Hace unos días, el expresidente y líder del sector más influyente dentro de la fuerza política en el gobierno, José Mujica, se animó y lo dijo: “Hay que trabajar en la inteligencia desde el punto de vista represivo. Pero también hay que afinar mucho más las políticas sociales. Tal vez menos asistencialismo y mucha más promoción de la gente joven”. ¿Por qué? Y también lo respondió: “asistir y ayudar no equivale a convencer”.
Mientras decía esto en una entrevista con el programa Desayunos Informales de Teledoce, la interna frenteamplista se transformaba en una caldera a punto de explotar, pero –claro está– los únicos que explotaron fueron los comunistas.
Y no es la primera vez que larga estos dardos sin un objetivo, porque su mira siempre es clara. Apuntó donde quiso y provocó reacciones desde donde esperaba. Tampoco es el primero –ni será el último– que brinda declaraciones a los medios de comunicación como si fuese un opositor al gobierno, mientras que dentro del partido se impone mucho más de lo que parece. Y así seguirá, a pesar de retirarse cuando dijo, si es que lo hace.
¿Qué ocurría si a esas mismas palabras las pronunciaba Luis Lacalle Pou, Pedro Bordaberry o Edgardo Novick? Las reacciones en banda contra “los rosados” hubieran sido impostergables, las redes sociales con gran llegada en la izquierda arderían sin medir consecuencias y las declaraciones a través de comunicados no se hubiesen detenido hasta ahora. Pero nada pasó porque habló “el Pepe” y las consideraciones siempre atraviesan otros lugares de mayor conmiseración.
Sin embargo, dijo lo que piensan unos cuantos uruguayos, además de él. Hace rato que las falencias en las políticas sociales causan un crecimiento de los delitos violentos, que se debe trabajar con “menos asistencialismo” y que cambiar a un ministro –en este caso Eduardo Bonomi– no cambiará nada porque los índices se incrementan sin encontrar una solución para la cual no estaban preparados ni estratégica ni políticamente.
No obstante, se confiaron. Es como si no hubiesen tenido en cuenta que las modalidades delictivas vienen transformándose desde hace décadas para integrarse a un sistema que ha resultado benévolo en penalizaciones y a una sociedad atemorizada que poco a poco abandona espacios en la comunidad porque está cansada de formar parte de las estadísticas. A pesar de reconocer la multicausalidad del problema, apunta al lugar de siempre: la educación. “Hay que rodear a la escuela, promover mucho en la escuela, hay que darle importancia a la relación.
Porque el hecho que más sorprende es que en la masa de gente carcelaria hay una inmensa mayoría de gente joven que apenas ha terminado la escuela”.
Pero, tal como lo repite uno de los más prestigiosos especialistas argentinos en educación, Emilio Tenti Fanfani, “la escuela sola no puede”. Las desigualdades sociales persisten y los modelos de vida tienden a repetirse de una generación a otra, en tanto es fácilmente demostrable las razones por las cuales se profundizan los arraigos en determinadas zonas y condiciones de vida. Y eso en Paysandú ocurre, tal como pasa en la capital.
Sin embargo, un aumento en la escolaridad no significa la mejora en la distribución de otros indicadores sociales como el salario o la vivienda. En ocasiones, la profundiza. Por eso hay que ver cómo se complementan los esfuerzos, además de lo educativo, sin caer en el discurso fácil y plagado de lugares comunes a los que nos acostumbraron en los últimos tiempos, sin analizar el escenario con la complejidad que exige. Pero, como también dice el experto, “sin la escuela no se puede”, en tanto solo el sistema educativo es capaz de contribuir con el conocimiento y actitudes básicas para esa transformaciones reclamadas.
Y a esto no lo regula el mercado, sino una comunidad comprometida y preparada para el cambio porque las sociedades anestesiadas, que piensan y votan con el bolsillo, conforman el núcleo central del problema para el que después, reclaman una solución.
Es justo decir que Mujica siempre hizo énfasis en la cultura “superconsumista” y en la tendencia a acceder a posesiones en la forma más urgente posible, con el “Compre Ya”. Pero también se debe reconocer que su gobierno destaca, en forma reiterada, los índices económicos correspondientes a “la década ganada” y toma muy en cuenta la adquisición de determinados bienes y productos para medir la riqueza y el bienestar. Que, por cierto, son cifras generales que no llegan a todos los uruguayos con igualdad ni equidad. Aunque se esfuercen en explicarnos las diferencias existentes entre un término y otro.
No es raro, ni tardó en comprender que “asistir y ayudar no equivale a convencer”.
Lo sabía, lo tenía muy claro, pero lo dejó pasar. Porque las políticas sociales no convierten a los beneficiados en esclavos de un sistema, tal como ocurrió. Ni provocan una dependencia en personas que ahora no necesitarán de un convencimiento, tal como también ocurrió. Porque esa profundización de la brecha los obligará a votarlos nuevamente. Y a esto, claramente lo sabe.
Por eso en el último “Desachate” –el evento que convoca a la industria de la publicidad en Uruguay– destacaron su figura. No solo porque lidera los horarios “prime time” cada vez que habla y mantiene entretenido a un público que reacciona tanto con el enojo como con el beneplácito. Sino por algo más que hay que buscar en la naturaleza humana y es que sabe decir lo que un público quiere escuchar.
Si todos queríamos escuchar que el Estado tiene que ejercer menos asistencialismo, entonces vino y lo dijo. Si todos queríamos escuchar que hay que trabajar más desde lo represivo, también lo manifestó. ¿Sus declaraciones moverán la aguja? Y, habrá que ver desde qué lugar habla la próxima vez.

