Ya y todavía

En nuestra ciudad cinco veces Heroica, subsiste un desequilibrio entre los “Ya” y los “Todavía”, aunque parece que la balanza se está inclinando a favor de los ya.
Ya Paysandú está volviendo a ser la pujante ciudad que un día fue, va evolucionando, pero, todavía existen aspectos en los cuales no se alcanzó el punto justo.
Aumentan las construcciones de edificios y barrios cooperativos, tenemos jóvenes que están demostrando su genialidad y su creatividad para buscar soluciones habitacionales. Pero… todavía existen las viviendas –si así se les puede llamar– de lata y madera, remedos de casas, habitadas por un gran número de personas.
Ya muchas, muchas personas tienen un buen pasar, usufructúan todas las nuevas tecnologías; pero, todavía sobreviven muchos otros que pasan un sinnúmero de peripecias para poder seguir, gente que no tiene trabajo, o que lo ha perdido, algunos justamente a causa de las nuevas tecnologías, donde el ser humano es sustituido por una máquina. Todavía subsisten la abundancia material de muchos y la pobreza, o la indigencia de otros. Pero una noticia alentadora es que ya muchos privilegiados de la fortuna son solidarios y que ser pobre materialmente no siempre significa ser pobre espiritualmente.

Ya hay muchos que se mantienen firmes en sus buenas creencias, aunque todo se les venga abajo y todavía queda mucha gente que usa las oraciones como un negocio, y si las cosas no salen como quisieran, entonces dejan de creer, personas que tienen un concepto equivocado de qué cosa significa la fe.
Ya tenemos en la ciudad muchos jóvenes que se preparan para su futuro, que estudian o trabajan: pero todavía quedan muchos a quienes no les interesa el estudio ni el trabajo, que viven en un ambiente que no los favorece y no los ayuda. Ya muchos salen de la ignorancia, pero todavía hay muchos que viven en la oscuridad que significa la falta de educación.
Ya estamos avanzando en los proyectos sobre el medio ambiente; pero todavía subsisten lacras, por ejemplo los chicles pegados en calles y veredas, que no son nada fáciles de sacar, los graffitis con feas palabras, los vándalos que destruyen bancos, rompen árboles y lo peor de todo, gente durmiendo en la calle, otros revolviendo las volquetas esperando encontrar algo para comer o para comercializar; en fin, tratando de subsistir.

Cuando miramos el enorme edificio, recién construido, que nos maravilla con sus luces, muchos no podemos hacer menos que pensar en los desheredados –sea cual sea su causa–, en el gigantesco contraste entre un ya y un todavía.
Ya tenemos una hermosa costanera, construcciones, paseos, juegos, estatuas, nuevos arbolitos nativos, un hermoso paterno río. Pero todavía no está resuelto el tema de los desechos cloacales e industriales que se vierten en el río, sin un tratamiento adecuado.

Ya tenemos un hermosísimo teatro Florencio, restaurado y con ventilación y calefacción adecuadas. Aquí creo que no hay todavía: ya no sudaremos la gota gorda en los veranos, ni sufriremos crueles fríos en invierno.
Ya tenemos un hermoso puente internacional, construido hace muchos años con la intención de integrarnos con Argentina. Pero todavía no se ha cumplido ese sueño. Sólo hay alguna integración en la cultura, pero todavía no en cuanto a la economía. Todavía muchos comerciantes están sufriendo una crisis a consecuencia de las diferencias económicas.
Ya aparecen nuevas empresas, casi todas con alta tecnología, pero todavía seguimos con problemas en las pocas fábricas que nos quedan.

Si nos ponemos a recorrer la ciudad, veremos que hay muchas obras nuevas, muy importantes, que ya son una realidad: pero todavía subsisten realidades muy duras, en algunos lugares. Ya existen muchas personas que usan la tecnología en buen sentido, para aprender y comunicarse. Pero todavía quedan muchos que se focalizan en el chisme, los insultos, las noticias equivocadas o falsas y creen absolutamente todo, porque no han desarrollado el sentido crítico.
Ya está en marcha el proyecto del Vertedero municipal, ya se ven los espacios liberados de basura; pero todavía vemos algunos carros con caballos maltratados, obligados a soportar cargas demasiado pesadas.
Ya se han instalado radares para controlar el tránsito; pero todavía queda mucha gente sin educación vial, que comete imprudencias como manejar hablando por celular, o ir demasiado velozmente, sin preocuparse de las posibles nefastas consecuencias.

Ya ha mejorado notablemente la atención a los enfermos en los centros de salud; pero todavía falta solucionar el tema de las esperas y el de la atención necesaria y la contención a los enfermos mentales y drogadictos.
Ya existe Remar, pero todavía no las necesarias instalaciones y los profesionales para atenderlos a todos como se debería.
Ya hace unos cuantos años que estamos en democracia, pero todavía subsisten grietas, odios y rencores. Es necesario más que nunca, tender puentes de paz y concordia.
Pero todavía tenemos esperanzas por un Paysandú mejor, donde todos nos sintamos orgullosos de ser sanduceros y pongamos nuestro granito de arena para seguir avanzando en unión, en libertad y paz. Que Paysandú sea un “lugar para quedarse”. La tía Nilda