El 23 de marzo de 2010 el presidente Barack Obama cerraba el trámite que transformaba en ley una de sus más emblemáticas reformas y victorias parlamentarias en el 111 Congreso. Sería su gran legado a la nación.
Nacía La Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA), formalmente denominada Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible (PPACA), o en el lenguaje popular, de los debates políticos y de los medios, la Obamacare. Ésta, y su complementaria enmienda, la Ley de Reconciliación de la Atención Médica y la Educación de 2010, son la mayor revisión regulatoria y el mayor esfuerzo democratizador de expansión de la cobertura más significativas del sistema de atención médica de los Estados Unidos. Para encontrar antecedentes importantes, pero de menor magnitud, hay que remontarse hasta la promulgación de Medicare y Medicaid, en la década de 1960. Pese a los intentos de demoler o por lo menos recortar el alcance de los servicios o los beneficiarios, la mayoría de las disposiciones de la ley siguen vigentes.
Debió superar durísimos embates, a todos los niveles. Quizás una de las instancias más duras tuvo lugar hacia mediados de 2021 cuando el 17 de junio de 2021 la Corte Suprema de Estados Unidos rechazó ese día una demanda llevada adelante por 18 estados de mayoría absoluta de republicanos que reclamaban declarar la inconstitucional de la Ley de Cuidado de Salud Asequible. La más alta instancia judicial de los Estados Unidos desestimó en esa sentencia las demandas relacionadas con el llamado “mandato individual” que obligaba a todos los ciudadanos a contratar un seguro médico. Y más importante aún de esa victoria jurídico-política: era ésta la tercera vez que la Corte Suprema fallaba a favor de la normativa, del legado de Obama, que permitió el acceso a cobertura médica para más de 20 millones de estadounidenses. A esa resolución fundamental, la Corte Suprema llegó con un contundente pronunciamiento de 7 votos a favor de la continuidad de la normativa y su solvencia jurídica, contra dos por la negativa.
Se cerraba así un debate jurídico de 18 estados republicanos, liderados por Texas, así como otros demandantes individuales. Básicamente, el más alto tribunal del país laudaba señalando que no tenía base legal la demanda que pretendía la anulación de la norma que permitió a millones de estadounidenses obtener cobertura médica a través de programas públicos o aseguradoras privadas.
Como dato adicional para la jurisprudencia y mayor precisión de los juristas, la sentencia fue redactada por el juez liberal Stephen Breyer. Este jurista, que se jubiló en el año 2022, fue nominado por el entonces presidente Bill Clinton. Tocó a Joe Biden nominar un candidato para suceder a Breyer. Desde que quedó abierto el período para la nominación, Biden anunció su compromiso de impulsar a una candidata, una mujer negra. De acuerdo con los cambios promulgados en 2013, facilitan y protegen la nominación presidencial a la Corte Suprema, evitándose la llamada práctica del “obstruccionismo”. En los hechos, eso significa que el jefe de gobierno no está obligado a articular una mayoría especial de 60 votos, que usualmente se requiere para romper el bloqueo y dar paso a una votación final.
Si bien estas elasticidades ahora favorecían a los demócratas, antes, en el período de gobierno de Donald Trump, le permitieron llenar tres vacantes sin mayores dificultades.
La mayoría de Biden
Para la designación del sustituto de Breyer, los demócratas no debieron preocuparse por si los republicanos intentaran apelar a un intento obstruccionista contra la nominación que habrían de proponer pues la relación de fuerzas aseguraba que no era necesaria ninguna cuestión de esas, sino mantener el timonel firme. Recordemos, fruto del resultado electoral, el Senado quedó dividido 50-50, y con el voto de la vicepresidenta Kamala Harris se rompería ese empate. Para asegurar el cumplimiento del compromiso asumido, los demócratas debían mantenerse unidos y/o, para reasegurar el resultado, obtener el respaldo de unos pocos republicanos. Así sería menos estresante la resolución.
Solamente imaginemos que la enfermedad o una muerte de cualquiera de los senadores demócratas pondría en riesgo la aprobación de la nominación, pues les podría suspender el privilegio de una mayoría ajustada y con ello arriesgar recorrer un complicado procedimiento de confirmación.
El presidente Biden anunció la nominación de la jueza Ketanji Brown Jackson para la Corte Suprema. Así, optando por una prestigiosa jueza de la corte federal de apelaciones, comenzaba a hacer historia ya que podría ser la primera mujer negra en ocupar tan alta función. La carrera profesional de la jueza Jackson es, objetivamente, impresionante. Así se convirtió en el 116 juez de Corte Suprema de los Estados Unidos. En este enlace www.judiciary.senate.gov/judge-ketanji-brown-jackson pueden acceder a toda la información y documentos que estuvieron a consideración para la ratificación de la jueza. Créanme, vale la pena leerlo. Y si no leen inglés, no se preocupen, que con el botón derecho del mouse ubicado encima del texto, van a encontrar la opción “traducir a español”, y sanseacabó la dificultad.
La victoria de Obama, su legado
Una de las mayores sorpresas que trajo el debate presidencial, y pasó desapercibido, fue el reconocimiento de una derrota de parte de Trump. Más allá de los eufemismos de campaña, Trump asumió que la Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA), del año 2010, llegó para quedarse. En el mismo debate, Trump volvió sobre el tema y sostuvo con mayor claridad que mantendrá el Obamacare, salvo “que alguien planteara algo mejor para sustituirlo con un modelo de mejor y más atención a un menor costo”. “Hasta entonces”, concluyó, “lo haría lo mejor que se pueda manejar”.
Solamente para dar cuenta del cambio de Trump respecto al Obamacare, aquella plataforma republicana del 2016 planteaba que “cualquier agenda honesta para mejorar la atención médica debe comenzar con la derogación”. Pero esta plataforma en su versión 2024 llegó con un cambio sustancial: ahora propone “ampliar el acceso a una nueva atención médica asequible”.
El Proyecto 2025 abandona ese planteo de reclamar la derogación de la ACA. Ya en otro tono, sereno y no confrontativo, una iniciativa de la Fundación Heritage dice ofrecer “sugerencias de políticas para frenar los abusos” de la ley… pero de la ley, nada. La estrategia de cuestionar supuestos abusos no definidos no es novedosa sino un viejo artilugio, una estratagema lanzada a partir del rechazo que recoge tal planteo pretender por la puerta de atrás, sinuosa y deshonesta, internet sabotear la aspiración de la sociedad.
La lucha por el Obamacare ha llegado a su fin. Más de una década necesitó para afianzarse, pero hoy ya es un mínimo universal de salud a la que pueden aspirar los ciudadanos. No es completo, y aún dista, por ejemplo, de la universalidad de nuestro sistema nacional integrado de salud, pero constituye un gran avance.
El sistema de salud de Estados Unidos sigue en la agenda de estas elecciones 2024, pero no el Obamacare que ha ganado la partida. El legado de Obama está de pie.

