a los ejemplares adultos. “El picudo se siente atraído, camina a la trampa y cae. Y después no puede salir”, describió Teyza.
La utilidad de estos dispositivos está justamente en permitir una detección temprana, antes de que se produzca una expansión importante de un eventual foco.

EL DAÑO OCURRE DENTRO DE LA PALMERA

El ciclo del picudo rojo representa una dificultad adicional porque buena parte del daño ocurre en el interior de la palmera. El ejemplar adulto deposita huevos generalmente aprovechando heridas o cavidades y, posteriormente, las larvas comienzan a alimentarse de los tejidos. “La parte del ciclo que es la dañina es la larva, que es la que consume todo el tejido de la palmera. La larva es lo dañino”, explicó Teyza.
El problema es que cuando los síntomas externos resultan evidentes el deterioro puede encontrarse muy avanzado. “Cuando se ven los síntomas el ataque está muy avanzado, ya es tarde, ya la palmera no puede más, ya está llena de larvas”, indicó. Otro indicador puede ser un olor particular, “como a fermentado”, proveniente del interior del ejemplar afectado.

Por esta razón, la especialista reiteró que “lo principal es la detección y el aviso inmediato”. Una vez encontrada una situación sospechosa, explicó, corresponde “primero verificar que es el picudo, delimitar área, comunicar la red, controlar el foco principalmente” y reforzar el monitoreo en su entorno.
Cuando se confirma la presencia del insecto, la palmera afectada debe ser eliminada siguiendo un procedimiento sanitario específico establecido por el Ministerio, con especial cuidado en el manejo del material vegetal para impedir que la propia intervención provoque una nueva dispersión.

TRATAMIENTOS COSTOSOS

Existen además alternativas de tratamiento químico y biológico. Teyza señaló que en Colonia se trabaja con hongos entomopatógenos y que, de acuerdo con la información que recibió de técnicos de ese departamento, se ha alcanzado una eficacia del 82%.
“El tema del hongo es que es un proceso. No es que se aplicá el hongo ahora y ahora va a hacer efecto. El hongo tiene que instalarse, colonizar la palmera y después empieza a repeler al picudo”, explicó.
Sin embargo, el costo constituye una limitante importante para pensar en tratamientos preventivos masivos. Según Teyza, los presupuestos consultados se ubican en torno a los 100 dólares por palmera. Un elevado costo, considerando la cantidad total de ejemplares dispersos por el departamento.

ATENCIÓN ESPECIAL EN GUICHÓN Y QUEBRACHO

En ese escenario, Guichón y Quebracho aparecen como dos áreas especialmente sensibles por la cantidad y concentración de palmeras. El riesgo, explicó, es diferente al que existiría con ejemplares aislados. “Ahí hay un conjunto de palmeras todas juntas, o sea, donde se infecte un foco, rápidamente el foco se hace enorme”, advirtió. Ambas localidades tienen además una vinculación turística en la que las palmeras forman parte del paisaje, algo similar a lo que explica actualmente la preocupación existente en ciudades entrerrianas como Colón.

Teyza entiende que la proximidad de la plaga hace necesario avanzar también en la planificación de una eventual respuesta departamental. “Hay que hacer un plan institucional que determine qué hacer si llega”, reconoció. Mientras ese escenario no se concrete, la estrategia continuará basada fundamentalmente en el monitoreo y en la colaboración de la población. Ante cambios llamativos en una palmera, deterioro de su corona, perforaciones, presencia de larvas u otros síntomas sospechosos, la recomendación es comunicar la situación a la Dirección General de Servicios Agrícolas del Ministerio de Ganadería o a la propia Intendencia. “Lo principal es la detección y el aviso”, resumió Teyza.