Un nuevo informe de la OIT, dado a conocer la semana pasada, evalúa el impacto de la inteligencia artificial generativa en la cantidad y calidad de los empleos y ha concluido que es “más probable que la Inteligencia Artificial Generativa (IA) aumente los puestos de trabajo que los destruya”, dado que se automatizarían algunas tareas, en lugar de asumirlas por completo.
El estudio en cuestión se titula Generative AI and Jobs: A global analysis of potential effects on job quantity and quality, y sugiere que la mayoría de los empleos e industrias están “sólo parcialmente expuestos a la automatización” y es más probable que sean complementados en vez de sustituidos por la última ola de IA Generativa, que incluye herramientas como el chatGPT. En función de esto estima que “es probable que el mayor impacto de esta tecnología no sea la destrucción de empleo, sino más bien los cambios potenciales en la calidad de los puestos de trabajo, en particular la intensidad del trabajo y la autonomía”.
Puntualiza que el trabajo administrativo es “la categoría con mayor exposición tecnológica, con casi una cuarta parte de las tareas consideradas altamente expuestas y más de la mitad de las tareas con una exposición de nivel medio”. Mientras tanto, en otros grupos profesionales, “como los directivos, los profesionales y los técnicos”, sólo una pequeña parte de las tareas se consideraba muy expuesta, mientras que aproximadamente una cuarta parte tenía un nivel de exposición medio.
Si bien este estudio tiene alcance mundial, particulariza sobre las situaciones de los diferentes países en función de su grado de desarrollo, documentando “notables diferencias en los efectos vinculados a las estructuras económicas actuales y a las brechas tecnológicas existentes”. Así plantea que “el 5,5% del empleo total en los países de renta alta está potencialmente expuesto a los efectos automatizadores de la tecnología”, mientras que en los países de renta baja “el riesgo de automatización sólo afecta a un 0,4% del empleo”.
Pero el informe plantea que existe un potencial de incremento del empleo, algo que escapa a la lógica de reemplazo de tareas sobre la que se recibió desde el primer momento a la inteligencia artificial. Este potencial de aumento es, de acuerdo con el estudio, “casi igual en todos los países”, por lo que sugiere que “con las políticas adecuadas, esta nueva ola de transformación tecnológica podría ofrecer importantes beneficios a los países en desarrollo”.
Cabe, no obstante, enfatizar en un detalle muy significativo planteado en el informe y es el de la clasificación por género de los empleos más expuestos al reemplazo o a la sustitución. La diferencia es importante. Más del doble de empleo femenino que masculino podría verse afectado por la automatización. Esto, explica, “se debe a la sobrerrepresentación de las mujeres en el trabajo administrativo, especialmente en los países de renta alta y media. Dado que los trabajos administrativos han sido tradicionalmente una importante fuente de empleo femenino, a medida que los países se desarrollaban económicamente, uno de los resultados de la IA Generativa podría ser que determinados trabajos administrativos nunca lleguen a surgir en los países de renta baja”.
El documento –solo disponible en inglés por el momento– señala en sus conclusiones que las repercusiones socioeconómicas de la IA Generativa van a depender “en gran medida” de cómo se gestione su difusión, por lo que aboga por la necesidad de diseñar políticas que apoyen una transición ordenada, justa y consultiva, en la que se escuche la voz de los trabajadores, haya la capacitación necesaria y además una protección social adecuada. Sin estas claves consideran que “se corre el riesgo de que sólo unos pocos países y participantes en el mercado bien preparados se beneficien de la nueva tecnología”.
La semana pasada se presentó en la Cámara de Senadores un proyecto de ley que pretende regular el uso de inteligencia artificial generativa en nuestro país. La iniciativa, presentada por el senador Sartori, del Partido Nacional, además de proponer la introducción del concepto en la legislación plantea una especial preocupación porque se identifique cuando un producto audiovisual o gráfico haya sido generado por una herramienta de inteligencia artificial, con el propósito de prevenir situaciones de estafa o de desinformación por el mal uso de estas herramientas digitales.
“El objetivo es diferenciar cuando estás hablando o viendo una imagen producida por inteligencia artificial, y cuando, por el contrario, estás interactuando con una persona. La idea es saber si se está hablando con un humano o una inteligencia artificial o saber si se está frente a una fotografía del mundo real o si es una foto que se parece en todo, pero que es generada por IA”, explicó el legislador, citado por la página de Telenoche.
Puede que este proyecto sea una buena puerta de entrada para el abordaje del tema, pero sin dudas que no lo agota, es necesario que la discusión –debidamente asesorada– alcance también a los aspectos sociales que pueden derivarse de su instrumentación. Porque ya lo dice el mismo informe de la OIT: “para los formuladores de políticas, nuestro estudio no debe leerse como una voz tranquilizadora, sino más bien como un llamado a aprovechar la política para abordar los cambios tecnológicos que se avecinan”. Es el desafío de este tiempo.
