La Intendencia se olvida de la sociedad civil

Hace muchos años Adolfo Mac Ilriach escribió el poema “Ser sanducero”, el cual expresaba, en un pasaje: “Ser Sanducero, no significa tanto transitar por sus calles, integrar las instituciones, operar en los bancos, hablar bien de las industrias y las fábricas. Ser Sanducero, no es tanto llevar libros bajo el brazo, portar la bandera en los desfiles patrios, actuar en los cuadros de la política, pronunciar discursos, laborar en un taller, reunirse en un sindicato, figurar en la plana de los diarios, exhibir el escudo departamental en la oficina o en la sala o en la sala de recepción. Es eso. Y mucho más. Ser sanduceros, es una disposición de ánimo, un estado de espíritu, una posesión del alma, una responsabilidad, un deleite, un enfoque especial de las cosas y de la vida, una satisfacción. Es el Espíritu de Paysandú”.

En efecto, a lo largo de las décadas, Paysandú ha demostrado con creces –su escudo resume en las palabras “Paz, Trabajo, Progreso”– la actitud que los sanduceros hemos cultivado y mantenido, más allá de las pertenencias político-partidarias, religiosas o filosóficas. De una forma u otra la condición de “heroica” que nos legaron el General Leandro Gómez y un puñado de hombres y mujeres tan valientes como él, sigue instalado en el ADN de una comunidad que apuesta al crecimiento económico, social y espiritual aún en medio de las dificultades que una vez sí y otra también aparecen en el horizonte, tal como sucede con el desempleo que azota actualmente a nuestro departamento.

Todo ello debido a que, sin desconocer a los importantes gobernantes departamentales que ha tenido Paysandú, existe en los integrantes de la sociedad civil una voluntad de aportar, de hacer y de transformar que se genera en los más diversos ámbitos y comprende a hombres y mujeres de distintas ocupaciones, disciplinas y bagajes ocupacionales, personales y vitales. Esa es la reserva en la cual reside la fuerza de nuestra comunidad: no resignarse, avanzar, sobreponerse a las dificultades y volver a intentarlo.

Tal como lo expresa el Instituto de Formación Docente (IFD) sanducero refiriéndose a la década de 1940, “La industria local crecía acorde al movimiento del puerto. La ciudad tenía molinos harineros, fábricas de muebles, de calzados, de fideos, licores, jabones, mosaicos. Prácticamente, se autoabastecía. (…) A esta eclosión industrial, asociada al bienestar social, se le conoció como “Paymilagro”. En el mismo sentido Esteban Campal ha señalado que “Paysandú es un ejemplo de lo que puede el esfuerzo colectivo cuando lo que se busca es mejorar la condición humana”.

Lamentablemente, la Intendencia Departamental de Paysandú no ha sabido –o no le interesa– aprovechar las capacidades y los esfuerzos de sus conciudadanos, los cuales afortunadamente se manifiestan en asociaciones civiles sin fines de lucro, clubes deportivos, movimientos sociales, asociaciones gremiales, instituciones profesionales, grupos comunitarios y tantas otras que una u otra forma aportan “pienso”, experiencia, conocimiento del territorio, acciones concretas y logros comprobables de sus capacidades.

En sus respectivas esferas, esos actores desarrollan con éxito tareas de trabajo con la comunidad conociendo exactamente los problemas y las personas afectadas por el hecho de saber directamente de sus necesidades. Estamos hablando de un capital humano invalorable que termina siendo ignorado porque muchas veces la política partidaria (y con ella los políticos) se interesa mucho más en saber qué votó un vecino antes que en la idea que el mismo puede aportar en forma desinteresada. A los políticos solo les interesa conseguir “punteros” en los diversos barrios. Esa es la idea de la “sociedad civil” que ellos se imaginan.

Afortunadamente existen diversos casos en los cuales la sociedad civil sanducera ha logrado, en forma organizada, superar escollos y lograr objetivos valiosos y tangibles. Un ejemplo de ello es, por ejemplo, el caso del Paysandú Basketball Club o la recuperación de las playas en diciembre del año 2003, en ambos casos gracias al esfuerzo mancomunado del sector privado (parte integrante de la sociedad civil) y las autoridades departamentales.

Similar actitud cultivó en su momento el Comité Pro Puente Paysandú – Colón, ámbito también surgido desde la sociedad civil pero que supo trabajar en combinación con gobernantes departamentales conscientes del valor de su aporte. Otro tanto ha sucedido, también, en los últimos años con el grupo de empresarios que ha apoyado las reformas y el crecimiento de la actividad aérea en el aeropuerto sanducero. Esta actitud no es nueva para los sanduceros: fue un grupo de empresarios el que hizo posible el milagro industrial de nuestro departamento hace casi 80 años y para ello fue necesario la visión de un intendente como el Ingeniero José Acquistapace, que entendió la importancia de trabajar codo con codo con el sector privado para beneficiar a toda la población, desarrollando todas sus posibilidades y potenciales.

Nadie pretende ni puede pretender que los gobernantes y los políticos en general sepan de todo. Un objetivo de esas características es imposible de alcanzar por parte de cualquier persona. A pesar de ello, hay otras actitudes que mejoran (y mucho) la tarea de quienes tienen responsabilidades de gobierno: saber escuchar, reconocer los aportes que agregan valor a la vida de los vecinos, crear ámbitos en los cuales los intercambios con la sociedad civil puedan realizarse y fructificar y por supuesto cultivar el diálogo como forma de facilitar la comunicación.

Dejar de lado a la sociedad civil y prescindir de sus aportes es un error de manual para cualquier gobernante y cualquier político en general; es por ello que tantos gobiernos apuestan claramente a una colaboración público-privada donde la principal beneficiada sea la comunidad toda. No es necesario que los políticos “inventen” o “despierten” las fuerzas de la sociedad civil, porque estas existen, trabajan y funcionan desde hace mucho tiempo y con diversos objetivos. Lo que realmente se necesita es que el sector público –en este caso nuestra Intendencia Departamental– entienda el potencial de la sociedad civil como socio estratégico para el desarrollo.

La visita del Embajador de embajador de la Unión Europea en Uruguay, Petros Mavromichalis, junto a otros embajadores europeos es una clara muestra reciente de la forma de percibir a la sociedad civil: no hubo rondas de empresarios o de empresas sanduceras con ofertas concretas a los embajadores visitantes (similares a las que se realizan en este tipo de giras) pero tampoco un mano a mano con el Pit Cnt para conocer sobre posibles inversiones europeas en Paysandú o recibir los planteos de esa organización sindical para tratar de paliar la grave crisis del empleo que sufre Paysandú.

Hay muchas formas de ser heroico, la humildad es una de ellas. La convocatoria a la sociedad civil para conversar e intercambiar ideas es otra. En un mundo convulsionado por los eventos bélicos y un freno global a las inversiones, no parece muy acertado seguir sin escuchar a los protagonistas departamentales de la sociedad civil sanducera.