Sebastián Cobas: Emprendedores seniors

Cuando hablamos de comenzar un nuevo emprendimiento, de buenas a primeras se nos viene a la mente la imagen de una persona transitando los veinte o los treinta, llena de energía, vitalidad e ideas innovadoras.
Pero el espíritu emprendedor no es propiedad exclusiva de los jóvenes, y buenos ejemplos hay de que la edad no es freno para el éxito.
Por citar algunos muy conocidos, el químico y farmacéutico John Pemberton comenzó su compañía Coca – Cola a los 55 años, mientras que el vendedor de aspiradoras Ray Kroc tenía 52 cuando decidió comprar un restaurante de comida rápida casi en bancarrota y transformarlo en lo que hoy es la cadena Mc Donalds.
Hoy, en varios países, la mayor tasa de emprendimiento de la última década se viene dando entre personas de 55 a 64 años.
En Uruguay, así como a nivel internacional, comenzó ya a tomar fuerza el concepto de economía plateada, refiriéndose a las oportunidades de negocios que derivan de las personas mayores de 50 años.
A estas edades, son varias las ventajas con las que nos encontramos: hemos aprendido de los errores a lo largo de la vida, tenemos mayor experiencia en el campo laboral, poseemos una perspectiva más amplia, es posible que nos hayamos rodeado de buenos y variados contactos, y contamos con mayor calma y serenidad. Todas estas cualidades pueden llevarnos a tomar mejores decisiones.
Pero ¿por qué lanzarse a un nuevo emprendimiento a la edad en que la mayoría de la gente está retirándose? Las respuestas a esta pregunta son variadas. Hay quienes sienten que aún tienen mucho para dar, hay otros que no se llevan bien con el ocio y necesitan mantenerse activos para sentirse vivos, hay quienes lo hacen porque tienen una “materia pendiente”, algo a lo cual querían dedicarse y no se había dado la oportunidad, a otros es a esta edad que les llega una gran idea de negocio que no quieren pasarla por alto, y por supuesto están aquellos que necesitan una entrada económica más allá de la que la jubilación podría significar.
Por supuesto que comenzar un nuevo proyecto conlleva esfuerzo, persistencia, un buen puñado de ideas y claro está, en la mayoría de los casos, dinero para invertir. No todas las historias tienen finales felices, pero las hay y muchas.
Y más allá del resultado a nivel de ganancias económicas que este emprendimiento pueda tener, el tan solo intentarlo trae consigo grandes beneficios para nuestra calidad de vida.
Al imaginar, planificar, agendar, programar y llevar adelante tareas, ponemos a trabajar gran parte de nuestros procesos cognitivos, estimulando así nuestro cerebro.
El contactarnos con diferentes personas, sean proveedores, socios, colaboradores, empleados o clientes mantiene nuestra vida social activa.
Si nuestro emprendimiento conlleva tareas físicas, esto también acarreará grandes beneficios para nuestro cuerpo, manteniéndonos tonificados y flexibles por más tiempo.
Mantenernos activos mejora nuestra autopercepción, lo cual repercute directamente en nuestro estado de ánimo.

Pero ¿por dónde empezar?

Si no tenemos ninguna experiencia sobre cómo realizar un proyecto de negocio, podemos leer sobre esto; Internet siempre será una buena fuente de información para entender cómo podemos analizar las posibilidades de éxito de nuestra idea, pero también podemos recurrir a informarnos mediante personas que estén moviéndose en un rubro similar o que cuenten con experiencia en emprendedurismo. Esto es una buena oportunidad para colaborar con otras generaciones y aprender mutuamente.
Además, en Uruguay hay múltiples asociaciones y organizaciones a las que podemos acudir y presentar nuestra idea en busca de una ayuda financiera o simplemente en busca de información y consejo.
Ejemplos de esto son la ANII (Agencia Nacional de Investigación e Innovación), Endeavor o Xeniors.
Entonces, si usted tiene una buena idea y poco interés en quedarse quieto, no debería prestar atención a cuantos años marca el calendario, sino a cuantas ganas tiene de aventurarse en algo nuevo, que al fin y al cabo, también de eso se trata vivir.