En las últimas semanas de campaña electoral departamental, una nueva propuesta ha sido integrada el debate público: en la Junta Departamental “el edil nacionalista Dr. Marcelo Tortorella presentó su proyecto Aceitera Indhar, que apunta a destinar este lugar de la ciudad a erigir un complejo habitacional de edificios públicos y privados, además de viviendas en modo cooperativo y privado”. En esa ocasión, Tortorella expresó que “El planteo, entre otros aspectos, incluye la ‘recalificación y resignificación de un espacio urbano previamente utilizado como una planta aceitera para transformarlo en un espacio que generará empleo en la construcción (100 personas en promedio durante 5 años) y ofrecer soluciones habitacionales para 3.000 personas, distribuidas a vía de ejemplo en cooperativas y programas del Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial (MVOT), procurando resultados económicos positivos para la Intendencia de Paysandú con la integración del área urbana en un desarrollo inmobiliario sostenible sin necesidad de inversión adicional en infraestructura y servicios’. ‘Proponemos en este sentido declarar al Proyecto Aceitera Indhar de interés departamental, para permitir tanto al actual intendente como a quien sea electo por la ciudadanía para hacerse cargo de esa responsabilidad a partir del 11 de mayo y llevarlo adelante, pues esta es una herramienta de desarrollo urbano que mucho bien le hará a los sanduceros’, puntualizó el edil”.
Finalmente, la Junta aprobó, por 23 votos en 26 y con el apoyo de ediles de todos los partidos, la declaración de interés departamental de este proyecto.
Hasta aquí todo bien. Palabras más, palabras menos, se trata de un ejemplo de planes de largo plazo, con un antecedente como el de Paylana que ha demostrado haber sido una buena decisión que en principio merece el mayor de los apoyos. Si a eso se suma la votación mayoritaria en la Junta Departamental (una forma de proceder por encima de banderías políticas que tantas veces hemos reclamado desde esta página editorial), el resultado parecería ser casi óptimo.
Sin embargo, a la fiesta de una propuesta tan necesaria faltó un invitado necesario: el estacionamiento para los autos de las personas que vivirán y trabajarán, según el caso, en los edificios proyectados.
Todo ello debido a que el estacionamiento se ha transformado en un tema de gran importancia para el tránsito sanducero. El pasado 9 de febrero el editorial de nuestro diario, bajo el título “La falta de estacionamiento en Paysandú” expresaba lo siguiente: “La pregunta parece simple, pero encierra un desafío que se renueva cada vez que los automovilistas se suben a sus coches: ¿en dónde encontraré lugar para estacionar? Se trata de una incertidumbre que crece día a día y que en ciertos lugares u horarios se vuelve francamente crítica.
Pensemos, por ejemplo, no sólo en la denominada ‘zona azul’ sino también en los alrededores de la Corporación Médica de Paysandú (Comepa) o del Hospital Escuela del Litoral (HEL), e incluso arterias que antes ofrecían estacionamiento sin mayores inconvenientes pero que hoy se ven congestionadas con automotores (avenida España, Bulevar Artigas, República Argentina, Leandro Gómez, entre otras). El problema de conseguir estacionamiento no se trata únicamente de las demoras o molestias que le pueden causar a los automovilistas, sino que suponen un aumento de posibilidades de que se produzcan accidentes de tránsito con otros coches, con peatones, motociclistas o quienes utilizan su bicicleta para desplazarse”.
Con legítima preocupación hacíamos notar que se había anunciado la construcción de una gran superficie comercial en la zona de Plaza Varela y la ampliación de la terminal de ómnibus y el respectivo centro comercial, sin perjuicio de los diversos edificios que se construyen en distintos lugares. (…) “Como si fuera poco, varias automotoras ocupan amplios espacios de las calles estacionando los autos en venta, los que permanecen en esos lugares donde todo el día, imposibilitando el recambio de coches y con ello un tránsito más fluido y seguro. En el caso de actividades deportivas en el estadio cerrado “8 de Junio” o en el Estadio Artigas, el déficit de estacionamiento en la zona atenta directamente contra la concurrencia a espectáculos deportivos en ambas instalaciones”.
Si estamos hablando de que en la antigua aceitera Indhar vivirán 3.000 personas y asumimos que un quinto de las mismas (600) podrían poseer un auto, estamos refiriéndonos a una cantidad de vehículos que transformará totalmente la dinámica de la zona, máxime teniendo en cuenta que frente a dicho predio se encuentran ubicados un centro educativo, una distribuidora, un comercio de construcción e instalaciones de la empresa estatal UTE. Ante esta situación las autoridades siguen sin “hincarle el diente” a un tema de vital importancia para la movilidad y el desarrollo urbano: el estacionamiento para los vehículos que van a transitar en una zona que incrementará dramáticamente su población.
El problema ya está instalado en Paysandú a falta de una reglamentación acorde a los tiempos actuales, y se aprecian puntos céntricos donde se construyeron torres que no cuentan con suficientes estacionamientos. Quizás el caso más notorio sea el de Baltasar Brum y Sarandí, donde hay tres edificios que en algunos casos son para beneficiarios del BPS, y que por eso se presume que éstos no tienen vehículos; pero la realidad es que incluso en estos casos sí tienen y los estacionan hasta en las ochavas de las esquinas, generando una situación de riesgo para el tránsito en esas arterias. Sin ir más lejos, se ven autos estacionados frente a las viviendas de los realojos de barrio El Espinillo o Antena 35, por lo que jamás debe presumirse que por la edad o condición económica de los ocupantes de las viviendas no será necesario contar con espacios para automóviles.
El problema que se puede generar por este motivo es un nodo de 3.000 viviendas en una manzana céntrica, como lo es el predio de Indhar, sin dudas es de tener en cuenta, en especial porque sabido es que la actual administración municipal –que según dictan las encuestas, tiene importantes chances de continuar—se ha mantenido ausente en lo que respecta al control del Tránsito, cuya Dirección se ha visto reducida a una oficina recaudadora a través de la multa fácil y del millonario aporte de los radares cazabobos. Ciertamente no está para evitar las situaciones de riesgo, ni ordenar nada, así que lo que no se haga por la vía de la creación de infraestructuras, no se resolverá por ordenamiento.
Todavía estamos a tiempo de que el proyecto de la antigua aceitera Indhar sea un proyecto con todas las de la ley, que incluya lugares de estacionamiento en su área y que no “barra debajo de la alfombra” el problema del tránsito vehicular esperando que se haga cargo el gobierno que sea electo el próximo domingo 11 de mayo. Si no lo hacemos, estaremos creando un problema donde no existía y seguramente tendremos que dedicar tiempo y recursos a solucionar una situación que se podría haber evitado con un poco de cabeza, sentido común, responsabilidad política y previsión.
