Por primera vez en la historia del Consorcio Regional de Lanas Ultrafinas (Crilu), se entregarán carneros de Merino Australiano que, además de contar con la evaluación genética tradicional realizada por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y el Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL), tendrán información genómica. Estarán evaluados sobre tres características de alta relevancia económica y ambiental a nivel internacional, como el consumo individual del alimento, eficiencia de conversión de alimento y emisiones de metano.
Tradicionalmente INIA, el SUL y la sociedades de criadores trabajan en las evaluaciones genéticas. De acuerdo al INIA, estudian la producción y la calidad de la lana, el crecimiento, el largo de la mecha, la resistencia a parásitos gastrointestinales, el área ojo de bife y el espesor de grasa, entre otras.
“Este procedimiento permite saber si la descendencia de un animal va a producir más o menos de cada una de las características evaluadas. Esta información es la que usan los cabañeros para seleccionar los animales y los productores comerciales al momento de decidir la compra de un animal para usar en su majada”, señaló Gabriel Ciappesoni, investigador del Sistema Ganadero Extensivo de INIA. En el marco del Crilu también se entrega información de índices de selección que se desarrollaron en conjunto con la Sociedad de Criadores de Merino Australiano y el SUL. “Estos índices nos permiten ponderar de forma económica las diferentes características. Es decir, cuánto gana el sistema en dólares cuando se produce un kilo más de lana o una micra más fina. Con los índices se pueden saber si los hijos de determinado carnero van a dar más o menos dólares”, agregó.
Una incorporación
A la información tradicional que reciben los consorciados del Crilu, este año se incorpora la genómica. Es una evaluación genética tradicional que incluye datos fenotípicos y genealógicos, se le incluye información molecular (ADN) de los animales sobre el consumo individual de materia seca, eficiencia de conversión y emisiones de metano. INIA tuvo un rol clave en este hito, en tanto esta evaluación se logra con el apoyo de los proyectos Rumiar, Marter y Grass2Gas del equipo de investigación del instituto. “Estos animales vienen de 20 años de mejora genética para todas las características productivas de lana y de crecimiento, y hoy estamos sumando estas tres características nuevas de las que ya contamos con más de 1.200 datos. Las mediciones se realizan en la unidad experimental de INIA La Magnolia y la evaluación podemos hacerla gracias a la información molecular que tenemos de más de 3000 animales y la buena conexión genética del núcleo de CRILU con el resto de las cabañas donde ya se evalúan más de 100.000 animales”, dijo Ciappesoni.
Explicó que, si bien los carneros se entregan a los consorciados del Crilu, conformado por productores y cabañas, “se van a multiplicar en otras cabañas, por lo tanto, su genética va a llegar a más productores”.
Ciappesoni resumió que “estamos ante un hito de la producción y la genética ovina del Uruguay, ya que contamos con la primera evaluación genómica de Merino Australiano. Hoy los productores y las cabañas cuentan con otra herramienta para mejorar sus ingresos y tener sistemas más sustentables en el tiempo y amigables con el ambiente”.

