A finales de julio de 2016, el subsecretario del Ministerio del Interior, Jorge Vázquez, dijo en la comisión de Constitución y Legislación de la Cámara de Senadores que “los niños son utilizados para transportar drogas”. En ocasiones, son usados como “campanas” para alertar la presencia de la Policía o para el traslado de sustancias de un barrio a otro “vestidos de escolares y con sus mochilas”.
De acuerdo al anterior jerarca, esos niños “incorporan a sus vidas como una cuestión habitual” esa dinámica, relatada incluso por las maestras de las escuelas de contexto crítico. Vázquez reconocía, además, el crecimiento exponencial de mujeres detenidas, vinculadas al tráfico de drogas. Así como el aumento de otros delitos en torno a bocas de venta de droga como robo, rapiñas y homicidios. El gobierno de entonces impulsaba un proyecto de ley sobre un plan integral de lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado que preveía la asistencia del Ministerio de Desarrollo Social y el INAU a las familias de los narcos procesados.
Es decir, el involucramiento de los niños en el circuito del narcotráfico empujados por los mayores no es un fenómeno novedoso, sino que viene en crecimiento.
Incluso, los jóvenes. Son hijos de padres asesinados que tienen algo más de 20 años y menos de 30, pero que dominan el circuito del microtráfico en la capital del país. Son más violentos que sus predecesores y enfrentan a tiros a quienes invaden sus espacios de venta, que son barrios enteros. Hay familias que tienen a la mayoría de sus integrantes tras las rejas. Sin embargo, la Policía sospecha que aún mantienen su liderazgo desde las cárceles.
En el medio, aparecen las víctimas baleadas, los cuerpos incinerados dentro de contenedores o en cunetas. Y los vecinos denuncian la inseguridad que provocan estos hechos, tanto como para evitar salir de sus casas o no brindar testimonio alguno cuando son consultados.
Las estadísticas son contundentes. El año pasado las incautaciones batieron récord.
En el puerto de Amberes encontraron casi tres toneladas y media de cocaína camuflada en envoltorios de budines y alfajores en un barco que pasó por Montevideo, más de 400 kilos de la misma droga en Soriano en diciembre pasado y otros 400 kilos de cocaína y pasta base en un campo de la localidad de Los Mellizos, cerca de Young. Y así se puede seguir con una lista de decomisos que ubica al país en el centro de una cuestión aún no resuelta.
Hace unos días, el gobierno volvió a pedir ayuda a la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), luego del cierre de su oficina en 2019 por sus relaciones tensas con las autoridades anteriores, según relataron cuatro exfuncionarios.
Hoy, Estados Unidos está preocupado por el protagonismo del fentanilo que llega desde México. Y no hay presencia de autoridades antinarcóticas en el país provenientes de Europa. Sólo España mantiene un agregado policial permanente en la capital uruguaya.
No obstante, reconocen que el país libra una batalla en solitario contra la cocaína, expandida en todo el continente en los últimos diez años. Lo que se observa desde afuera es que este pequeño territorio está poco acostumbrado a lidiar con las estadísticas de récord de homicidios, consecuencia de la lucha de familias dueñas de territorios, así como de toneladas de incautaciones o cargamentos de droga en puertos europeos.
El problema es que esa historia de modelo de país en la región ha generado una suerte de complacencia en las sucesivas autoridades y, por ende, la subestimación de la presencia de quienes apetecen este territorio para salir al mar. Las consecuencias se viven ahora y se utilizan como botín de campaña.
Pero pocos recuerdan que se discutió largamente sobre el origen del envío de cocaína en un contenedor de soja en 2019, valuado en 1.000 millones de euros. La aduana de Hamburgo calificó la incautación de 4,5 toneladas de “histórica” mientras en Uruguay se discutía sobre la posible apertura del contenedor en alta mar, cuando en realidad al puerto europeo llegaron con los precintos originales.
Mientras se escondía la cabeza, las cosas ocurrían. Y el apacible país, con una democracia ejemplar, pasaba a ocupar los titulares centrales por la falta de controles esenciales. Porque mientras la tecnología avanzaba y se perfeccionaba para combatir el delito, en Uruguay el empresario era absuelto por falta de pruebas.
Recién a mediados del año pasado se confirmó su sentencia en una conclusión vergonzante por parte de la Suprema Corte de Justicia para la jueza encargada de la causa. La pregunta sigue pendiente de una respuesta estrictamente técnica: ¿el puerto de Montevideo está capacitado para soportar la inspección a más de un millón de contenedores que pasan por allí anualmente, tal como ocurrió el año pasado?
La DEA sabía que en el puerto había espacios completamente liberados. Y lo sabía por informantes que frecuentaban los lugares de venta y negocios afines a los narcos. Pero a raíz de los continuos cortocircuitos con las autoridades de entonces, resolvieron retirarse del país. Algunos exjerarcas niegan estas versiones y argumentan que iba poca cocaína con destino a Estados Unidos. Lo cierto es que, al menos por ahora, no hay un interés en volver, a pesar de los reiterados pedidos del ministro del Interior, Nicolás Martinelli.
Mientras tanto, aumenta la cantidad de condenados. Sin embargo, la violencia a través de robos y rapiñas que generan una mayor inseguridad permanece en los barrios, en tanto se incremantan las incautaciones.
La diferencia es que ahora se exceden los límites. En enero pasado, era asesinado un niño de 8 años luego de una balacera frente a su casa y este jueves lo fue un niño de 2 años, que se encontraba casi a medianoche dentro de un auto con otros dos niños de 6 y 8 años que también resultaron heridos de bala.
La rivalidad de las bandas y la lucha por los territorios no tiene clemencia. Tiene estas consecuencias que son la base de los reclamos populares de una mayor represión y la instalación de regímenes de otros países. No hay uan solución “a la uruguaya” cuando el problema es global. Lo que hay es una bronca contenida.

