Luces y sombras

“Líbranos del mal”, dice el Padrenuestro.
¿Quién no desea el bien, para sí mismo y para sus allegados?
Todos, seamos creyentes o no, esperamos que esto suceda. Pero somos humanos, y el mal es una terrible realidad de cada día, y lo ha sido a través de toda la historia humana, de su evolución, a veces involución. Como en estos tiempos, en muchos aspectos avanzamos siguiendo luz, pero en otros, parece que la sombra oculta nuestra luz, el mal está agazapado, encubierto, solapado. Como expresa el escultor del Parque Viachristi, el demonio tiene muchas caras, el mal está en pensamientos, personas, grupos, acciones en situaciones muy diferentes, y muy frecuentemente caemos en la tentación, porque vemos caras alegres. No somos conscientes, o sí lo somos y nos dejamos llevar por lo fácil, la comodidad, la ambición de tener, de poder, los placeres excesivos.

El problema del mal es algo incomprensible para las mentes humanas, y ha sido siempre un motivo de interrogación, nunca resuelto, desde el principio de la humanidad. Parece que el mundo es una batalla constante entre el bien y el mal. Y de hecho lo es, sólo que siempre mantenemos la esperanza de la victoria del bien.

La religión dogmatiza sobre el origen y la realidad del mal; la sicología, especialmente el sicoanálisis, constata su existencia en el inconsciente del ser humano: y el común de la gente lo siente, lo experimenta en su interior y en los otros.
Muchos no creen en Dios porque piensan que los males que nos ocurren son obra suya. Los cristianos piensan que una divinidad que nos creó para ser felices, que es el bien absoluto, no puede inducirnos al mal. Somos seres libres para escoger entre el bien y el mal, y el mal que hacemos a otros, recae finalmente sobre nosotros mismos. Así como el amor que damos, también regresa a nosotros, antes o después, pero siempre regresa. Somos los creadores de nuestro destino, como dice el poeta, “al andar se hace camino”, y muchas veces, consciente o inconscientemente, elegimos el mal camino.

Pienso en este momento en la obra clásica de Shakespeare y su personaje Hamlet, indeciso entre Ser o No ser, delante de él se abrían dos caminos, el del bien y el del mal, y acabó eligiendo el último. Esta obra expresa el perenne dilema de los humanos, una lucha constante entre los opuestos.
Recuerdo el dicho de Sartre: “Estamos condenados a ser libres”; por eso es tremenda nuestra responsabilidad, aunque no consideremos que la libertad sea realmente una condena, sino un don.

Y mucho más acá en el tiempo, el cantante Vicentico expresa más o menos lo mismo cuando dice, de una manera mucho más simple, que “los caminos de la vida no son lo que yo pensaba, no son lo que imaginaba, y no encuentro la salida”.
Hay quienes creen que algunos males son para nuestro bien, para hacernos evolucionar espiritualmente, para fortalecernos y enseñarnos a ser mejores personas. Sostienen el dicho: no hay mal que por bien no venga.
Los males que afectan a toda la humanidad, suceden a causa de la indiferencia y de la falta de amor hacia al prójimo. A causa de los corazones endurecidos, que han olvidado que somos todos hermanos en este mundo, han olvidado o no reconocen el mandamiento del mor, que es patrimonio de todos, creyentes o no, y se están deshumanizando. A veces los animales nos muestran cómo deberíamos proceder siempre con nuestros semejantes.

Son espantosos los sufrimientos de millones de seres humanos que son torturados, violados, que mueren de hambre, que son discriminados por distintas razones, que son asesinados sin ningún motivo, los que mueren en las absurdas guerras sin sentido, los refugiados, quienes buscan refugio y no lo encuentran La pobreza de millones frente a la opulencia de unos pocos. Es terrible la corrupción en algunos miembros de la iglesia y en los gobiernos y en todos lados, la adicción a las drogas de miles de personas, que los lleva a cometer los peores actos. La contaminación de tierra, agua y aire, la depredación del ambiente, los fanatismos, los fundamentalismos, el crimen organizado. La ignorancia es un terrible mal, causante de muchos otros males. Y el feminismo a ultranza, que degrada a la mujer y produce el efecto contrario al buscado. Y es espantosa la indiferencia y el “pasar de largo”, de quienes podrían ayudar a salir de esas situaciones.

Todos o casi todos los males que a diario constatamos, provienen de decisiones o elecciones equivocadas de los humanos, que olvidan que la Tierra es nuestra morada común y que debemos cuidarla. Olvidan que somos todos hermanos.
Dice el Evangelio que “los hijos de las tinieblas son más avisados que los hijos de la luz”, y eso parece estar cumpliéndose en estos tiempos: pero también anuncia la victoria del bien. Actualmente, parece todo negativo, lleno de espinas, pero siempre mantenemos la esperanza de que llegará el día donde la paz se establecerá. La responsabilidad de cada uno de nosotros es muy grande.
Tenemos que purificar nuestros pensamientos, cuidar nuestras palabras y cuidar que nuestras obras sean lo mejor posible para cumplir el mandato moral y humano de servir, para nuestro bien y el de todos.

Dice Gabriela Mistral en su poema “El placer de servir”: “Sé el que aparta la piedra del camino, el odio entre los corazones y las dificultades del problema. Hay una alegría del ser sano y la de ser justo, pero hay, sobre todo, la inmensa alegría de servir”.

La tía Nilda