La recuperación vendrá desde el sector privado

La realidad ha demostrado, por si todavía hacía falta, que la economía y el COVID-19 no se llevan bien, y que pese a ser una patología que es de relativa menor gravedad para la enorme mayoría de la población, su capacidad de transmisión y de afectación a personas susceptibles, sobre todo de grupos de riego por factores de edad y comorbilidades, ha demostrado ser temible y ello explica que el mundo haya cambiado radicalmente luego de desatada la pandemia, hace poco más de un año.
Claro, la contradicción con la economía no responde intrínsecamente a un factor sanitario, sino que se da por las medidas adoptadas para contener su diseminación; y ello explica que la reducción de la movilidad, del transporte, del turismo, de las reuniones, de los espectáculos masivos, de los aforos en lugares cerrados de esparcimiento y otros ámbitos, hayan resultado demoledores para las economías de países más vulnerables, entre los que se incluye naturalmente a Uruguay.
No puede extrañar por lo tanto que en una problemática sanitaria que arroja centenares de miles de muertos, en Europa, Estados Unidos, entre otras regiones con gran capacidad económica, estén sobrellevando la crisis en base a sus reservas de recursos, aguardando que una vacunación masiva determine la perspectiva de superar la crisis, en tanto en la región sudamericana, fundamentalmente, a la crisis sanitaria se suma el devastador golpe económico, que ha hecho que por ejemplo en Uruguay la economía cayera un 6 por ciento durante 2020, el primer año de pandemia.
Precisamente, al comentar el escenario sudamericano, el consejero delegado del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) James Scriven, considera que el efecto económico de lo que denominó como una “tormenta perfecta” que ha sacudido en los últimos 12 meses a Latinoamérica no se verá hasta dentro de al menos un año, pero los indicadores apuntan que será “devastador y desproporcionado”.
Aseguró asimismo que BID Invest, el brazo para el sector privado del Banco Interamericano de Desarrollo “es parte de la solución, que tendrá que ser verde e inclusiva. Tenemos una oportunidad muy grande de reequilibrar nuestras economías. Cualquier bibliografía demuestra que la inclusión de mujeres tiene un impacto exponencial sobre nuestras economías”, según da cuenta El País.
Advirtió que también hay que hacer un trabajo “mucho más inclusivo de minorías que no han sido beneficiadas en el pasado. Un 20 por ciento de la población latinoamericana es afrodescendiente. Trabajar junto con esas comunidades y proporcionar más acceso a financiamiento, es parte de nuestra iniciativa verde e inclusiva”.
Consideró que la pandemia “ha sido un huracán que pasó por la región y que se ha sumado a la peor temporada de huracanes del Caribe y Centroamérica así como a la crisis migratoria que sigue existiendo en la región. Se ha producido una tormenta perfecta y todo el grupo BID está volcado absolutamente para poder ayudar a nuestros países”, a la vez de subrayar que “los indicadores señalan el efecto devastador y desproporcionado que está teniendo la pandemia en nuestra región”.
Observó el jerarca en esta línea que pese a que todavía no ha sido difundido el informe oficial del organismo sobre la situación, la realidad a la que se enfrenta la región es algo que nunca había ocurrido: “no creo que haya visto una crisis de esta magnitud en los más de 60 años del grupo BID. No hay ningún ejemplo. Ha habido crisis puntuales en algunos países, pero nunca en los 26 países que conglomeran el Grupo BID”.
Agregó que mientras se está en la etapa de establecer una cobertura con vacunación para contener la pandemia y revertir su avance, “el impacto de la crisis económica lo vamos a ver en el próximo año o 18 meses”, pero a la vez destacó que “esta va a ser una recuperación liderada por el sector privado”, en tanto “la situación fiscal y los temas sociales van a ser la gran prioridad de los países, y es por esto que algunos no van a tener el foco o el espacio para estar concentrados en la recuperación económica. Muchos de los países, y de forma acertada, están focalizados en contener el problema sanitario y vacunar a las poblaciones, y como ciudadano latinoamericano, aplaudo ese esfuerzo de todos los gobiernos”.
Pero consideró que “también hay inversiones de mediano y largo plazo que requieren hacerse y que varios de los países no van a tener espacio para poder hacerlo”, por lo que el organismo financiero regional apuntará a financiar inversiones en los sectores financiero, corporativo e infraestructura de energía, fundamentalmente canalizando financiación a bancos de la región para que éstos lleguen a las mipymes, “que son la columna vertebral de cualquier economía latinoamericana”.
De lo que no hay ninguna duda, como ha mencionado el jerarca, es que si bien la crisis sanitaria tendrá aún mayor impacto negativo en la economía de las naciones de la región, el camino de reactivación pasa por el sector privado, a través de la inversión que cree fuentes de empleo y consecuentes mercados de consumo, para establecer un circuito virtuoso que mejore la calidad de vida en la región.
El papel del Estado deberá centrarse en atemperar el impacto mientras tanto, a la espera de que desde la creación de riqueza por el sector privado se logre la solución real. Pero sin olvidar que el Estado no solo es parte, sino la mayor parte del problema en la región, porque no solo no crea riqueza, sino que por regla general tiende a malgastar los recursos que se generan desde los actores privados, desde los emprendimientos de riesgo. A su vez la fuerza de trabajo privada paga con desempleo y pérdida de ingresos las consecuencias de la pandemia, mientras el empleado estatal mantiene su estatus y su empleo a través del aporte de los actores reales de la economía.
Porque no debe olvidarse que todo lo que se gasta desde el Estado en asistencia social, en planes de contingencia en estas horas, sale del esfuerzo y también el deterioro de la calidad de vida en el sector privado, como se ha visto en esta pandemia.

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