Accidentes a causa de caballos sueltos: problema endémico que sigue

En varias ediciones de EL TELEGRAFO se ha informado acerca de siniestros de tránsito en que el común denominador son los caballos sueltos. Si bien no es algo nuevo, continúa siendo un grave problema que a quienes lo padecen le complican no solo la salud, al tener que permanecer internados o con recuperaciones lentas que les imposibilitan trabajar o estudiar.

El pasado 7 de julio un hombre de 61 años resultó lesionado a raíz de haber chocado un caballo suelto en camino a Casa Blanca. Había terminado su turno en el Frigorífico del pueblo cuando se subió a su automóvil Mitsubishi Lancer, con matrícula IAF 8326. “Salimos como cada mañana, que vamos medio en caravana con los demás compañeros. Viajaba despacio porque a esa hora todavía está oscuro y además iba detrás de una camioneta. En un momento, cuando iba llegando a donde se encuentran los paneles solares, vi la oportunidad de pasarlos, así que me adelanté un poquito. Al pasar, volví a poner las luces largas, porque en esa zona hay unos pequeños focos que ayudan a descansar la vista, y vi una tropilla de unos 8 o 10 caballos al costado del camino. En un segundo, dos caballos se me cruzaron adelante. Alcancé a volantear, me arriesgué con la maniobra y zafé al primero que era enorme. Pero en fracciones de segundo, que no da el tiempo ni para pensar, sobre que quise recomponer el auto sentí el guascazo y agarré al segundo. Me fue imposible esquivarlo”, dijo. En su caso, el accidente derivó en lesiones leves y traumatismos, sin embargo el automóvil reportó varios daños que aún no sabe cuánto le saldrá repararlo “o si vale la pena”, comentó.

¿Quién será la próxima víctima?

LESIONES PARA TODA LA VIDA

El 24 de febrero pasado, Aníbal Rivero se levantó como cada mañana para dirigirse a su trabajo. Sin embargo, no llegó. En su camino se interpuso un caballo al que no logró evitar embestir y lo que lo obligó a cambiar abruptamente su vida.

En contacto con EL TELEGRAFO, Abel Rivero contó que ese día “mi hermano se dirigía desde Queguay-Lorenzo Geyres hacia la ciudad de Paysandú a trabajar para una empresa tercerizada de Ancap. Salió aproximadamente a las 5 de la mañana de su hogar y cerca de las 5.50, según consta en el parte policial, tuvo un accidente de tránsito debido a un caballo suelto. Desde ese día hasta hoy permanece internado. Estuvo tres meses en CTI en un coma farmacológico. Cuando se lo derivó a sala, ese mismo día sufrió un ataque de epilepsia; según lo que nos dijeron los médicos fue todo por lo mismo”.

En cuanto al dueño del caballo, “jamás se hizo presente, aunque sí se lo localizó, pero nunca se acercó ni a preguntar por mi hermano”, dijo Abel. “Si bien no precisábamos ayuda, creo que por cortesía podía acercarse a preguntar; no pretendíamos nada de su parte, menos plata, pero sí al menos por humanidad acercarse y preguntar por mi hermano”, agregó.

De igual forma, dado que el seguro de la motocicleta no nos cubría nada, contactaron un abogado. “Pero los vecinos del hombre dijeron que los caballos siempre estaban atados, pero esa vez estaban sueltos”.

“Hace dos meses aproximadamente que estamos con él internado en el Sanatorio Modelo. Luego del ataque de epilepsia se le generó un problema neurológico que hace que esté como perdido, hay veces que te reconoce y otras que no, hay veces que habla bien y otras en que no puede decir ni una palabra o te dice cosas incoherentes. En estos días le van a dar el alta, pero se va la casa con este mismo cuadro en que no puede ni movilizarse por sus medios y debe permanecer acostado o sentado, como se lo ponga”, dijo Abel al señalar que lamentablemente la vida de su hermano –y su entorno familiar– jamás será igual.

TRABAJO Y ESTUDIO

Otro caso, aunque menos dramático, fue el contado por Agustín. El joven narró a EL TELEGRAFO que el 23 de julio del año pasado “iba a estudiar al Polo Tecnológico en mi moto, una Honda C125 cc que tenía pocos meses de comprada, desde Casa Blanca, que es donde vivo. Eran cerca de las 6 de la mañana, por lo que estaba oscuro todavía y había poca visibilidad. Iba viajando cuando me percaté que no llevaba la mochila, por lo que al estar todavía cerca de mi casa decidí volver. Al retornar bajando la calle del Vertedero Municipal, a unos metros más adelante, vi a lo lejos unos caballos corriendo por lo que bajé la velocidad. En cuanto voy haciendo eso, se me apareció un caballo por la derecha que me embistió. Salí despedido hacia el lado del caballo y la moto hacia la izquierda”.

Las lesiones que sufrió “fueron en brazos, hombros, espalda y un golpe en la cabeza aunque tenía el casco puesto. Quedé un poco mareado”. El joven fue auxiliado por personas que iban cruzando en una camioneta del Frigorífico “y la moto, gran parte de ella, se rompió”. “Obviamente que el seguro no cubre nada y esos caballos como siempre son orejanos, es decir que cuando pasa algo de eso parece que no tienen dueños, nadie se hace cargo, ni la Intendencia, ni el Ministerio del Interior, ya ni siquiera se denuncia porque ya sabés como es el tema”, agregó. “Estuve una semana sin poder ir a trabajar ni estudiar. Además que la ambulancia no llega hasta ese lugar, no sé cómo fue que hicieron que fue una ambulancia de Constancia, por lo que estuve dos horas tirado en el piso”, sostuvo.