Los bailes de Cajupay son un espacio de encuentro y diversión para los adultos mayores que quieren confraternizar y compartir agradables momentos. José Larrosa Pereira y Carmen Silva Acosta, conforman un matrimonio de más de cincuenta años, y desde hace un tiempo son asiduos concurrentes a esta institución. En diálogo con Pasividades nos contaron acerca de sus vidas de esfuerzo y trabajo, y de cómo hoy disfrutan a pleno de esta etapa de sus vidas, entre paseos, bailes y momentos en familia.
José nació en Estación Queguay el 16 de octubre de 1948, por lo que ya está muy próximo a cumplir sus 75 años y de su niñez recordó que “trabajé desde chico; ayudaba a mi padre desde los 8 años; él era municipal y aparte plantaba, tenía quinta y yo vendía la verdura en el pueblo. Fui a la Escuela 48 de Lorenzo Geyres.
A los 12 años entré a trabajar en la Casa Máscolo; después papá nos trajo para Paysandú, hice 2 años primero de liceo y luego no fui más porque empecé a trabajar en un bar que había por Leandro Gómez. A los 15 años comencé en un taller de herrería y obra y después en un taller metalúrgico donde hacían galpones. En 1972 entré a Paycueros hasta que me jubilé en el 2006, con 34 años en la fábrica. En total junté 41 años para jubilarme; toda la vida trabajé”, reflexionó.
Siendo un jovencito, en un baile de carnaval conoció a Carmen, quien nació a unos 3 kilómetros de Algorta, aunque su niñez transcurrió en el barrio Artigas de nuestra ciudad. Tras un noviazgo de apenas 6 meses, contrajeron matrimonio y años más tarde tuvieron tres hijos: Estela, Rodolfo y Favio. Ella también trabajó desde muy temprana edad, primero lo hizo “en una fábrica de colchones que existía acá en Paysandú y después de doméstica”, contó.
“A esta altura podemos disfrutar, después de 50 y pico de años”, coinciden, reconociendo que a lo largo de su vida debieron hacer muchos esfuerzos “para tener la casa que tenemos. Cuando entré a Paycueros, me compré un terrenito e hicimos la casa en la que vivimos”.
Fueron “muchos sinsabores”, reconoce Carmen, a lo que José agrega que el trabajar en una fábrica a veces no resulta fácil, porque problemas siempre hay, no obstante “yo gracias a Dios nunca tuve problemas. Trabajé en la prensa de curtido 4 años y el jefe de la noche me sacó porque me hacía mal para el estómago y me llevó a una sección que se llamaba ‘el semi’, donde salía el cuero para terminación; yo era clasificador y ahí estuve hasta que me jubilé”.
También tuvieron que sortear algunos quebrantos de salud, primero Carmen que salió victoriosa de un cáncer de útero y luego José, cuando hace 5 años le detectaron cáncer de colon. Tras 28 sesiones de radioterapia en Salto, y un tratamiento de quimioterapia, logró vencer su enfermedad y hoy ya es cosa del pasado, aunque debe mantener una dieta en sus comidas y no hacer fuerza, según relató.
Reconoce que fueron momentos difíciles y de sufrimiento, pero al término del tratamiento el estudio reveló que “desapareció el tumor”, sin necesidad de una intervención quirúrgica, para sorpresa de médicos y el propio paciente.
Sin dudas que su testimonio es esperanzador para aquellas personas que puedan estar pasando hoy por un trance similar.
“NOS CAMBIÓ LA VIDA”
“En diciembre del año pasado empezamos a venir a Cajupay porque, como ella tiene artrosis, la doctora la mandó a hacer yoga y yo le dije que la iba a acompañar. Yo ya iba a gimnasia porque tengo problema de columna”, comentó José, dando cuenta así del compañerismo de esta pareja, seguramente una de las razones que explican tantos años de convivencia.
El acercarse a esta institución “nos cambió la vida”, coinciden.
“A nosotros la pandemia nos mató, como a todo el mundo”, aseguró José, recordando que fueron tiempos difíciles en los que debieron adaptarse “a un ritmo de vida de estar encerrados.
Entonces, cuando la doctora nos dijo de salir, vinimos acá; es más, ella nos dijo que viniéramos”.
Además, ya llegamos “con gran embalaje, porque en enero del año pasado nuestro hijo y nuestra nuera que viven en Buenos Aires, nos llevaron a pasear a Bariloche, San Luis, Mendoza.
Hicimos todo un recorrido de 12 días en auto. Entonces, cuando vinimos el año pasado, nos cambió la vida porque comenzamos a ir a excursiones y ya visitamos las termas de Chajarí, de Federación, y este viernes nos vamos a las termas en Brasil”, contó José.
“Acá nos cambió la vida porque yo soy muy conversadora, y en este grupo de yoga conversamos con mis compañeras, hacemos bromas”, comentó Carmen, a la vez que señaló que la experiencia ha resultado muy buena también para su salud, por cuanto ha tenido una recuperación física.
“La profesora te hace trabajar los dedos, y un dedo que yo no podía mover ahora sí puedo”, dijo.
Además, “los domingos que hacen baile, nosotros venimos”, agregó, mencionando que en este lugar han encontrado un espacio para la diversión y el encuentro.
Incluso, “yo me he reencontrado con excompañeros de trabajo y mucha gente que conocí en el fútbol”, agregó José.
Lógicamente que los momentos en familia también son muy disfrutables para esta pareja que tiene 3 nietos, José Luis, Eleana Lucía y Andrea Micaela, dos bisnietos y otra en camino.
Diariamente, Carmen le cocina a sus bisnietos de 8 y 6 años, quienes “son unos muñecos”, aseguró.
Dueños de una energía contagiosa y un carácter vivaz y al mismo tiempo muy amigable, ya al despedirnos nos cuentan que “cuando lleguemos de la excursión a Brasil, nos vamos a Buenos Aires para el baby shower de nuestra bisnieta”.
“Trabajamos toda la vida, nos respetamos, las enfermedades nos aparecieron de viejos, y ahora nos divertimos como los gurises, porque acá viene gente grande como nosotros”, concluyeron sonrientes, transmitiéndonos la certeza de que cualquier etapa es un muy buen momento para disfrutar de la vida.

