En menos de dos meses, cuando volvamos a cambiar el calendario, van a faltar seis años para llegar al 2030, el año del Mundial, pensará usted, y sí, tiene razón, nos va a tocar recibir un pedacito de esa fiesta del fútbol que vimos nacer exactamente un siglo atrás, pero no viene por ahí el tema en este caso. El 2030 es el año meta planteado por la ONU, es decir, acordado por los Estados del mundo, para los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Esos 17 objetivos planteados en 2015 que sucedieron a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que en sí son metas globales, pero más que eso son indicadores que nos permiten apreciar cómo evolucionan el planeta y la humanidad, en busca de un mejor vivir. Entre estos objetivos, el primero que se planteó es la Erradicación de la Pobreza.
En el marco del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, que se celebra cada 17 de octubre desde 1993 –hace ya tres décadas–, se presentó un informe realizado por Carlos Rodríguez Castelán, Diana Sánchez Castro y Hugo Ñopo, para el Banco Mundial, titulado “Los retos que enfrenta América Latina y el Caribe para erradicar la pobreza”. En resumen el informe trae dos noticias, una buena y una mala; la buena es que la región ha dejado atrás los efectos de la pandemia y los números sobre la pobreza han alcanzado los de 2019, la mala es que estos números están muy lejos de hacer pensar en la posibilidad de erradicar la pobreza hacia 2030.
Lógicamente que cuando se habla de erradicar la pobreza es un objetivo que sirve para moverse hacia él, aunque no con la certeza de que se vaya a alcanzar, como aquello que decía Galeano sobre las utopías. Erradicar la pobreza es una utopía. “Somos una región que aún no ha ganado la batalla para erradicar la pobreza, y los resultados en cada país son disímiles. A ello se suman dos problemáticas adicionales, muy relacionadas: la marcada desigualdad en la distribución de la riqueza y la vulnerabilidad de buena parte de la población”, apuntan los firmantes del informe.
Consideran un dato alentador el que “tres años después del estallido de la pandemia, las economías de la región han logrado recuperarse”. La región ha vuelto a niveles de pobreza registrados antes de la pandemia, del orden del 26,7%. “De hecho, la recuperación ha sido más rápida que lo inicialmente pronosticado. En gran medida, esto se explica por la rapidez con la que cayó la tasa de pobreza en México entre 2021 y 2022”, donde pasó del 30,8% al 23,4%. Y también mencionan el caso de Brasil, “que registró desempeños mejores a los esperados, y debido a su tamaño influye de manera notoria en las cifras agregadas de la región”. Sin embargo, no dudan en calificar las tasas de pobreza en la región como “inaceptablemente altas”.
Entre los factores que influyen en la erradicación de la pobreza mencionan “la debilidad de los sistemas de protección social y la deficiencia en la provisión de servicios básicos como salud y educación”. Como resultado de ello un tercio de los latinoamericanos y caribeños “no son pobres, pero viven con un riesgo alto de quedar sumidos en la miseria. Para ello suele bastar solo ‘un empujoncito’ en forma de shock económico que puede ser la pérdida del empleo, una enfermedad grave que afecte a cualquier miembro de la familia, una catástrofe de origen natural o una crisis macroeconómica”. Pero dentro de este contexto se nota una mejoría en lo que ha pasado del siglo. “Entre 2000 y 2022, la pobreza medida según la línea de ingreso de U$S 6.85 diarios se redujo en 20 puntos porcentuales en América Latina y el Caribe. Algunos países, como Perú, Colombia, Bolivia y El Salvador tuvieron desempeños realmente excepcionales”.
¿Y Uruguay qué? Uruguay en varios temas pareciera una especie de isla en la región, pero como en tantos otros temas, esta apariencia favorecida respecto al barrio hace que escondamos nuestros propios problemas.
“El total de personas bajo la Línea de Pobreza se ubicó en 10,4% (cuando hablamos de una región que ronda el 26,7, es prácticamente una hazaña). Para el primer semestre del 2023 en el total del país, la proporción de hogares bajo la Línea de la Indigencia se estimó en 0,2%. Esto significa que cada 1.000 hogares, 2 no superan el ingreso necesario para cubrir las necesidades básicas alimentarias”, decía el informe del Instituto Nacional de Estadística que se presentó sobre el primer semestre de este año.
Pero estos “buenos” números generales esconden un costado oscuro. De acuerdo al informe “Abatir la pobreza en Uruguay al 2030”, del que presentó un adelanto Gustavo de Armas, asesor en planeamiento estratégico de Naciones Unidas en Uruguay, en un seminario realizado en julio de este año en el Palacio Legislativo. De Armas advirtió que “la pobreza en Uruguay tiene rostro de niño y también de mujer”. Según el estudio, los niños y adolescentes uruguayos representan el 44% de la población que vive por debajo de la línea de pobreza, mientras otro 44% está conformado por los adultos que viven con esos niños, en su mayoría mujeres jefas de hogar que son quienes más tiempo dedican al trabajo no remunerado, y estimó que reducir esos números a la mitad “implicaría, entre otras medidas, aumentar el nivel de las prestaciones no contributivas a 453 millones de dólares anuales”. Eso supondría dedicar a esas ayudas el 1,14% del Producto Bruto Interno.
En un informe anterior, en 2020, que estudiaba los años previos a la pandemia, se advertía ya un estancamiento en el combate a la pobreza, es decir que no se puede achacar plenamente la situación actual a la crisis de COVID-19 y a sus efectos, aunque por supuesto que produjo el desmejoramiento general que conocemos y a eso hay que sumarle otros factores como los conflictos bélicos y el efecto Argentina, que ha tenido serias consecuencias en las economías locales en zonas fronterizas como la nuestra.
No en balde la erradicación de la pobreza es el objetivo número 1 de estos ODS y más allá de que la medición se haga en términos de ingreso, no se puede obviar que hay factores estructurales, culturales, que ponen un límite en los avances que podamos lograr. Así y todo, pese a las crisis, al proceso electoral que se avecina, no se puede resignar esa meta.

