La diversidad de la lana se manifiesta en un amplio rango de diámetros de fibra y también en otras características: largo, color, etcétera.
El diámetro de fibra se mide en micrómetros (micras, micrones), que equivale a 0.001 milímetros, y es el principal factor que determina qué productos textiles se pueden fabricar con cada tipo de lana y, en consecuencia, su valor.
El informe elaborado por Roberto Cardellino (Delta Consultores), y Raúl Richero (Richero y Asociados), sostiene que la producción mundial de lana, se ha estabilizado en los últimos tres años en el entorno de 1.100 millones de kilos base limpia. Ello significa una reducción marcada desde el año 1995 (-28%) en el cual la producción mundial de lana se estimaba en 1.520 millones de kilos base limpia.
La producción mundial incluye lanas con diferentes diámetros (micronajes), que abarcan desde lanas ultrafinas de menos de 15,5 micras, hasta lanas muy gruesas de más de 38 micras. Las categorías de lana se agrupan en: lanas finas de menos de 24,5 micras; lanas medias, entre 24,6 y 32,5 micras; y lanas gruesas con más de 32,5 micras.
En los últimos 30 años, las lanas finas de menos de 24,5 micras han sufrido la mayor reducción: de 980 millones de kilos a 380 millones de kilos, debido principalmente a una marcada reducción de la producción de lana merino en Australia.
En la actualidad el volumen producido a nivel mundial de lanas gruesas (de más de 32,5 micras), supera a la producción de lanas finas. Existen estimaciones generales (Poimena Analysis) sobre el uso final de la lana producida en el mundo, considerando las dos grandes categorías de utilización: en vestimenta, en uso para interiores (no vestimenta).
La lana producida a nivel mundial para uso en textiles de interiores supera en volumen a la lana utilizada en vestimenta. Las lanas Merino están incluidas en el total de lanas para vestimenta. La diferencia corresponde a lanas medias, entre 24,5 y 32,5 micras.
Australia es el principal productor de lanas Merino, con el 66% de la producción total mundial de este tipo de lanas, que se estima en 287 millones de kilos, base limpia.
USOS FINALES DE LA LANA
De forma esquemática, las etapas de transformación de la fibra de lana en un producto terminado (cadena textil lanera) se pueden representar de diversas formas.
La cadena de producción de textiles y vestimenta es el complejo industrial más antiguo del mundo. Una estructura que comienza con la producción de fibras textiles naturales y sintéticas e incluye todas las etapas de procesamiento y transformación, hasta convertirlas en productos terminados. Las fibras naturales son de origen animal o vegetal y han existido en la naturaleza mucho antes de que el hombre encontrara un uso para ellas.
Las fibras sintéticas hicieron su aparición a mediados del siglo XX y se obtienen por manipulación molecular y polimerización de compuestos derivados del petróleo. Existe también un tercer grupo de fibras, llamadas artificiales, que se obtienen por modificación química de la celulosa y que son una extensión de las fibras naturales.
Esta cadena de valor textil/vestimenta es totalmente global y en ella trabajan más de 70 millones de personas en países de todo el mundo. Durante los últimos 25 años, el centro de gravedad de este complejo industrial se ha desplazado fuera de los países desarrollados, hacia países en vías de desarrollo, debido a que la confección de prendas de vestir sigue siendo una etapa de mano de obra intensiva y los distribuidores globales de vestimenta se han movilizado en busca de menores costos.
Europa, Japón y Estados Unidos han perdido la mayoría de sus industrias textiles y se han convertido en dependientes de empresas mayoritariamente localizadas en Asia, para atender su consumo interno de textiles y vestimenta.
En este esquema global, la mayoría de los productos textiles de lana se fabrican en países diferentes a donde se encuentran los consumidores finales. La mayor parte del consumo final de textiles y vestimenta tiene lugar en los mercados más desarrollados, mercados donde los consumidores tienen ampliamente cubiertas sus necesidades básicas de vestimenta. Entonces, la motivación de compra del consumidor final no depende de una necesidad, sino principalmente de factores intangibles tales como el diseño, la estética y la moda.
Las grandes empresas de distribución han transmitido el mensaje de que estar a la moda “no es caro” y que los precios de la vestimenta están siempre a la baja.
Quién disponga de la tecnología adecuada para medir las actitudes y preferencias del consumidor final, en tiempo real, tendrá el poder necesario para dictar órdenes a todos los eslabones de la cadena de producción.


