Escribe Ernesto Kreimerman: Todo cada vez más enredado

Para comprender qué está pasando en Estados Unidos es necesario avanzar antes en un conjunto de definiciones, algunas novedosas y otras no, para tener claro de qué estamos hablando.

Entonces, ¿qué significa impeachment? La palabra impeachment proviene del inglés medio empechement, que, según el Middle English Dictionary, significaba ‘estorbo’ (hindrance), ‘impedimento’ (impediment), ‘obstáculo’ (obstacle), ‘obstrucción’ (obstruction), ‘acusación legal o cargo’ (legal accusation or charge), ‘acto de cuestionar o desacreditar’ (act of calling into question or discrediting), ‘impugnación de un reclamo o derecho’ (challenge to a claim or right).

Hay consenso en que existen dos posibles raíces: una, “acusar formalmente de traición u otro delito grave” …Y dos, directamente del francés antiguo, “empechement, empeechement”, obstáculo, empescher “inhibir, prevenir”, es decir, “to inhibit, prevent”, + -ment. En el francés moderno permanece como empêchement, es decir, “impedimento, obstáculo”, impediment, obstacle. Pero yendo más al centro del asunto, en el Oxford English Dictionary, las definiciones de accusation, charge, es decir, “acusación, cargo”, y accusation and prosecution of a person of treason of other high crime or misdemeanour before a competent tribunal, que es una traducción simple, vale por “acusación y enjuiciamiento de una persona de traición de otro delito grave o delito menor ante un tribunal competente”. Y a modo de conclusión de esta introducción, convengamos que impeachment era relacionada con el latín medieval impetitio, a partir de impetere, presente infinitivo activo de impeto ‘asaltar, atacar, apresurarse’, o sea, “to assail, attack, rush upon”. Pero ambas palabras no tienen conexión etimológica.

IMPEACHMENT

El impeachment es una antigua institución del common law en un contexto de una monarquía parlamentaria, donde la Corona nunca podía ser procesada en casos penales o civiles. Hay que remontarse al siglo XIV. En general, es ésta una condición de la que se benefician los monarcas aún en estos tiempos. Por ejemplo, la constitución española establece “la persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad” y, por lo tanto, no podía ser juzgado.

Así, se consagraba su impunidad y por ello no prosperaron ninguna de las demandas de paternidad ni evasión fiscal, ni lavado de capitales. Tal acumulación de acciones reprochables penalmente fueron las que derivaron en la abdicación en favor de su hijo Felipe, que hasta hace unos meses parecía irla llevando más o menos bien, pero ciertas versiones acerca de su matrimonio e infidelidades de su esposa, Letizia Ortiz, y presumiblemente de él también, comprometen la institución monárquica.

Con la abdicación, de todos modos, Juan Carlos I no perdió su protección legal. Mantiene un privilegio, el del aforamiento, y sólo será juzgado, si algo inesperado sucediera, por un “tribunal superior al ordinario”. Juan Carlos ahora es “rey emérito”, y apenas visita el que fuera su reino.

Volviendo a la historia del impeachment y a su fundamento original, la inviolabilidad real se resumía en la máxima “el rey no puede actuar ilegalmente”, the king can do no wrong en inglés, rex non potest peccare en latín. Entonces, el impeachment surge como una elusión de esta regla de impunidad: se podía presentar una apelación ante el king in parliament, formación política del Curia Regis. Así, en 1376 el Parlamento acusó de corrupción e incapacidad a algunos ministros del rey Eduardo III y su amante Alice Perrers.​ En fin, historias de muchos enredos, o sólo políticos.

EN LOS ESTADOS UNIDOS

En el artículo I de la Constitución de los Estados Unidos queda estipulado que los altos funcionarios del gobierno federal pueden ser procesados por mandato de la Cámara de Representantes, en tanto que el Senado tiene el poder exclusivo de juzgarlos.

Se trata de lo siguiente:
Sección 2. Cláusula 5. La Cámara de Representantes elegirá a su presidente y demás funcionarios y será la única facultada para declarar que hay lugar para proceder en los casos de responsabilidades oficiales.

Sección 3. Cláusula 6. El Senado poseerá el derecho exclusivo de juzgar sobre todas las acusaciones formuladas contra un alto cargo. Cuando se reúna con esta finalidad, sus miembros deberán prestar un juramento o protesta. Cuando se juzgue al presidente de los Estados Unidos deberá presidir el acto el presidente de la Corte Suprema. A ninguna persona se le condenará si no se alcanza un voto de dos tercios de los miembros presentes.

Cláusula 7. En los casos de acusaciones formuladas contra un alto cargo, el alcance de la sentencia no irá más allá de la destitución del cargo y la inhabilitación para ocupar y gozar de cualquier empleo honorífico, de confianza o remunerado en los Estados Unidos; no obstante, el condenado será responsable de sus actos y quedará sujeto a acusación, juicio, sentencia y sanción con arreglo a las leyes. El proceso de destitución, en grandes trazos, va de tres grandes capítulos:
Inicio: El Congreso comienza la investigación, que generalmente se realiza en el comité judicial de la Cámara de Representantes o del Senado. Acusación: con una mayoría simple de los presentes y votantes, la Cámara de Representantes aprobará, o no, los artículos del juicio político, que constituyen el alegato formal. Si estuvieran los votos para aprobar la acusación, el imputado queda oficialmente “acusado”, y es un paso duro en el proceso de impeached. Ahora sí, el Senado juzga al acusado. Si se diera la destitución del presidente de los Estados Unidos, el presidente de la Corte Suprema dirige los procedimientos. Pero para la destitución de cualquier otro funcionario, la Constitución no dice quién preside, lo que sugiere que esta función recae en el vicepresidente de los Estados Unidos. Vale significar que la sentencia en el Senado requiere la concurrencia de una mayoría de dos tercios de los presentes. Y la condena del Senador significa la destitución del cargo.

BIDEN

Sin más elementos que las palabras y una mayoría en la Cámara de Representantes, sin presentar ningún elemento de prueba, relativa o fehaciente, los republicanos han votado a favor de iniciar una investigación de destitución contra el presidente Joe Biden. Sin pruebas, lo que se investiga son circunstancias referidas a cuando Biden era vicepresidente de Barack Obama. Los republicanos alegan que un hijo de Biden, Hunter, habría sacado provecho de la posición de su padre. Hasta ahora, y sobre unos 40 mil registros bancarios y decenas de testigos, existe cierto consenso de que no se han descubierto “acciones corruptas” aunque podrían, algunas, no ser éticas.

En Washington, casi unánimemente, están persuadidos de que es una nueva estrategia de Trump, para promover juicios morales a través de los medios, algo que ya lo ha hecho en el pasado, en varias ocasiones. Justo en estos días, el representante legal de Trump, Rudolf Giuliani, fue condenado a pagar 148 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios a dos trabajadoras a las que acusó de adulterar los resultados electorales en el estado de Georgia en 2020 cuando el entonces mandatario republicano fue vencido en las generales por el demócrata Joe Biden.

Hoy la estrategia Trump es arrastrar al barro a Biden, y para ello han promovido este impeachment. Entre 2023 y 2024 Trump habrá enfrentado seis juicios, pero podrían ser más. Al final del día, y para el discurso superficial, la estrategia es que todo sea cada vez más enredado, y por tanto, igualados hacia abajo, hacia lo peor.