Tal como había sido anunciado con bombos y platillos a través de los diversos medios masivos de comunicación y redes sociales, el pasado viernes 1º de marzo el presidente de la República, Tabaré Vázquez, realizó su pretensioso acto de masas en el estadio multifuncional denominado “Antel Arena”. El objetivo de la convocatoria era presentar el documento denominado “Rendición de Cuentas” del año 2018, aunque durante el mismo el mandatario analizó los cuatros años de gobiernos de su segundo período presidencial. Es importante tener en cuenta que la “Rendición de Cuentas” no es una creación del Frente Amplio sino que se trata de una sana práctica democrática que se realiza también en otros países. En Estados Unidos, por ejemplo, el presidente debe pronunciar anualmente, ante la Asamblea General, el llamado “Discurso sobre el Estado de la Unión” el cual despierta lógica expectativa en todo el ambiente político, económico y social de la nación norteamericana. Incluso el presidente la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, realiza este tipo de presentaciones ante los miembros del Parlamento Europeo en la ciudad francesa de Estrasburgo. En todos los casos, el evento tiene un profundo sentido democrático y republicano, ya que la persona que ha recibido la mayor responsabilidad de un país o espacio supranacional acude ante los representantes de sus gobernados para explicar los detalles de su gestión en el período anual inmediato anterior. Tratándose de un presidente que, como el uruguayo, ha sido electo en comicios libres y cuenta además con mayoría parlamentaria, lo que hubiese correspondido es que la “Rendición de Cuentas” hubiese sido presentada en el lugar lógico y natural para ese tipo de evento, el Parlamento y más concretamente frente a la Asamblea General, ámbito compuesto nada más y nada menos por quienes también son legítimos representantes del pueblo. Esto es así porque en Uruguay existe una democracia representativa.
Lamentablemente, el presidente Vázquez y el Frente Amplio transformaron un evento que debió haber sido para toda la ciudadanía en un acto para los frenteamplistas. La asistencia de votantes del Frente Amplio fue cuidadosamente organizada desde distintos puntos de la ciudad de Montevideo e incluso del Interior a través del “acarreo” gratuito en ómnibus, una práctica que fue históricamente criticada por la coalición de izquierda pero que ahora practica en forma habitual y sin tapujos. Las redes sociales han dado prueba en los últimos días de las múltiples convocatorias que se llevaron adelante para apoyar “al compañero Presidente” y lograr una convocatoria y un claro acto político partidario, durante el cual el propio Vázquez expresó “los que estamos en la contienda electoral”, “olvidándose” que la actividad político partidaria le está prohibida constitucionalmente.
Descartada la posibilidad de que el presidente Vázquez “diera la cara” en el Parlamento –es por todos conocido su rechazo a que se le contradiga en público o siquiera que se le diga cualquier cosa que no quiera escuchar–, debía buscarse un lugar que permitiera alejarse lo más posible de los parlamentarios de la oposición –quienes tienen la “desagradable costumbre” de no pensar como Vázquez y sus seguidores–. El lugar finalmente elegido fue el “Antel Arena”, el cual se ha transformado en “un santuario frenteamplista” cuyo uso en este caso permite una cantidad de lecturas. Resulta oportuno recordar, asimismo, que diversos constitucionalistas e incluso del Tribunal de Cuentas expresaron en su momento que la iniciativa de Antel de construir el “Antel Arena” era inconstitucional, al igual que su funcionamiento, pero el Frente Amplio optó por hacer caso omiso nada a esas opiniones y construyó. Por lo tanto podríamos decir que el presidente realizó una presentación político partidaria inconstitucional, en un edificio cuya construcción no respetó las normas legales vigentes en materia de gastos y competencias institucionales. Todo un acto de soberbia y falta de respeto a la democracia y las instituciones.
En efecto, se trata de una obra con nombre y apellido, el de la precandidata presidencial por el Frente Amplio Carolina Cosse quien durante varios años impulsó –contra viento y marea y también contra las más elementales normas de transparencia, disciplina fiscal y buena administración– una obra cuyo verdadero significado los agotados contribuyentes que nunca podrán pagar las caras entradas a los espectáculos que se realizarán en el mismo, recién alcanzan a comprender: el “Antel Arena” es, ni más ni menos, un monumento al ego de la exministra Cosse y un instrumento para respaldar su campaña política. Ante la incapacidad de Daniel Martínez de mostrar una obra de peso realizada durante su gestión como Intendente de Montevideo (su gestión como presidente de Ancap es cuidadosamente “olvidada” por el gobierno) y frustrada su intención de transformar a la exestación de trenes “General José Artigas” en una especie de Silicon Valley, Martínez mira con “la ñata contra el vidrio” este publicitado “logro” de Cosse.
Al igual que en el discurso del presidente Vázquez, en la obra del “Antel Arena” se ha ocultado de manera intencional una cantidad de información a cuyo acceso los ciudadanos tienen derecho. Una obra cuyo costo inicial era de 40 millones de dólares terminó costando más de 80 millones –se estima incluso que superó los 100–, y para evitar rendir cuentas sobre la forma en la cual se gastaron ese dinero, el directorio de Antel declaró la información como “reservada”, ocultamiento que contó con el apoyo de la entonces ministra Carolina Cosse. Al igual que en otras áreas tanto de la Administración Central como de los entes autónomos, servicios descentralizados, sociedades anónimas con participación estatal y comisiones parlamentarias de investigación, el Frente Amplio ha impuesto con una dura pero efectiva “ley mordaza” que le impide a los ciudadanos saber en qué se gastan los impuestos que le cobra el Estado. Es paradójico que una supuesta “Rendición de Cuentas” se realice en un lugar físico como el “Antel Arena”, cuya principal característica ha sido el despilfarro y la falta de control y transparencia.
Todos estos elementos dejaron al descubierto que el acto del 1° de marzo en el “Antel Arena” se trató ni más ni menos que de un acto del Frente Amplio, utilizando para ello espacios públicos y con costo anunciado de 17.500 dólares, aunque nunca podrá saberse su costo real porque seguramente esa información también será considerada como “reservada” para mantener protegido el manejo opaco de dineros que son de todos.
Nada de esto debería sorprender al lector. Desde el año 2005 las sucesivas administraciones frenteamplistas han dejado de festejar las fechas patrias o han transformado dichos festejos en eventos deslucidos y carentes de sentimiento patriótico e incluso se ha cambiado su nombre y naturaleza tal como ha sucedido con el aniversario de la Declaración de la Independencia (25 de Agosto), que desde las redes y desde los órganos partidarios frenteamplistas se presenta como “el Día del Comité de Base”. Todo esto demuestra que el presidente de Tabaré Vázquez ha decidido, hace ya mucho tiempo, dejar de ser el presidente de todos los uruguayos para transformase en el presidente de todos los frenteamplistas, amenazando o “escrachando” en los medios a todos quienes lo contradigan como sucedió hace algunos meses con un colono en la puerta del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Tabaré Vázquez gobierna con frenteamplistas, por frenteamplistas y para frenteamplistas. Todos quienes no son frenteamplistas están del otro lado de la “grieta” que el Frente Amplio ha creado y cuya llama mantiene encendida por motivos electorales. Impulsado por una soberbia que le impide reconocer que quienes no votan al Frente Amplio son tan uruguayos como él y tienen sus mismos derechos, el presidente Vázquez traiciona de manera consciente aquel que debería su primer deber: gobernar escuchando y respetando la opinión de todos los uruguayos, porque ese constituye el pilar de una democracia. Al fin y al cabo no sólo hay que repetir en forma mecánica y oportunista las frases del General José Artigas, hay que llevarlas a la práctica porque como dijo nuestro máximo héroe nacional: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”.

