En 2009 la revista Time publicaba una de esas tapas inolvidables, una foto intervenida en la que el Cristo Redentor tomaba altura desde el cerro Corcovado cual de si un cohete espacial se tratase. “Brazil takes off”, o “Brasil despega”, era el título que acompañaba esa inolvidable portada. Claro, algunos años más tarde reprodujo esa tapa con otra intervención de la misma foto, con el Cristo estrellándose tras haber perdido impulso, reflejando la situación económica del hermano país tras las crisis que le azotaron.
Hoy no tenemos una imagen así de potente que ilustre en tan pocos trazos a Paraguay, pero si el Cristo Redentor estuviese en Asunción bien valdría la misma tapa para ilustrar el proceso económico que está viviendo “el otro socio” del Mercosur, aunque con un punto de partida muy diferente al de Brasil, está claro, no va por allí la comparación.
El crecimiento guaraní está fuertemente impulsado por la inversión privada, destaca la colega Sara Valenzuela en un artículo para La Nación de Asunción en el que analiza este “despegue” y entre los sectores “locomotora” de este desarrollo se encuentra la maquila.
El Ministerio de Industria y Comercio de Paraguay publica en su web que el “Régimen de Maquila es un sistema de producción de bienes y prestación de servicios, cuyo objetivo es promover el desarrollo industrial, la generación de empleo formal y el incremento de las exportaciones con valor agregado nacional”. De esta forma, agrega, “la producción o prestación de servicios se realiza por cuenta y orden de una empresa domiciliada en el extranjero, denominada matriz, en virtud de un contrato internacional. Todo lo producido en territorio nacional bajo este régimen se destina a la exportación hacia cualquier parte del mundo, promoviendo la apertura de nuevos mercados”.
En el artículo de La Nación la presidenta de la Cámara de Empresas Maquiladoras del Paraguay (Cemap), Carina Daher, analizó que el país tiene un gran potencial “para convertirse en centro regional de producción”, si continúa el camino trazado. Para ello, señaló, es esencial garantizar “seguridad jurídica y una reglamentación moderna”, que ofrezca previsibilidad a largo plazo “para que los empresarios se sientan cómodos y respaldados en el entorno empresarial”. A ello, dijo, debe sumarse “una infraestructura y logística eficiente, que permita integrar al país con los principales corredores productivos de la región, de manera que la conectividad sea fluida y eficaz para los inversionistas”. Del mismo modo consideró imperioso impulsar una “formación técnica avanzada” con orientación a la “Industria 4.0”, así como a “las nuevas habilidades que demanda la manufactura global”. Daher agregó que la maquila paraguaya “ya no compite solo por costo, sino por productividad, calidad y velocidad de respuesta” y que las nuevas tecnologías ayudan a mejorar y automatizar procesos.
Pero sumado a todo ello, Paraguay parece ser en este momento la piedra angular de una serie de proyectos de infraestructura que atraviesan de un lado a otro la América del Sur, el viejo sueño del “Corredor bioceánico” del que venimos escuchando hablar desde hace décadas, y que Paysandú pretendió integrar con el malogrado proyecto del “Paralelo 33”. En los últimos días tuvo lugar en Montevideo el II Encuentro de Alto Nivel de la Red de Infraestructura y Transporte del Consenso de Brasilia, del que el gobierno de nuestro país destacó el lanzamiento oficial del Observatorio de Infraestructura de América del Sur, pero que además de ese asunto tuvo también en la agenda un análisis sobre el Corredor Bioceánico de Capricornio, planteado “como caso emblemático de integración física entre países”, así como otra instancia dedicada al financiamiento de proyectos de infraestructura regional, de la que participaron de referentes técnicos de organismos internacionales.
Este Corredor Bioceánico de Capricornio (CBC), por si no escuchó hablar de él, “es una iniciativa de cooperación que busca convertirse en la más relevante a nivel subcontinental. Se basa en su potencial para transformar significativamente la logística y el comercio en la región, y para contribuir al desarrollo de los estados subnacionales involucrados. Conceptualmente, su propósito es conectar el centro oeste de Brasil con los puertos del norte de Chile, atravesando el Chaco Paraguayo y el noroeste de la Argentina”. Así se describe en la propia página web del proyecto. En esta iniciativa –que por cierto no es la única de su tipo– las cargas pasan bastante al norte de nuestro país, incluso el cruce por Paraguay es bastante al norte de Asunción, la capital, pero indudablemente es una alternativa para que tanto ese país como Bolivia puedan extraer su producción. Claro, en este esquema Uruguay queda expuesto a perder relevancia como punto de salida de la producción regional, o como “puerta de entrada” al Mercosur, como nos gusta decir.
Pero no queda allí la cosa, porque recientemente Argentina y Brasil acordaron la construcción del puente binacional San Javier–Porto Xavier, que habilita también otro de estos trazados de lado a lado del continente sin tocar Uruguay. Y para más datos, otra noticia, en la web de noticias del Canal 26 de Argentina, se publicaron en los últimos días detalles sobre el trazado del tren bioceánico, un proyecto ferroviario que “contempla un recorrido superior a los 3.700 kilómetros, partiendo del puerto de Santos en Brasil, sobre el Atlántico, hasta el puerto peruano de Ilo, en la costa del Pacífico”, un tendido que atravesará el corazón de Sudamérica “pasando por ciudades clave como Campo Grande, Santa Cruz de la Sierra, La Paz y Desaguadero”.
Así las cosas, se vienen etapas desafiantes si el país no se ocupa de aumentar y mejorar la infraestructura para la conectividad, pero también hay que cambiar algunos aspectos culturales, porque parte de ese ofrecer garantías incluye que por ejemplo no se detenga toda la actividad portuaria por semanas porque los trabajadores quieran discutir la incorporación de un software. Ese tipo de ventajas no las podemos dar.

