Deslealtades

Hay días en los que da la impresión de que estamos tocando fondo, o que nos acercamos a hacerlo, porque nunca se sabe dónde efectivamente queda el fondo, o si incluso hay un fondo que tocar antes de comenzar a salir de nuevo a flote. Esta semana, sin ir más lejos, las noticias nos permitieron recoger una seguidilla de ejemplos de deslealtades serias, de las que ponen a las personas en riesgo.

Uno de estos ejemplos está, en realidad, en investigación. Una profesional de una mutualista de la ciudad de Mercedes fue separada de su cargo por una presunta irregularidad en la aplicación de vacunas contra el meningococo. La información la difundió la agencia Agesor, que publicó que la mutualista Cams separó preventivamente de su puesto a esta enfermera, que se desempeñaba en el vacunatorio de la institución y que, de acuerdo con la información primaria, habría comercializado dosis de vacunas que no aplicaba a los pacientes. Según Soriano al Día, esta enfermera habría aplicado inyecciones de suero fisiológico a algunas personas, en lugar de la dosis de vacuna que les correspondía. Así, se apropiaba de las vacunas que no aplicaba y las habría comercializado por su cuenta.

Otro ejemplo de deslealtad es el que vinculó a profesionales de diferentes ramas en una red que aparentemente involucraba a abogados, policías, inspectores municipales y profesionales de la salud, que canalizaban a las víctimas hacia abogados especializados en casos de accidentes de tránsito a cambio de una retribución, una comisión, digamos.
La investigación que llevó adelante la Fiscalía Departamental de Toledo (Canelones), en coordinación con la Fiscalía Especializada en Delitos de Crimen Organizado, terminó con la condena de diez personas y la imputación de otras dos, pero tuvo a más personas indagadas. Estas personas obtenían información de quienes habían sufrido siniestros de tránsito y la proporcionaban a los abogados que los captaban como clientes.

El Ministerio del Interior estimó que la maniobra rondó el millón de dólares.
Diez de los involucrados fueron condenados como autores y coautores de un delito de asociación para delinquir, en concurrencia fuera de la reiteración con reiterados delitos de cohecho calificado especialmente agravados y reiterados delitos de uso indebido de información privilegiada especialmente agravados. Dos de los condenados también lo fueron por un delito de acceso ilícito a datos informáticos, en calidad de coautores, y uno de ellos fue además condenado como autor de un delito de amenazas. Afrontan penas que van de los dos años de penitenciaría a los tres años y tres meses, y deberán abonar multas de entre 50 y 200 UR.
Los “abogados caranchos”, como se los denominó, recibían el aviso de parte del personal de emergencias médicas cada vez que se producía un accidente con personas heridas. Accedían a los nombres de las víctimas, el lugar de internación o domicilio, y también a los números de contacto. Una vez que se comunicaban con las víctimas, les ofrecían gestionar la indemnización del Seguro Obligatorio de Automotores (SOA). En caso de que aceptaran, y se cobrara una indemnización, un porcentaje de lo obtenido era repartido entre el abogado y quien había proporcionado la información.

El otro caso muy sonado al que asistimos esta semana fue el del hallazgo de una habitación oculta dentro del estadio del Club Atlético Peñarol, donde se disputó el reciente partido clásico solo con parcialidad locataria. En ese espacio se escondieron elementos de pirotecnia y banderas que excedían las dimensiones permitidas para el ingreso al escenario —porque debajo de ellas se pueden ocultar personas que cometan ilícitos o arrojen elementos desde la tribuna—. Durante el transcurso del encuentro, perforaron esa falsa pared y comenzaron a extraer estos elementos, algunos de los cuales fueron empleados para atacar a la Policía, como se pudo apreciar en varios videos que circulan sobre estos altercados. Dentro de esa pieza también hallaron camisetas y emblemas de los clubes Nacional y Cerro, “trofeos de guerra”, como se los denomina coloquialmente, que se emplean para provocar y generar más violencia, a la postre.

Lo más reciente al respecto fueron los cruces de declaraciones entre directivos de la institución aurinegra sobre el apoyo de parte de la dirigencia a quienes protagonizan este tipo de situaciones. De alguna forma, las personas que introdujeron los elementos irregulares y construyeron esta pared ingresaron al escenario portando una carga significativa. Difícilmente pudieran entrar sin contar con la complicidad de alguien que les haya franqueado el paso o que, cuando menos, hiciera la vista gorda frente a semejante irregularidad. Apenas tres casos acumulados en muy pocos días, en los que varias, muchas, demasiadas personas se apartaron de sus responsabilidades para sacar partido, obtener beneficios propios, en perjuicio de los demás. Es como para no dejar pasar la oportunidad de llamar la atención sobre lo borroneados que están algunos de los rasgos de los que solíamos jactarnos como uruguayos.

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