Esta semana que concluye se dieron a conocer algunas modificaciones que respecto al servicio de Parking Centro introdujo la Agencia de Desarrollo Paysandú, y si bien cabía esperar en los anuncios que se solucionaran algunas dificultades que el sistema estaba ocasionando a los usuarios, en realidad se trató de parches que no resuelven el tema de fondo, que es un implementación demasiado burocrática que hace que no sea práctico en absoluto hacer uso del estacionamiento.
Y lo del gol en contra en el título refiere a que un sistema de estacionamiento tarifado es siempre impopular y por tanto debiera ser lo menos complejo y obstaculizante que se pueda para el usuario, porque nadie querrá de buen gusto pagar por estacionar, y si encima hacerlo supone un montón de contratiempos, es hasta comprensible que el descontento vaya in crescendo. Una de estas novedades es la introducción de dos minutos de “tolerancia”. “La Agencia, considerando que usuarios se quejaban porque por menos de un minuto adicional, muchas veces mientras se realizaba el procedimiento de baja, debían pagar media hora más. Ante esta situación se modificó el software en uso, el que al llegar a una media hora (cualquiera dentro de las ocho horas) se interrumpe por dos minutos y posteriormente se reinicia. A modo de ejemplo, a los 10.30 (primera media hora del turno) se interrumpe y a las 10.32 se reinicia. Si un usuario quiere dar de baja su vehículo tiene esos dos minutos adicionales para hacerlo sin otros costos”, relata la nota de EL TELEGRAFO. ¿Cuál es el problema con esto? Pues tener que hacer un “procedimiento de baja”. No tiene sentido alguno tener que hacer un procedimiento de baja y sólo se justifica en la necesidad de mantener puestos innecesarios. Además, tan complicado de instrumentar que resulta hasta difícil de explicar, por ejemplo a un turista que no conoce la incapacidad la gestión municipal sanducera a la hora de implementar un sistema tan sencillo y común en todo el mundo como el de un estacionamiento tarifado.
Por ejemplo el sistema que se utiliza en Montevideo y en otras zonas del área metropolitana se maneja a través de una aplicación o de un SMS, el viejo mensaje de texto. Se envía un mensaje cuando se ocupa un lugar en la zona azul con la matrícula del vehículo y el tiempo que se desea registrar. Cinco minutos antes de expirar el tiempo contratado el mismo sistema envía un mensaje al conductor avisándole que está a punto de caducar el servicio y este, simplemente contestando el mismo mensaje extenderá el tiempo si lo considera necesario, o, si no lo precisa, no necesita hacer nada más, solamente se sube a su vehículo y se va, sin rendir ningún tipo de cuentas a nadie y desde el principio sin depender de ninguna otra persona para estacionar o retirarse del lugar. Es práctico, es efectivo, ¡ah!, y encima es más barato, porque en Montevideo cuesta 22 pesos la media hora, contra 30 en Paysandú y 44 la hora completa, contra 45 en la Heroica. Incluso en Canelones es aún más barato, 17 pesos la media hora y 34 la hora completa. En ambos casos el pago se realiza a través de la factura de la empresa de telefonía celular, aunque también se puede “cargar” saldo en las redes de cobranza o cargarlo directamente en algunas tarjetas de crédito.
Aquí en Paysandú es de esperar que los próximos cambios anunciados –que incluirán la posibilidad de operar a través de una página web–, simplifiquen el procedimiento y no aparezca alguna otra “sorpresa” que siga haciendo engorroso lo que en todos lados es muy sencillo, tan simple como estacionar en un espacio libre, porque de eso se trata en definitiva.
Entre los anuncios hubo una “a favor” del usuario y fue la decisión de no cobrar en los días feriados laborables, adoptada a instancias de los trabajadores que se desempeñan en las tareas de control. Pero hasta estos anuncios estarían demás si el sistema fuese razonable, como es en el resto del país donde no hay una Agencia Para el Desarrollo pensando “genialidades” para complicarle la vida a los usuarios, porque lo que se hace en el caso de Montevideo es contestar por SMS que ese día no se cobra; sin necesidad de andar atrás de un funcionario que no se sabe si está o no está ese día.
La otra “positiva” es la idea de “establecer promociones y bonos de descuento en acuerdo con los comercios, los que podrán entregarlas gratuitamente a sus clientes, aunque aun no queda claro cómo y en qué porcentaje pagarán los comerciantes esos bonos”.
Por otra parte la Agencia decidió cambiar los aún nuevos uniformes que se instrumentaron para las personas que cumplen las tareas de control. La (obvia) escasa visibilidad quedó comprobada y ahora se está trabajando en el nuevo diseño que seguramente será más llamativo y facilitará que el automovilista encuentre rápidamente al funcionario, como ocurría antes, cuando vestían los chalecos anaranjados. (¡por algo eran de ese color y no marrones, que parecen más un camuflaje bélico que un distintivo para identificarlos fácilmente!)
Estas idas y vueltas, sumado al malhumor que genera un sistema que parecía que se había terminado por aceptar, pero que no resulta práctico para el usuario, acaban manteniendo abierta la discusión de fondo de si el estacionamiento tarifado es la solución que requiere el tránsito en Paysandú.
Demostró que fue un acierto, así como otras medidas que se revirtieron, como el caso del carril libre que había mejorado sustancialmente la fluidez del tránsito en calle Leandro Gómez, que se eliminó para sumar varias cuadras al estacionamiento tarifado –a cambio de liberar otras sobre la calle Sarandí que prácticamente no se empleaban–. Ahora bien, lo que no se le puede pedir al sistema de estacionamiento es que sea una solución artificial para mantener algunos puestos de trabajo a costo de la incomodidad, la falta de practicidad y el encarecimiento para los usuarios. Si lo que se pretende es eso, mejor que inventen otro trabajo para esta gente que merece ganarse dignamente su salario, pero jamás a costa de aumentar aún más la ineficiencia de los servicios municipales.

