La “invitación” a la inversión

Durante una exposición en un reciente evento organizado por la Asociación Cristiana de Empresarios (ACDE), el ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, hizo un llamado al sector privado para apuntalar el crecimiento económico y advirtió que, para avanzar, hay aspectos que “incomodan”, como varios de los incluidos en el proyecto de ley de Competitividad y Reducción del Costo de Vida, que atacan las “rentas monopólicas” que usufructúan algunos. Ahora, “si no queremos jugar ese partido, es un derecho absolutamente legítimo, pero no digamos después que el país no crece y que es caro”, afirmó.
El secretario de Estado expresó estos conceptos ante empresarios en el evento “¿Qué define el futuro económico del país?”, que se desarrolló en la sede de la CAF-Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe.

Otros conceptos manejados por el conductor del equipo económico del gobierno incluyeron la necesidad de apertura al mundo y de integración económica, lo que impulsará mayor inversión privada, aumento de la productividad y de los puestos de trabajo de calidad. En ese sentido, dijo que hay que acelerar la concreción de acuerdos, como el ingreso de Uruguay al Acuerdo Transpacífico (lo que, a su juicio, “saca de la zona de confort” a muchos agentes económicos).
También habló de apegarse a estándares internacionales (en esa línea va el acercamiento y el debate sobre si Uruguay debe solicitar ser miembro de la OCDE), otro capítulo que es la atracción de inversiones, y a su vez resaltó el aspecto del financiamiento y el mercado de valores.

Con relación a esto último, señaló que se debe aumentar el crédito (es del 30% del Producto Bruto Interno (PBI) en Uruguay, mientras que en otros países alcanza el 50%) y desarrollar el mercado bursátil mediante la unificación de las bolsas (de Valores de Montevideo, Electrónica de Valores y UFEX) y la creación de una Caja de Valores privada (a la que se cedería la custodia de los activos que hoy realiza el Banco Central).

Mencionó como un aspecto también clave lo vinculado a los costos de energía y logística, que el gobierno se propone atacar en los próximos meses. En cuanto al puerto de Montevideo, Oddone dijo que el gobierno está repensando cómo potenciar su actividad para que reciba más barcos, y se refirió a la propuesta de una segunda terminal de contenedores por parte de Neltume Ports (actual accionista de Montecon, que opera con contenedores en los muelles públicos). “Hay un contrato que tiene firmado el Estado con la terminal de contenedores (de Katoen Natie), y eso tiene una naturaleza jurídica que tiene que ser evaluada. Ahora tenemos una iniciativa privada de un tercero y lo que el gobierno está haciendo es evaluar la factibilidad jurídica de que esa iniciativa tenga lugar y cuando tengamos una respuesta se dará a conocer”, dijo el ministro, según recoge el diario El País. Aseguró el ministro que otro punto de la agenda procrecimiento es el de inversión, competitividad, costo de vida e innovación, que en buena parte está contenido en el proyecto de ley de Competitividad y Reducción del Costo de Vida. Según Oddone, esa iniciativa contiene “capítulos que incomodan”, y trajo a colación el hecho de que se busca terminar con el importador exclusivo en determinados rubros y con las finanzas abiertas, donde las fintechs pueden competir mejor con el sector financiero tradicional, entre otros.
La actual normativa de registros sanitarios y fitosanitarios impide en los hechos que en varios rubros haya un segundo importador que compita, lo que “genera condiciones monopólicas”, planteó Oddone, para indicar luego que “tenemos sectores, actividades, empresas afectadas, porque hoy disfrutan una renta monopólica. Por lo tanto, es legítimo que entiendan y encuentren argumentos para sostener que esto es una idea que puede generar afectación en su rentabilidad”.

Estos elementos expuestos por el ministro son atendibles, compartibles y motivo de debate e intercambio de opiniones, pero sin dudas faltó exponer términos de la ecuación, porque nuestro país no parte “empatado” para hacer realidad estos deseos, sino que va perdiendo por goleada ante los competidores en los mercados internacionales. Por citar un punto, una clara muestra de ello es que Uruguay va a crecer este año la mitad que el promedio de América Latina, muy por debajo de las previsiones iniciales que dio a conocer el gobierno.

Y debería llamar la atención que el secretario de Estado, en su convocatoria a la inversión al sector privado, traslade a este sector toda la responsabilidad por este escenario porque no se arriesga a invertir, cuando es notorio que no hay empresario que se decida a salir a “rifar” su capital solo porque lo diga un gobierno que prometa rentabilidad, y cuando la realidad —todos los números lo indican— es que producir y competir desde nuestro país en el mercado internacional es un desafío quijotesco, ante los costos de la energía más altos de la región y uno de los más caros del mundo —la electricidad, por ejemplo, tiene un precio que triplica al de Paraguay—, un peso tributario fenomenal, un alto costo laboral en dólares, permanente conflictividad sindical y un puerto capitalino que no ofrece garantías para los operadores y que viene saliendo de paros y más paros que causaron grandes pérdidas a estos operadores a los que, precisamente, se convoca a invertir.

“Lo que no es consistente es decir: ‘Somos caros, bajame el costo de vida’. Y cuando tenés una iniciativa al respecto decís ‘está bien, pero por acá no, empezá por allá’”, cuestionó Oddone en referencia a las críticas de industriales y otros empresarios a determinados aspectos del proyecto de ley de competitividad, para añadir que “tenemos que avanzar hacia donde el mundo va, con regulaciones que favorecen la convivencia, que impiden los monopolios y que faciliten la generación de competencias, como con las finanzas abiertas. Si no queremos jugar ese partido, es un derecho absolutamente legítimo, pero no digamos después que el país no crece y que es caro”.

Bueno, por ahora lo que tenemos y seguimos viendo en el horizonte es un país caro, pero lo que es mucho peor —y no solo es responsabilidad de este gobierno— es que no es caro coyunturalmente, sino estructuralmente, y de ahí que, legítimamente, los empresarios potencialmente interesados en invertir para obtener una legítima rentabilidad, y no para hacer favores, busquen los países donde la ecuación se les presente más favorable, y ese país no es precisamente Uruguay.
Tampoco pueden esperar, ante nuestros problemas estructurales, que el escenario les cambie como por arte de magia y confiando en el gobierno de turno, el que precisamente no se destaca por hacerles la vida más fácil. Por ejemplo, hace ya mucho tiempo, demasiado, que el gobierno de la coalición de izquierda le sigue dando vueltas y anteponiendo trabas —sobre todo por parte de algunos integrantes del Poder Ejecutivo— a la inversión de HIF Global en Paysandú, la mayor inversión privada en la historia de Uruguay, en la que el mayor obstáculo hasta ahora es el precio que se le quiere cobrar por la electricidad.

Estos son hechos, no palabras sobre lo que se dice que se piensa hacer, y ello explica que haya sido muy tibia la acogida, por decir lo menos, a las buenas intenciones enumeradas en los conceptos del titular de Economía en el evento de la ACDE.
Porque, como dice el refrán, “el que se quema con leche...”.

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