La historia del perro de la zona de Zorrilla de San Martín y Vásquez Varela, comenzó más o menos en noviembre del 2020, atado con una cadena larga pero sin tener sombra, pasaba el día entero al rayo del sol. Se involucraron varias personas y tanto que se logró que la dueña lo sacara del sol, en ese momento había temperaturas de 30º. Años lo tuvo bajo la lluvia y el frío, luego le puso una cucha, la que yo bauticé “la cucha del terror”, la colocó al lado de la casa donde pasó los peores veranos, desde las 7 a la mañana le daba el sol; tal era así que hacía pozos debajo de la cucha en la tierra de la desesperación que tenía el pobre animal. Todos sabían, protectoras, voluntarios, veterinarios, algunos fueron, otros ni se movieron con las típicas frases: “no tenemos lugar”, “llevátelo a tu casa”, “tiene dueña”, el INBA le hizo una intimación a la dueña por la denuncia de un particular y no se lo sacaron porque nadie se hizo cargo del perro. Qué raro, aman tanto a los animales ¿y no pudieron ayudarlo?
De por vida estuvo atado el animal; opino que toda persona que tiene un animal atado de por vida, no es buena persona y quienes dicen amarlos, o aman a todos o a ninguno. En el mes de mayo el animal se caía de lo mal que estaba, pero ya venía mal desde hacía tiempo; no sólo no le brindaron ayuda de un veterinario, sino que murió sufriendo tirado y encadenado dentro de la cucha. Los animales todos, con o sin dueño si están sufriendo merecen la ayuda, porque si quieren concientizar a la gente para que no exista maltrato animal, la actitud de no ayudar a un animal sufriendo es todo lo contrario de lo que propagan. Con él se perdió la batalla de años de lucha, pero nos consuela saber que de la justicia de Dios nadie escapa. Lo peor es que ahora esta persona tiene un perro nuevo y lamentablemente no falta mucho para que este nuevo animal corra con la misma “suerte”.
Si tanto quieren inculcar a los niños y a todas las personas en general a respetar a los animales aquí les quedó demasiado grande esa propagación, él sufrió y mucho y nadie movió un dedo para ayudarlo. A ese voluntario que se le pidió ayuda y dijo que no lo veía mal y que no había leyes para animales encadenados, le digo que se dedique a otra cosa.
Las personas que se involucran sin ser nadie y luchan, son las que valen. Después critican al jefe de estado, a los políticos, a todos ¿y con qué cara? Si tampoco se mueven cuando pedimos ayuda por un animal encadenado bajo lluvia u otro atado de por vida y temblando de frío. Tanto que le copian todo a los argentinos, ojalá le copiaran la garra de ellos para luchar y lograr leyes como la de las carreras de galgos, o la policía de rescate animal. A nadie que importa, total era un perro, pero de su sufrimiento todos son cómplices, cada cual sabrá a que atenerse cuando la vida, Dios, el universo o lo que fuese, les pase la factura.
Tina

