Reflexiones en momentos de pandemia

En medio de una coyuntura sanitaria, social y económica, no debe haber ni un atisbo de política rastrera. Y en este punto, para ser claros, no hablamos de alta política o baja política. Porque los politólogos definirían a la primera como los asuntos que representan a la soberanía, los intereses nacionales o a las fuerzas militares; y a la segunda, como la política cotidiana.
Pero aún podemos parafrasear a Napoleón Bonaparte, cuando en el siglo XIX se refería a la alta política como el “sentido común aplicado a los asuntos importantes”. Si no, veamos sobre cuáles asuntos discuten nuestros políticos en un momento histórico como el actual.
Como sea, nunca debemos perder de vista que los cargos parlamentarios o ejecutivos en un gobierno no vuelven más inteligentes o buenas personas a quienes ocupan esas sillas. La responsabilidad, en todo caso, es colectiva porque el voto es el poder ciudadano en sí mismo, y Uruguay ha dado muestras de que las mayorías no siempre aciertan. El propio expresidente Tabaré Vázquez lo ha señalado, específicamente en torno a las reiteradas consultas populares sobre la Ley de Caducidad.
Para liderar en la alta política son necesarias las ideas claras, el pulso firme y, sobre todo, el sentido común. No es necesario gritar todo el tiempo cuán demócratas somos, sino ejercerlo a diario, hasta en las cosas más pequeñas. Y si no brota desde arriba, entre los tres poderes, es dificultoso que fluya hacia abajo y, encima, se entienda su significado.
Desde su residencia de la calle Buschental, el expresidente cuestiona al ministro del Interior, Jorge Larrañaga, y pregunta, “con mucho respeto: ¿Seguirá el ministro pensando que tiene que dar un paso al costado e irse o sino que lo tiene que sacar el presidente? ¿Estarán los medios de comunicación tan dispuestos a repetir esta frase como lo hicieron en marzo de 2019?”.
Ni una cosa, ni la otra, cuando van cuatro meses de gestión.
Sin embargo, podría responderse que sí en el caso que Larrañaga continuara siendo ministro del Interior dentro de 10 años, que es el tiempo que estuvo el exministro Eduardo Bonomi (201-2020) al frente del Ministerio y con un presupuesto tan importante como nunca antes.
Luego de mostrar las cifras de delitos y su comparativo con los meses correspondientes al año anterior, Vázquez dejó por el camino una cantidad de cuestiones que correspondieron a su gobierno e incluso al de José Mujica.
Podríamos comenzar entre 2005 y 2006, con la liberación masiva de 756 reclusos (el 10,4% del total) efectuada por el entonces ministro José Díaz, enmarcada en la Ley de Humanización del sistema carcelario. Fue aquel jerarca creador de la explicación basada en la “sensación térmica” ante los reclamos por el incremento de la inseguridad ciudadana. O el proyecto de ley para una nueva liberación de presos que impulsaba el gobierno de Mujica en 2011, para aliviar el hacinamiento crítico de las cárceles.
Entonces allí comenzamos a entender la razón de sus cuestionamientos. Una polémica no puede tener una base tan frágil, fundamentalmente por quién lo dice. Citar por ejemplo que “no hay un solo indicador económico, social ni de ningún tipo que no haya mejorado sustancialmente desde 2005”, es subestimar la inteligencia de quien mira o escucha.
Es notorio que no lo es, pero a nivel global ningún país del mundo, en medio de una crisis sanitaria, social, económica y –en algunos países– hasta política. Porque la falta de liderazgo, a nivel global, ha sido notoria. Atravesamos como humanidad una contingencia en la que cada país debió rebuscarse a su manera, sin un manual ni una lógica, y resolver de acuerdo a su propia idiosincrasia. Porque al mundo moderno no le había ocurrido algo parecido al menos en los últimos 100 años.
No querer verlo desde este punto es reconocer que Vázquez solo se dirige a un público específico, su público, que aplaudirá sin cuestionar las razones de por qué llegamos hasta aquí de esta forma y no de otra.
En otra recorrida virtual elexpresidente aseguró que “no vamos a ganar una elección con los medios”, sino en una recorrida por el país. Claramente no será posible comunicar con la utilización continua de ironías, con llamados a conferencias de prensa sin preguntas o con respuestas de cualquier tipo a preguntas concretas, tal como fue su estilo.
Es también materia de interesante análisis su reflexión acerca de que su fuerza política ha “acompañado las medidas del gobierno” en materia sanitaria, y que el gobierno pudo tomarlas “gracias a los pilares que dejó el FA”.
Enumeró el Plan Ceibal (la mitad de los escolares no se conectó a ninguna plataforma durante la pandemia) o el Sistema Nacional Integrado de Salud, que permitió enfrentar la situación “con tranquilidad, sabiendo que tenemos ciudadanos amparados por un sistema de salud”.
En realidad el control estratégico y preventivo registró, en comparación con la región, pocas atenciones e internaciones en hospitales y sanatorios. Los controles utilizados son los hisopados para la detección de contagios, con el consiguiente aislamiento y seguimiento de los casos. Todo a cargo de un equipo de científicos de primera línea que basa la respuesta sanitaria del gobierno, en procedimientos matemáticos que aplican criterios demográficos y testeos masivos en los focos de influencia, que permiten el aislamiento de los casos positivos.
En cuanto a insumos médicos en marzo, y a pocos días de comenzada la emergencia sanitaria, en un depósito del puerto de Montevideo fueron encontrados miles de guantes, mascarillas, tapabocas y máscaras de oxígeno, que esperaban desde setiembre del año pasado. Una cuestión que exime de cualquier tipo de comentario en un país con recursos escasos y necesitado del apoyado de las oenegés que a nivel internacional han dado una mano solidaria.
El expresidente sabe todo esto. Aún así, resulta extraño que acceda a aparecer en este contexto y con esas reflexiones.

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