Entre las muchas tradiciones que se practican en estas fechas, una muy arraigada es la de armar el arbolito de Navidad el 8 de diciembre. Pero, ¿de dónde surge? Para el cristianismo es el Día de la Virgen. El árbol de Navidad significa el amor de Dios a través de su forma triangular que simboliza a la santísima trinidad. Los adornos originalmente eran manzanas, por recordar al fruto que Adán y Eva comieron en el pecado original.
Al inicio tenía un significado completamente diferente al actual. Todo empezó cuando los primeros cristianos arribaron al norte de Europa, donde se celebraba el nacimiento de “Frey”, reconocido como el dios del Sol y la fertilidad, y la tradición era adornar un árbol perenne en los días previos a la celebración actual de Navidad.
La fecha para empezar a armar el árbol la estableció el Papa Pío IX en el año 1954, ya que es el día del nacimiento de la Virgen María, quien fue madre de Jesucristo. Por eso, la Iglesia Católica considera esta fecha como el comienzo de la celebración del período de Navidad y el 25 de diciembre el día de la llegada de Jesús.
Tradicionalmente el árbol comienza a armarse el 8 de diciembre y se termina el 24 con la colocación de la estrella en la punta, que simboliza a la estrella de Belén que guió a los reyes magos hasta el niño Jesús. Las creencias paganas establecen que los adornos rojos son para la pasión; los dorados para la riqueza; los blancos para la paz; los azules, tranquilidad; los amarillos para el éxito; naranjas para la alegría y verdes para la esperanza.
En tanto, para los creyentes los colores tienen otros significados, ya que cada esfera representa los rezos que se hacen en la época: los rojos son peticiones, los plateados agradecimiento, los dorados alabanza y los azules arrepentimiento. Por su parte, las luces navideñas reemplazan a las velas, que simbolizan la luz de Cristo. Al estar unidas, representan la unión de las familias y los seres queridos.

