Visiones sobre el futuro

En un evento organizado por la Confederación de Cámaras Empresariales, el ministro de Industria, Energía y Minería, Omar Paganini, efectuó una presentación sobre el cambio tecnológico y el impacto esperado en el futuro laboral. Estas manifestaciones del secretario de Estado nos ofrecen una oportunidad de tener un acercamiento a cómo está analizando el gobierno actual este tema y qué acciones se están tomando para adaptar al país y a la fuerza laboral al nuevo escenario.

Expuso Paganini que estos cambios, lejos de constituir un peligro para el mercado laboral, abren oportunidades y mejoras de productividad, y que para aprovecharlas se “vuelven imprescindibles las habilidades humanas básicas y la creatividad”. Aseguró que Uruguay está aprovechando las nuevas tecnologías, incluso en sectores de actividad más tradicionales, como la agroindustria, y se está adaptando muy bien a estos cambios. El ministro valoró que esta transformación tecnológica ha creado “nuevas formas de generar riquezas, de satisfacer necesidades de la población, de hacer negocios, de generar valor y también cambios en los empleos”, y lo encuadró en una serie de grandes revoluciones tecnológicas que la humanidad ha visto desde la Antigüedad. Todas ellas, dijo, “han generado un aumento mucho mayor de la productividad, más acceso a bienes y servicios, nuevos negocios, nuevas oportunidades, mejor comunicación entre personas, más acceso a la información, más gente en el mercado de consumo y más gente en el mercado laboral”, y expresó que, en contrapartida, se han producido cambios en los que se registran riesgos y oportunidades, que no siempre se esperan, pero no los terribles problemas sociales que algunos anuncian.

Paganini destacó el importante acceso a la tecnología y a la conectividad de nuestro país –que por ejemplo viene de poner en marcha en los últimos días la red de telefonía 5G– y, fruto de ello, remarcó que muchos uruguayos están aprovechando estas oportunidades para desarrollar emprendimientos que pueden tener alcance global, por lo cual se pronunció como “optimista” frente a los cambios. “Uruguay está creciendo fuertemente en la exportación de servicios no tradicionales, servicios que son posibles gracias a la tecnología”, generadores de “divisas que llegan al país por gente que produce software, servicios de arquitectura, de ingeniería, servicios de soporte al cliente”, entre otras actividades. Por más que reconoció que se genera incertidumbre y una visión errónea de la tecnología como una amenaza, como algo “peligroso”.

Pero claro, estos cambios requieren una adaptación por parte de las personas y en su mensaje el ministro lo asume de esta manera. “Eso pone en cuestión la relación con el trabajo de las personas, de los proyectos de vida individuales para obtener un bienestar a lo largo de una trayectoria que va a ser cambiante, y también pone en cuestión la formación y la educación”, admitió. “Ahora hay que tener capacidades que vayan más allá de los cambios que van a venir. Las principales son las más básicas: saber pensar. Pensamiento crítico, capacidades matemáticas, capacidades del lenguaje, pero sobre todo la capacidad de manejarse con las personas, interactuar, liderar equipos, adaptarse a organizaciones flexibles y manejarse a nivel global, porque el mundo es ya uno solo.

Ahí aparecen las lenguas, la apertura mental a culturas distintas y fundamentalmente aprender a aprender”, describió. Además sumó a la lista a la creatividad, “porque si de algo estamos seguros es que todavía lo que las máquinas no han remplazado bien es la capacidad de tener ideas nuevas, de ser creativos, de ser originales”. Paganini también ponderó otros esfuerzos que ha hecho el país en materia tecnológica, como el Plan Ceibal, y aunque además reconoce el ministro que es necesario hacer un esfuerzo adicional por “incorporar a todo el mundo a este cambio” y “adaptar la formación de esta gente a estas nuevas habilidades que permanecen a lo largo de nuestra vida”, considera que hasta ahora no se están viendo los efectos negativos sobre los que hablan los que definió como “mitos” respecto a la tecnología y el impacto en el empleo. “Tenemos un nivel de desempleo en mínimos históricos, tenemos un nivel de actividad bastante similar, tenemos lugares como por ejemplo del interior del país y en la producción agropecuaria que ha tenido una revolución tecnológica brutal en los últimos 25 años. Basta ver lo que era ser un monteador en la forestación en Uruguay en el año 2000 y lo que es ser hoy un trabajador de la industria forestal, manejando un aparato que cosecha con un joystick, para darnos cuenta que ha habido muchos cambios y no ha habido una catástrofe de empleo. Y la gente que maneja ese joystick no tiene un PhD en el MIT, la gente que cosecha automáticamente en la forestación es el que antes iba a ser monteador o es su hijo”, graficó.

Lo que está pasando, dijo Paganini, es que “las empresas están cambiando y el concepto de puesto de trabajo, de estructura, de plantilla y de que determinados cargos duran muchos años, eso sí cambia. La firma cambia como concepto, porque se vuelven difusos los bordes por la tecnología”, y en función de esto, señaló que “el rol del Estado deberá enfocarse en potenciar y desarrollar las habilidades de los trabajadores, a través de procesos de upskilling y reskilling, que consiste en potenciar habilidades existentes o adquirir nuevas para cambiar o adaptarse a los cambios en el mercado laboral”, valorado en tal sentido el trabajo de un instituto como el Inefop.
No está mal la visión que plantea Paganini, al menos desde los grandes números. Lo que se le puede, en todo caso, señalar es que es por lo menos incompleta. Falta en su análisis incorporar la reciente reforma de la seguridad social, que, más allá de ser justificada y necesaria y de la valentía de este gobierno al asumir sus costos, va a tener como efecto la extensión de la vida laboral de las personas. Y cuando a los números se les pone rostro, no todos los trabajadores, y en especial los más “grandes”, estarán en condiciones de participar exitosamente en estos upskilling y reskilling.

Habrá seguramente quienes queden expuestos al triple desafío que se avecina, porque no debemos olvidar tampoco que el mercado laboral tiene predilección por contratar trabajadores jóvenes.
Resulta una interesante visión complementaria a la de Paganini la que al respecto planteó el ministro de Trabajo, Pablo Mieres, quien en un reciente análisis de situación sobre el mismo tema agregó que “toda transformación implica que muchos trabajadores sufran la eventual desactualización de sus competencias y habilidades”. Frente a esto, dijo, es importante que “tanto las empresas como el Estado construyan las redes de sostén social y capacitación para que aquellos trabajadores que quedan por el camino –generalmente los más vulnerables– puedan insertarse. “La clave es que concluyamos de manera oportuna y adecuada los caminos de reestructuración, para que la mayor cantidad de ciudadanos pueda seguir el ritmo de un nuevo mundo, cada día más desafiante y exigente”.