La IA a cara o cruz

En Paraguay, Araico Corporation anunció la mayor inversión privada de la historia del país en Iguazú AI City, un megaproyecto tecnológico de inteligencia artificial. Se prevé invertir U$S 12.000 millones durante los primeros tres años en un centro que será instalado en Iguazú, departamento de Alto Paraná, y que utilizará energía renovable para alimentar la infraestructura tecnológica de gran escala, agregando así valor a la electricidad que históricamente fue exportada como materia prima.
Araico, plataforma latinoamericana especializada en infraestructura para inteligencia artificial, procura convertir al país guaraní en proveedor de capacidad de cómputo para la industria, abasteciendo una demanda que no deja de crecer aceleradamente a escala global.

El proyecto apuesta a que, si la energía puede convertirse localmente en capacidad de procesamiento para inteligencia artificial, el valor económico generado por cada megavatio puede multiplicarse.

“Queremos dejar de exportar energía bruta a Brasil para darle valor agregado, exportando ‘inteligencia’”, explicó Alejandro Zuccolillo, cofundador de Araico, quien agregó que el proyecto tiene vínculos con el fondo de Silicon Valley que anteriormente invirtió en compañías como Facebook, Spotify, SpaceX, y Airbnb. También participará BID Invest.
La represa de Itaipú, una de las más grandes del mundo, produjo en 2025 casi 72.900 gigavatios hora, de lo que Paraguay usó apenas el 36%. De la mitad que le corresponde por el tratado con Brasil, quedaron sin consumir unos 10.670 Gwh, que se cedieron a Brasil.

Este es un cambio trascendental. Itaipú fue inaugurada en 1984 y en todo este tiempo Paraguay no ha empleado la cuota de energía que le corresponde. La IA, por medio de este centro de datos, modificaría esta situación, si se cumple el esquema previsto.
Pero esta semana la IA fue tema de conversación también en nuestro país. Lo fue en la cumbre ministerial que se realizó en Montevideo a nivel del programa de OCDE para América Latina, que reunió a ministros de toda la región. A modo de ejemplo de la discusión, el primer panel se tituló “IA y productividad: aprovechando la revolución de la IA para impulsar el crecimiento en América Latina”, una instancia en la que se analizó cómo la inteligencia artificial puede traducirse en mejoras de productividad en la región. “Mas allá del desarrollo tecnológico, el foco estará en los mecanismos clave de adopción y difusión de la IA a nivel empresarial, especialmente entre pequeñas y medianas empresas”, agregaba que se examinarían los principales obstáculos a la adopción, “sus implicaciones para la productividad y el empleo, y las prioridades de política para facilitar la difusión tecnológica y asegurar que los beneficios de la IA se traduzcan en crecimiento más sólido e inclusivo”.

En la apertura de ese evento, en una mesa que compartió con el ministro de Economía, Gabriel Oddone, y la vicepresidenta de Países e Integración Regional del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Anabel González, el secretario general de OCDE, Matías Corman, refirió a los desafíos de América Latina con respecto a la Inteligencia Artificial.

“Una adopción rápida de la IA podría aumentar la productividad laboral entre un 13% y un 20%. Y un 53% durante la próxima década en los cuatro países latinoamericanos miembros de la OCDE. Y para América Latina, esta transformación llegaría en un momento oportuno”, señaló. En una región en la que la productividad laboral por hora equivale apenas al 38% del promedio de los países OCDE --como para reducciones de la jornada laboral--. Y lo que está en juego es este dato no es poco, porque a la postre es la productividad “la que impulsa el crecimiento, sostiene mejores salarios y permite elevar los niveles de vida”, valoró Cormann.
Pero hay buenos datos y entre ellos el que esta tecnología ya se encuentra al alcance de millones de personas y empresas. “América Latina y el Caribe representan el 14% de las visitas mundiales a las herramientas de inteligencia artificial”, más de lo esperable en función de su porcentaje de población. La región, dijo Cormann, ocupa el tercer lugar en descargas de aplicaciones de IA.

Sin embargo el desafío al respecto no está hoy en el acceso. “Nunca había sido tan fácil acceder a una herramienta tan poderosa. Y, sin embargo, utilizarla de manera que permita dar un verdadero salto productivo es aún muy difícil. Porque una economía no cambia cuando unas pocas empresas la incorporan con éxito, sino cuando esas ganancias se extienden al conjunto”, planteó el australiano.

Afirmó que hay tres aspectos en los que actuar para que la región pueda dar el salto en productividad que la IA permitiría. Lo primero es mejorar la infraestructura, con adelantos como el que anunció Paraguay. “La inteligencia artificial requiere conectividad, capacidad computacional, centros de datos y energía fiable”. Cierra por todas las puntas. Y Uruguay, aún sin contar con ese excedente de energía eléctrica, dentro del panorama regional está bien posicionado.
El segundo aspecto es acompañar a las empresas para la adopción de la tecnología, un paso que requiere de facilitar el acceso a financiamiento y el acceso a mercados competitivos de servicios digitales y apoyo técnico.

El tercer aspecto, y clave por el contexto, es formar a los trabajadores. “Cada vez más empresas señalan que la falta de competencias es una de las principales problemas de la OCDE. Y la solución no pasa por convertir a todos en especialistas”, dijo. “Fortalecer capacidades fundamentales como la lectura, las matemáticas, el pensamiento crítico y la resolución de problemas será esencial para cerrar la brecha”. La realidad indica que “en la mayoría de los países latinoamericanos participantes en la última ronda de nuestro programa para la evaluación internacional de los estudiantes --prueba PISA--, más de la mitad de los estudiantes no alcanza competencias básicas en lectura, por ejemplo”, indicó Cormann.

El reto está en lograr que las personas desarrollen competencias necesarias para aprovechar la Inteligencia Artificial, “en que las empresas encuentren formas de integrarla en sus procesos productivos y movilizar las inversiones requeridas para su despliegue y difusión. También está en nuestras manos hacer de esta transformación tecnológica una fuente de mayor productividad, más oportunidades y una prosperidad más ampliamente compartida”.
De las tres, hay una que no se soluciona con plata --al menos no directamente--, sino con una transformación cultural que puede llevar generaciones. Paradójicamente, de las tres, es la más difícil de lograr.

Ingresa o suscríbete para leer la noticia completa y todo el contenido del diario.

IngresarPara quienes tienen una suscripción activa o quieren renovarla.SuscribirmePara quienes se suscriben por primera vez.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.


*