Suecia anunció el pasado 5 de junio la prohibición de emitir nuevas licencias para la extracción de carbón, petróleo y gas natural a partir del próximo 1º de julio con el propósito de proteger a las personas y al planeta. Una acción que puede llamar la atención por el contexto en que se da, en una Europa albergando un conflicto bélico que ha resentido el abastecimiento de energéticos procedentes de Rusia por las sanciones al país beligerante. Pero el anuncio se produjo como una muestra de voluntad en el marco de la celebración del 49º Día Mundial del Medio Ambiente, celebrado en Estocolmo, donde todo comenzó, podría decirse, cincuenta años atrás.
La ministra sueca de Clima y Medio Ambiente, Annika Strandhäll, afirmó durante las celebraciones que “Crear los empleos verdes del futuro acelerando la transición climática es una de las principales prioridades del gobierno sueco. Como parte de nuestros esfuerzos para poner en práctica nuestras ambiciones climáticas, debemos tomar medidas contra las actividades que tienen un impacto negativo en nuestra salud y nuestro medio ambiente”, y agregó que su mensaje “a la comunidad mundial es claro: los ganadores de la carrera mundial serán los que aceleren la transición, no los que se queden atrás y se aferren a la dependencia de los combustibles fósiles”, añadió.
El Día Mundial del Medio Ambiente, en este medio siglo que ha transcurrido se ha vuelto una fecha significativa a escala global. “Decenas de millones de personas de todo el mundo se unieron a las conversaciones globales en las redes sociales exigiendo una acción urgente para conservar y restaurar el medio ambiente. Decenas de miles de personas organizaron sus propias actividades, entre ellas la plantación de millones de árboles, la limpieza de la basura y la realización de acciones para poner de manifiesto que hay #UnaSolaTierra –etiqueta que alude al lema de esta celebración, que reeditó el de aquella primera conferencia en Estocolomo–”, publicó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Pnuma, por sus siglas en inglés. Y es así, nadie puede dudar que muchas cosas han cambiado en la consciencia de las personas y de los pueblos, incluso en los rincones más remotos del planeta. También los niveles de gobierno se han visto sensibilizados por la problemática ambiental y no solamente ministerios, muchos gobiernos en el mundo disponen también de agencias e institutos cuya principal vocación debería ser velar por la salud del planeta en que vivimos.
Cincuenta años han transcurrido, medio siglo, desde aquel puntapié inicial, que llegaba precedido de numerosos informes procedentes del mundo científico alertando que estábamos yendo un dirección equivocada. Cincuenta años demoró Suecia, el país que albergó aquella primera instancia en dar una señal de este tipo. Tal vez, como señal, haya llegado demasiado tarde, aunque no por ello deja de ser un paso en el sentido correcto.
Claro, hoy es más fácil de dar este paso, cuando el mundo ha desarrollado alternativas serias, firmes y seguras en generación de energía, tal vez uno de los mayores problemas ambientales, pero no el único, lamentablemente.
El mensaje debe ser optimista porque es la única forma de tratar de seguir creando consciencia. Todavía se puede hacer algo, todavía se puede rescatar este medio en el que vivimos. Aunque cincuenta años después de aquella primera cumbre mundial por el ambiente no podemos decir que estemos mejor. “Hace cincuenta años los líderes del mundo se reunieron en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano y se comprometieron a proteger el planeta. Pero estamos lejos de conseguirlo. No podemos seguir ignorando las campanas de alarma que suenan más fuerte cada día”, dijo António Guterres, el secretario general de la ONU, en su mensaje del 5 de junio.
La humanidad sigue devorándose vorazmente los recursos naturales, y lo sigue haciendo a pesar de los mensajes que se siguen haciendo llegar generaciones tras generaciones a los niños, a los jóvenes, a aquellos que llegan para tomar las decisiones en el futuro. Será tal vez que aquellas generaciones que recibieron estos mensajes aún no han llegado a los puestos de decisión.
Desde el programa de Naciones Unidas se destacó una serie de acciones que se han implementado alrededor del mundo para ayudar a combatir lo que ahora se denomina “triple crisis planetaria”, que componen el cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad.
“Consumimos el equivalente a 1,7 planetas al año. Tenemos una sola Tierra. Tenemos que aceptar que no estamos haciendo lo suficiente para protegerla”, dijo Inger Andersen, la directora ejecutiva del Pnuma, que además reclamó que “la ciencia nos ha dicho que tenemos que acabar con los combustibles fósiles. Tenemos que devolver a la naturaleza todo su esplendor. Tenemos que transformar nuestros sistemas alimentarios. Tenemos que hacer que nuestras ciudades sean verdes”.
Cincuenta años después no solamente las metas no se han alcanzado, sino que además parecen ser cada vez menos ambiciosas. Aun así continúan estando lejanas de los esfuerzo de la parte de la humanidad que al menos intenta vivir y legar un mundo mejor.

