Milei, Milei, Milei; quedé saturado.
Hace dos semanas en un artículo que escribí en el semanario Voces me aventuré: “Si me apuran diría que Argentina va camino a perder lo poco que le queda del sistema democrático institucional y está al borde de caer en un neokirchnerismo”.
Néstor primero: “que se vayan todos” y ahora motosierra Javier para “acabar con la casta”. Más de lo mismo, solo cambia el Mesías que salvará a la Argentina. El que hará el milagro; de un día para otro. Resucitará a los muertos, hará caminar a los paralíticos (ahí me anoto), terminará con la inflación y el déficit fiscal de un plumazo, los argentinos ganarán en dólares y pondrá fin a los “planeros”, los “piqueteros”, los cortes de ruta, las pedreas, y meterá presos a todos los “gordos” de la CGT; ¡ah!, y echará a los científicos, todos unos “ñoquis” que no sirven para nada. Así de rápido y sencillo.
Después de estar nueve días en Buenos Aires frente a la TV local, escuchando radios y leyendo todos los diarios, pienso que no me aventuré tanto. No sé si dos meses darán para desinflarlo. Él, por suerte, ayuda algo; vehemente maestro en efectos artificiales cuando deja de vociferar y le hacen alguna pregunta tartamudea, hace agua, habla de Alberdi, que le queda muy grande, agrede e insulta y no deja hablar. Ahora dicen, él y sus asesores, que llevará su tiempo, no menos de tres o cuatro años y hasta hablan de ocho, quince y veinte años. ¡Tanto tiempo tiene planificado quedarse este muchacho!
¿Liberal? “El mejor sistema educativo posible es uno donde cada argentino pague por sus servicios (los vouchers). Eso es así. No es debatible”. Esto es lo que propone: ¡flor de liberal! Y así con todo. ¿Y lo del debate democrático, che? ¿Y la Constitución?, ¿y el Congreso?
Pero Milei siempre en primera plana y en los horarios centrales de la TV y radios. Nueve de cada 10 comentaristas, para bien o para mal, se ocupan de él. És el que fija la agenda: Milei, Milei, Milei.
¿A quién se parece?: ¿a Fujimori o a Chávez? ¿A AMLO el mexicano o a Bolsonaro? ¿A Correa, a Bukele, a Ortega? Tiene algo de todos.
Mucho de Trump. Este sostenía que los periodistas eran unos vagos y unos idiotas. Lo escribió y lo explicó. Decía que necesitaban titulares fáciles y llamativos y que él se los daba; sin importarle si lo usaban para ridiculizarlo, dejarlo mal o lo que sea. Titulares a granel y su nombre ocupaba las primeras planas, los informativos, programas humorísticos y era el tema obligado de los analistas.
“Lo que yo precisaba era que me conociera la nación –decía Trump–; los periodistas titulaban con mis disparates sin darse cuenta que eso que ellos consideraban disparates era lo que la gente quería oír y leer. Los periodistas me llevaron al poder y hoy lo que ellos más aman es odiar a Trump”; lo dijo y lo repitió.
Lo hizo Joseph McArthy, lanzaba barbaridades y los medios lo levantaban, y así puso en marcha el macartismo.
Con Milei pasa algo parecido. Siempre presente. Y cuando un periodista lo critica o le hace una pregunta que le fastidia dice que ha sido “ensobrado”.
El es el dueño de la palabra y de la verdad y el que discrepa o lo interrumpe o es “ensobrado”, o burro o mentiroso.
Decía Alberdi que la libertad de expresión es lo único que el pueblo no cede ni delega. Que eso es la libertad.
Se ve que a Milei se le pasó por alto ese capítulo ¡Si le quedará grande!
Solo faltan unas siete semanas, no sé si les dará el tiempo.
