La costumbre desplazó hábitos saludables; optimización de gastos en la pospandemia

El Día Mundial de la Alimentación, establecido por las Naciones Unidas desde la creación de la FAO en 1979, pone en discusión la accesibilidad de los sistemas alimentarios en el mundo pospandemia. El organismo internacional remarca las cifras: unas 690 millones de personas sufren hambrunas y son 10 millones más que en 2019. La contingencia sanitaria aumentó la cifra entre 83 y 132 millones de personas más.

La recesión económica y social profundizó las desigualdades ya existentes antes del coronavirus. Remarca la fragilidad del tejido social en algunas comunidades y la alteración de los sistemas ya sensibles. Este marco de circunstancia predispone a un análisis, en cuanto a la necesidad de trabajar en forma colectiva por un futuro más sostenible. Sin embargo, una mirada al entorno ambiental ayudará a explicar los efectos de los contaminantes en el aire y suelo, ante los perjuicios para el cultivo de los alimentos.

Uruguay no es ajeno a esta realidad y las ventajas de su territorialidad y baja densidad de población, en comparación a otras naciones, ubican al país como un gran productor de alimentos. De acuerdo a la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), actualmente produce para 30 millones de personas y cuenta con la capacidad necesaria para 20 millones más. La creciente urbanización demanda nuevas formas de alimentación y una estrategia de llegada, ante vulnerabilidades económicas y alimentarias aún no resueltas.

Cuidar la alimentación

La licenciada en Nutrición y Jefa del Servicio de Alimentación de Comepa, María Rotti, reconoce que la vorágine de la vida moderna le quita tiempo a una correcta alimentación.

“Con los tiempos que corren, ambos –el hombre y la mujer– salen a trabajar y de alguna forma se han perdido ciertas cosas. Los tiempos son más cortos, las familias se reúnen en un solo momento del día. A veces es solo la cena y el almuerzo pasa a ser un rato. Los nuevos ritmos influyen en las preparaciones”, asegura.
El incremento del consumo de comidas procesadas influye en el organismo y las consecuencias son visibles. “Han traído enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, obesidad y sobrepeso. Son cada vez más jóvenes y, si antes decíamos que eran patologías de personas mayores, hoy encontramos a niños con estas enfermedades”. Rotti señala que “el alimento tiene un rol socializador y el uruguayo le da ese rol. Pero hacemos al revés, y la cena debería ser más liviana, porque enseguida nos vamos a descansar y no se gastan esas calorías. Quedan en exceso en nuestro organismo, no se metabolizan y se acumulan donde no queremos. Por ejemplo en el abdomen”.

La coordinación en la familia es necesaria, tanto como poner atención en la cocina. “Hay que ver las frutas de estación porque son más ricas, estarán a mejor precio que otras y tener en cuenta que pueden hacerse preparaciones que no llevan mucho tiempo. Incluso, a veces, hay que insistir con los niños para que coman frutas y verduras”.

Y recuerda que la ingestión debe ir en descenso durante el día: “Al comienzo, debemos tratar de desayunar bien, almorzar y merendar. Que la cena sea de frutas y verduras, de acuerdo al tiempo que viene porque se digieren más rápido”.

El clima repercute en nuestro organismo y fundamentalmente el aparato digestivo. “Tenemos temperaturas muy extremas. Es necesario disminuir las frituras y hacer ejercicio. Algo, por poco que sea, es necesario para sacar a los niños de las pantallas, donde pasan mucho tiempo sentados. Puede ser una caminata los fines de semana en familia, o pueden hacer actividades físicas al menos tres veces por semana”.

El equilibrio

Los “permitidos” son ocasiones, pero no deberían formar parte de la dieta diaria. “Puede darse una hamburguesa a la semana a un niño. La cuestión está en el equilibrio y el fin de semana puede ser el momento para decidir ese permitido, pero que no sea todos los días”.
Además, las opciones de vida para alimentarse, son válidas. “No veo mal a otras formas alternativas de alimentación, como el vegetarianismo. Solo hay que suplir las proteínas de los alimentos que vamos a dejar de consumir”.

En forma paralela, la publicidad también ejerce influencia en los consumidores, a cualquier edad. “La publicidad de los azúcares ingresa más a los niños por las golosinas, alfajores o refrescos. Existe el nuevo etiquetado que alerta por exceso de azúcar, sal o grasas, pero las personas no se fijan mucho”.
Sin embargo, hay una población que requiere que estas advertencias sean visibles. “Veo a las personas mayores, sobre todo diabéticas o hipertensas, que no pueden distinguirlos. Entonces, tienen que buscar el sello de ADU (Asociación de Diabéticos del Uruguay) a modo de ayuda en la confusión”.

Consultada por el régimen de etiquetado en los productos, señala que “falta mucho, pero es un principio. Hay que empezar por algo, para que la gente tome conciencia de lo que consume”. Algo similar ocurre con la sal. “Es posible evitar el salero sobre la mesa. La comida no tiene que tener sal en exceso y a eso hay que acostumbrarse desde niños porque todo comienza con el paladar. Los niños no tienen idea, pero si se acostumbran, después tendrán el hábito”.

La costumbre es un factor que determinará los hábitos. “Así como también tenemos adicciones a las harinas. Está comprobado que, cuando sacamos las harinas de las dietas, los pacientes nos dicen que han sufrido dolores de cabeza. O sea, nos hemos criado así. Hay que incluirlo, pero no exceso”.
Y sugiere que los límites puede instalarlos el consumidor a su propia dieta. “Llevemos a la mesa lo que vamos a comer. Es decir, no llevamos el paquete donde no podemos medir lo que comemos. Lo mismo con las preparaciones”.

Sí, queda claro que no tenemos la costumbre de incluir frutas y verduras en nuestras dietas. “Estamos muy por debajo de las cinco porciones diarias de frutas y verduras que hay que comer y permanecemos así desde hace años”, dice la licenciada.

Finalmente, puntualiza sobre un aspecto fundamental: “siempre sugiero que hay que ir al supermercado con una lista de lo que necesitamos y no ir con hambre, porque seguramente compraremos lo que no debemos. Compraremos y, también, gastaremos de más”.