En línea con la tendencia mundial, refrendada incluso por acuerdos como el de la Unión Europea en el sentido de dejar de producir vehículos a combustión a partir de 2035, el año pasado en el Uruguay se duplicaron las ventas de vehículos eléctricos, y más concretamente el incremento fue del 90,33 por ciento en 2022 respecto al año previo, de acuerdo al informe que dio a conocer la Asociación del Comercio Automotor (ACAU).
Indica la gremial que en 2022 se vendieron 1.043 vehículos eléctricos, mientras que en 2021 esta cifra había sido de 548 unidades. En automóviles, se ha pasado de las 248 unidades vendidas en 2021 a las 629 del año pasado, con un crecimiento del 153,63 por ciento, y respecto a las SUV eléctricas, las ventas del año pasado alcanzaron las 224 unidades, lo que determina un crecimiento interanual de las ventas de 72,31 por ciento, teniendo en cuenta que en 2021 esta cifra había sido de 130.
Por supuesto, la comercialización de vehículos de nuestro país no mueve la aguja en el mundo, pero de lo que se trata es que se refleja como viene la mano en los grandes mercados, en un país de reducido tamaño y población que naturalmente solo recoge los cambios que se dan en los grandes centros de decisión y demanda, a partir sí de una realidad propia que tiene sus peculiaridades en cuanto a preferencias del consumidor, costo y disponibilidad energética, así como de presión tributaria, entre otros factores.
Con el consumo de un petróleo que es cien por ciento importado, y encima una alta carga tributaria en los combustibles, el eternizar un reducto de uso de vehículos a combustible fósil no es un recurso recomendable ni mucho menos para nuestro país, pero la realidad indica que el recambio automotor no se perfila con ritmo acelerado en el Uruguay ni en el subcontinente, habida cuenta del tipo de parque vehicular que se tiene y el nivel de poder adquisitivo del promedio de la población, además de la infraestructura de apoyo en talleres y comercios de repuestos para sostener este escenario.
Ergo, para el ciudadano común de estas latitudes el recambio o actualización no representa el mismo atractivo porque no cuenta con las mismas posibilidades que los pobladores de los países europeos y Estados Unidos, por ejemplo, así como tampoco de países asiáticos que además son grandes productores de las unidades de transporte que se pretende fabricar para el mercado del futuro cercano.
Más bien podríamos decir que con buena disponibilidad de energía eléctrica, y gran parte de ella obtenida a partir de recursos renovables, Uruguay, como buena parte de América Latina, se perfilaría como un usuario natural para los vehículos eléctricos, con el doble beneficio de reducir la dependencia de los combustibles fósiles y aprovechar la perspectiva de contar con electricidad abundante –ello no quiere decir barata, por lo menos hasta ahora– para tener una buena sustentabilidad de la infraestructura.
Pero los avatares del escenario mundial tienen fundamental incidencia, como es caso de la invasión rusa a Ucrania, y el hecho de que hay todavía ciertas reservas en algunos países del mundo desarrollado que impulsan la renovación eléctrica del transporte, como es el caso de la Unión Europea.
Tenemos así que recientemente Francia pidió a Alemania que deje de bloquear el acuerdo para prohibir la venta de coches de combustión a partir de 2035 en la Unión Europea, según dijo la ministra francesa de Asuntos Europeos, Catherine Colonna, casi en el arranque de una cumbre de líderes europeos en Bruselas.
“Logramos un acuerdo que decía que no habría vehículos térmicos para 2035. Creo que deberíamos mantenernos en lo que acordamos, y no tengo dudas de que los alemanes van a lograr un acuerdo dentro de su coalición (de gobierno)”, afirmó Colonna a su llegada a una reunión con ministros y secretarios de Asuntos Europeos de los Veintisiete.
El pasado junio, cuando los ministros de los Veintisiete debían fijar su posición antes de empezar a negociar con el Parlamento Europeo, la fecha de 2035 generó discrepancias políticas en el gobierno alemán, pero finalmente Berlín aceptó ese límite.
Así, a mediados de febrero, el Parlamento Europeo aprobó la prohibición de vender coches que emiten dióxido de carbono (CO2) a partir de 2035, pero para que la medida entre en vigor necesita el respaldo de los gobiernos de los Estados miembros representados en el Consejo de la UE. A principios de marzo, sin embargo, Alemania retrasó esta votación en el Consejo alegando que faltaba crear nuevas cláusulas para proteger a los vehículos con motor de combustión que utilicen combustibles sintéticos limpios, y recientemente Berlín auspició una reunión en Estrasburgo (Francia) con ministros de Transportes de otros países, como Italia o Polonia, que van en la misma sintonía.
Pero lo cierto es que más allá de marcas y estipulaciones, el ministro alemán de Transporte, Volker Wissing, había reiterado su veto a un compromiso a nivel europeo para prohibir la venta de vehículos que emitan dióxido de carbono (CO2) a partir de 2035, a pesar de haber recibido una nueva propuesta al respecto por parte de la Comisión Europea (CE), según recogen medios alemanes.
De acuerdo con el semanario Der Spiegel, dicha propuesta pasaría por introducir en la normativa una nueva categoría de vehículos con motores de combustión que funcionan a base de combustibles sintéticos, los conocidos como “e-fuels”, que sí podrían comercializarse a partir de 2035.
Estos carburantes son “neutros”en CO2, ya que el que emite el coche cuando los usa es compensado por el que se ha utilizado en su elaboración. Los nuevos vehículos estarían equipados con sensores especiales que impedirían que sus motores funcionasen con carburantes elaborados a base de combustibles fósiles.
Al parecer, Wissing quería lograr que a partir de 2035 se puedan seguir comercializando vehículos con motores de combustión interna tradicionales, con la condición de que los fabricantes paguen una tasa que financie la generación de “e-fuels” por un volumen equivalente al del consumo que correspondería al vehículo durante su vida útil.
Sin embargo, Berlín retiró el veto y la UE aprobó definitivamente la prohibición de los motores de combustión en 2035, al lograr Bruselas un acuerdo con Alemania para que levante el veto a la ley de coches sin CO2.
Pero como en todo tema, hay intereses encontrados, y en este caso uno clave es la pérdida de puestos de trabajo en la industria automotriz alemana, mientras China ya tiene pronta la “invasión” de vehículos eléctricos, lo que sin dudas es facilitado por esta prohibición de la UE respecto a los coches a combustión.
Por lo tanto, si bien hay una hoja de ruta marcada, no es de descartar que en el ínterin hacia 2035 pueda haber extensiones, prórrogas o modificaciones, de acuerdo a las circunstancias, que podrían retrasar la universalización de los coches eléctricos, en el marco de un conflicto de intereses que por ahora recién está asomando, pero que debe tenerse en cuenta para un período de transición que todavía presenta muchas interrogantes y especulaciones para hacer coincidir la realidad con la teoría.
