BARRANCA ABAJO
Las últimas noticias sobre cierre de empresas arraigadas en el país causan estupor y reflexión. Me refiero a Fleischman, Colgate-Palmolive, sumado a Pili y Caputto. Si se piensa en la mano de obra que ocupaban las mismas y las familias que dependían de ese sustento, se hiela la sangre cuando no se avizora dónde irán a parar esas personas en un país sin oportunidades laborales. Estas empresas instaladas desde hace decenas de años, habiendo estado y sobrevivido a varias crisis (la del 2002 por ejemplo, donde los que hoy gobiernan pedían a gritos el default), hoy pegan un portazo fatal. Sin embargo, desde el gobierno se insiste en la mitomanía del “vamos bien”, pero en realidad, es un gobierno que se ha quedado sin ideas, su techo es evidente, no existe rumbo claro; desde su experiencia en reflotar empresas públicas fundidas gestionadas en forma improvisada fracasando y utilizando dineros públicos como nunca, salen con mata fuego, no a solucionar los problemas micro económicos sino a criticar a través del partido político del gobierno –Pit Cnt–, el cual se dedica a defenestrar los mecanismos de cierre de empresas (Abdala), en vez de realizar tratativas o interceder ante el gobierno para solucionar un problema caro al país y que según sus dichos nos encontramos en crecimiento (Astori), aunque se siguen yendo empresas perjudicando al Pueblo. Ni siquiera el Ministro Murro, puede hilvanar una respuesta concreta declarando “hay que fijarse en las empresas que abren”; si no fuese un tema serio, esta respuesta caería en la jocosidad y quizá sea manejada en algún comité (los que quedan). Pero lo cierto es que el Gobierno carece de un proyecto económico, no existe un rumbo concreto para solucionar situaciones que afectan en el tiempo directamente a gente laburante, y que el Presidente de turno no propone nada en absoluto, prefiriendo que sus representantes salgan a tratar de minimizar la cuestión. Lamento presenciar que estas empresas se caigan a pedazos y prefieran importar para abastecer un cada día más escuálido mercado interno, evidencia de que nunca existió el publicitado país productivo que a cuatro voces pregonaban, siendo un latiguillo electoral.
El Estado se ha convertido en un socio caro y pesado, donde emprender es más caro que importar, y donde las fuentes de trabajo cada vez son menos y el futuro, el cual debe ser garantizado por los gobiernos, hoy se encuentra más lejos que antes. Habrá voces que discurrirán en que los privados manejan mal sus empresas, sin reconocer que el Gobierno es quien debe generar las condiciones necesarias para fomentar la igualdad entre todos para que todos podamos ser emprendedores y no fracasar en el intento. El Gobierno hoy esta sordo y ciego, sigue sosteniendo el discurso de una realidad imaginaria que solo sus partidarios aceptan, cuando se autoproclamaron como los mártires del cambio, de los únicos que tenían la receta de un mejor país, pero parece que se le borraron las letras y no consiguen enderezar el timón, ni en seguridad, ni en educación, ni en salud, ni siquiera en política exterior donde se hamacan para el lado que sople el viento, creyendo que con eso mantienen una posición destacada en el mundo, confundiendo hasta a la misma oposición. Por eso lo del título, un país deficitario, sin políticas claras de desarrollo y costoso, comparando con los países de la región, un país barranca abajo.
Miguel York Olaso

