El presidente Donald Trump ordenó al Departamento de Justicia que investigue a los grandes frigoríficos de Estados Unidos, procurando descubrir si no están elevando el precio de la carne vacuna de forma sistemática y clandestina, a través de una colusión que implicaría una manipulación ilícita de los valores del mercado.
Los precios de la carne vacuna en Estados Unidos están en los valores más altos de la historia, con una libra (0.4 kilogramos) de carne a U$S 5.79 la unidad, en tanto que el valor de los productos de novillos escogidos de 400 kilos o más asciende en los grandes restaurantes a U$S 10.98 por unidad.
La Casa Blanca apuntó a 4 grandes empresas –JBS, Cargill, Tyson Foods, y National Beef–, que en conjunto dominan el 85% del mercado del procesamiento de la carne vacuna, lo que incluye el empaquetado, que tiene un carácter obligatorio.
También hay razones estructurales en estos precios récord; y la primera, ante todo, es que el número de cabezas de ganado se encuentra en el menor nivel de los últimos 70 años, debido a que la sequía crónica que experimentan los estados del oeste y sudoeste estadounidense, como Texas, Kansas y Nuevo México, forzó a reducir todos los rodeos sin excepción, con una desaparición de las praderas naturales; y todo esto acompañado por un auge generalizado de los precios de los insumos para la alimentación animal, lo que derrumbó el negocio de los grandes “feedlots”.
Los costos de los seguros ganaderos también aumentaron, al igual que los salarios de los trabajadores rurales; y el resultado fue una drástica disminución del número de cabezas de ganado.

