¿Cómo te lo digo?

Por obvias razones, los seres humanos somos muy “visuales”, es decir nos valemos del sentido de la vista para la mayoría de nuestras acciones y hasta lo reflejamos en el uso del lenguaje al referirnos a los otros sentidos. Por algo, en pleno diálogo con otra persona son frecuentes frases tales como: “¿ves lo que te digo?”; “viste, te lo dije”; “mirá que suave tiene el pelo”; “¿viste qué rico está el almuerzo? Claramente al mirar el almuerzo no sabremos si está sabroso, pero seguro nos “entra por los ojos”.

Tanto ver y ver, que nos olvidamos de escuchar. Y cuando decimos escuchar u oír, no podemos dejar de pensar en esas orejitas que como radares están atentas a los más mínimos sonidos que emitimos, o a los ruidos del ambiente, y todo (todo) cobra significado.

Como ya les he explicado, la vista es uno de los sentidos menos importantes para el perro. Nada que ver con el olfato, que es el principal, o el oído, que es una de las herramientas más fabulosas de la especie. Ahora bien, no vamos a extendernos hoy en analizar la maravilla que supone en sí misma esa cualidad, sino en cómo los tutores y familia debemos tenerla en cuenta a la hora de nuestra convivencia diaria.

Seguramente a todos nos ha pasado que, estando la criatura aparentemente más dormida que una piedra, el solo hecho de tomar las llaves para salir detona una bala de cañón con cuatro patas, que en un abrir y cerrar de ojos estará esperando junto a la puerta, justo en medio del camino, con cara de “¿salimos?” O que el solo hecho de tomar la bolsa de ración o una bolsa de papas chips –si es que lo han acostumbrado a tan poco saludable maña– haga aparecer por arte de magia unos hocicos enloquecidos a su alrededor.

Estos y otros sonidos son puramente contextuales y ocurren habitualmente en el ámbito donde se mueve el perro, por lo cual se ha acostumbrado y ha asociado cada uno con la consecuencia que acarrea, sea buena o mala, rica o asquerosa, le guste o no le guste.

Ahora, ¿qué pasa con aquellos sonidos específicamente dirigidos al perro? Por lo general se trata de la voz humana, y solo ocasionalmente un silbato u otro tipo de artilugio pero a niveles que ya no son domésticos.

CUIDAR EL TONO, EL VOLUMEN, LA FORMA

A nadie es ajeno que el tono que usemos tiene mucho que ver con la respuesta del perro, porque se trata de –una vez más– una asociación que el animal establece ante un hecho repetido a lo largo del tiempo con un resultado equis. Tampoco es desconocido para nadie que el lenguaje infantil arroja mejores resultados que las expresiones duras o autoritarias, que la voz “chillona” bien dirigida –como la que se usa para comunicarse con los bebés– genera respuestas mucho más amables que una expresión cortante y de voz grave.

Es entonces el punto en que nos damos cuenta de cuán importante es el sonido en la vida del perro, sobre todo el que están esperando de nosotros todo el tiempo.
Para el humano, ver el perro es lo primero; no se ocupa tanto de escucharlo y menos olerlo. Para el perro es diferente, pues un hombre ante sus sentidos –vieron que no dije “ante sus ojos”—es primero un olor y después una imagen y un sonido.

Tengamos siempre presente que, por más que humanos y perros somos extremadamente parecidos, aún así percibimos el mundo de manera diferente. Los sentidos son clara muestra de ello.

Entonces, ¿cómo podemos lograr acercarnos un poco más a su forma de percibir el mundo? Cuidando, por ejemplo, la forma, el volumen y el tono en que le hablamos. Por supuesto que no vamos a estar pensando diez veces antes de hablarle, pero podemos trabajar en varios aspectos e incorporarlos naturalmente en cierto tiempo:

  • Lo primero, como siempre, es ser consistente. La inconsistencia en todo lo que hagamos con el perro ¡es la gran enemiga! No lo olviden.
  • Tener presente que menos es más. Es decir, hablemos menos y nuestro perro nos entenderá más.
  • Prestemos atención al tono. Los resultados serán mejores con un “dulce” tono de voz. Algunos animales prefieren que les hablemos casi “en secreto”.
  • Ojo con el volumen. Un perro no es un niño. Los adultos tendemos a hablarle más fuerte a un niño si no nos presta atención o no entiende lo que le decimos. No incrementemos el volumen cuando no logramos la atención de un perro. Según la circunstancia puede ser inútil y muchas veces contraproducente.

Por supuesto que todo esto que les comento ha sido comprobado científicamente (sí, amo la ciencia), y se los cuento en base a información brindada por las reconocidas Alexandra Horowitz y Patricia McConnell, cuyas publicaciones recomiendo especialmente.

¡De manera que a practicar se ha dicho! Espero sus comentarios, para que todos podamos ser, de una buena vez, el mejor amigo del perro.

El diván de Eragon

¡Hola, humanoamigos! Ssshhh, hablen bajito que no es necesario gritar para que nuestros sensibles oídos los capten.

¡Es tan cierto esto que les cuenta hoy mi Huma! Muchas veces ustedes se molestan porque ladramos y nos gritan; entonces nosotros creemos que ustedes se están sumando a nuestros ladridos. ¡Y qué orquesta podemos armar! ¡Qué divertido, jamás nos callaremos!

Por eso es que cada viernes intentamos que entiendan que como especies somos súper parecidos pero a la vez nuestra percepción del mundo es bastante desigual. Y en cuanto al uso del sentido del oído la diferencia es notoria.

Imagínense que su cachorro se aleja peligrosamente… pónganse por un instante en el lugar de esa criatura. Imagínense que el humano les grita a viva voz como enojado y hace ademanes terribles, ¿ustedes volverían a su lado? No tengo más preguntas, Su Señoría (perdón, que esto no es un juzgado).

Los perros somos seres realmente sensibles en cuanto al sonido, eso es innegable. Es lo que estamos comentando con mi invitado de hoy, Bastián, que precisamente pertenece a una raza muy sensible en todo sentido, y en este momento necesita una familia que entienda eso y esté dispuesta a recibir a cambio una dosis de infinito amor.

Es que su gran sensibilidad hace que se muestre sumamente amistoso con otros perros y personas, por lo que será el compañero ideal para familias numerosas. Quien desee adoptarlo solo deberá comunicarse al WhatsApp del diario, 099334433, donde también recibimos sus mensajes para participar de mi Diván. ¡Los espero!

 

 

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