“La última jugada”: bocha en el aire

LA ÚLTIMA JUGADA, de Mario Príncipe, por Grupo Los Positivos, de Fray Bentos. Dirección: Víctor Martínez. Con: Nicolás Techera, Huben Martínez, Renato Russo. Sala Carlos Brussa. Regional de Teatro Sede Paysandú.

Cosa extraña si las hay, encontrar el cementerio cerrado. Cosa no tan extraña, que la casualidad de un encuentro acomode las bochas en la cancha para la postrera jugada, antes de pasar a residir de manera permanente en ese lugar.

La amistad, el compromiso, la definición diferente del concepto “ganar”, la ruptura después de una situación particular. La necesidad de resolver conflictos antes de morir y de cómo un personaje inesperado puede influir.

Tres hombres (¿la muerte tiene sexo?) coinciden en la puerta de un cementerio. Uno de ellos lleva flores para depositar en la tumba de su mujer; el otro quiere asegurar la compra de un nicho aunque es aún joven; y el tercero se aparece en el lugar con una petaca de whisky y una naranja.

Como la puerta está cerrada, los dos primeros entablan una conversación que de casual pasa a personal y se concentra en aquel día en que casi el más veterano y su compañero ganan el campeonato de bochas. Los dos querían ganar, solo que entendían de una manera diferente el concepto. Llega el tercero, pareja en aquella final, y estalla el conflicto. Quien había llegado en busca de adquirir un nicho resulta clave para sanar heridas, porque los conflictos deben quedar antes de entrar al cementerio. Buena puesta en escena. Lo mejor, el movimiento escénico –salvando con honores el uso de un gran banco en la escena– y el elenco, muy parejo y correcto. Lo menos eficiente, la puesta de luces, muy poco efectiva. El uso de una pantalla grande para utilizarla durante muy escaso tiempo para teatro negro, tampoco aporta. Pero en general el espectáculo atrapa y promueve la reflexión.

E.J.S.