La construcción tiene una incidencia que va más allá de las obras que modifican el paisaje urbano o de la infraestructura que incorpora al país. Su actividad moviliza inversiones, genera empleo y demanda bienes y servicios de numerosas ramas de la economía. Sin embargo, su evolución también está estrechamente ligada al ciclo económico y a la concreción de grandes proyectos, una dependencia que quedó en evidencia durante los últimos años.
De acuerdo con las cifras oficiales, el sector representa el 5,4% del Producto Bruto Interno (PBI) uruguayo, genera cerca de 79.000 empleos directos y concentra el 53% de la inversión total del país. El mercado inmobiliario, considerado por separado, tiene una participación aún mayor en la economía: alcanzó el 11% del PBI en 2023 y ocupó a más de 27.000 personas en 2024.
El volumen de empleo constituye uno de los principales indicadores de su relevancia. La ejecución de obras requiere trabajadores de distintos oficios y niveles de especialización, además de técnicos y profesionales. A su vez, la demanda se extiende a proveedores de materiales, transporte, maquinaria, servicios de ingeniería y otras actividades vinculadas con cada emprendimiento. Por esa razón, los cambios en el ritmo de la construcción pueden repercutir sobre un conjunto amplio de empresas y trabajadores.
Las cifras de inversión permiten dimensionar esa incidencia. De acuerdo a la Cámara de la Construcción del Uruguay (CCU), nuestro país ejecutó 8.848 millones de dólares en infraestructura entre 2020 y 2023. Al incorporar las proyecciones para 2024, el monto ascendía a 11.742 millones de dólares, con inversiones en vivienda, obras viales y proyectos portuarios, entre otros rubros.
No obstante, un volumen elevado de inversión no implica necesariamente un crecimiento sostenido de la actividad. La finalización de una obra de gran porte puede reducir la demanda de trabajadores y servicios, incluso cuando otros proyectos comienzan a ejecutarse. Esa dinámica aparece en el informe de actividad económica de setiembre de 2024 de la CCU, elaborado a partir de estadísticas del Banco Central del Uruguay (BCU).
El documento señala que durante el segundo trimestre de 2024 el valor agregado de la construcción permaneció prácticamente estable frente al mismo período del año anterior, con una variación positiva de apenas 0,1%. El resultado interrumpió una secuencia de cuatro trimestres consecutivos de contracción interanual.
La evolución respondió a movimientos diferentes dentro de la propia actividad. Según el BCU, hubo mayores inversiones en líneas de energía, obras portuarias y plantas eléctricas. Esos avances quedaron parcialmente compensados por el menor dinamismo de la construcción de edificios, asociado a la finalización de UPM II, y por la reducción de las inversiones vinculadas con el Ferrocarril Central.
El desempeño de la construcción contrastó con el crecimiento general de la economía uruguaya. En el segundo trimestre de 2024, el PIB aumentó 3,8% frente al mismo período de 2023 y avanzó 2% respecto al trimestre anterior, una vez descontados los efectos estacionales. La construcción, por tanto, todavía no acompañaba con la misma intensidad la expansión registrada en otras ramas de actividad.
La inversión también mostraba un comportamiento moderado. Según el informe de la CCU, la formación de capital creció apenas 0,1% interanual en abril-junio de 2024. La menor inversión en edificios, asociada a la finalización de UPM II, fue compensada en parte por mayores desembolsos en otras construcciones y en maquinaria y equipos importados.
Inmobiliario
El mercado inmobiliario constituye otra dimensión relevante. De acuerdo a datos oficiales, se registra un aumento del 9% en los precios de compraventa durante 2024 y más de 25.000 nuevos contratos de alquiler, con mayor dinamismo en Montevideo, Maldonado y Canelones. Aunque la compraventa y los arrendamientos no equivalen directamente a nueva construcción, permiten observar el movimiento de un mercado que incide en las decisiones de inversión y en la demanda de vivienda. En este escenario, la continuidad de los proyectos de infraestructura y la aparición de nuevas inversiones resultan determinantes para la evolución del sector. La construcción depende tanto de la magnitud de los recursos destinados a las obras como de la regularidad con que se ejecutan. La transición entre grandes emprendimientos, por tanto, puede marcar la diferencia entre un período de expansión y otro de estancamiento.
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