Un problema llamado AFE

La reciente visita de un equipo de producción de la televisión francesa volvió a traer a nuestras páginas la situación de los talleres de AFE en nuestra ciudad y la preocupación que desde hace ya un tiempo vienen planteando sus trabajadores acerca del riesgo latente de que se pierdan para siempre esas instalaciones, bien porque la falta de mantenimiento y el paso del tiempo hagan lo suyo, o bien porque en algún momento la administración las entienda prescindibles y se desprenda de ellas y pasen a tener otro fin. Se preguntará el lector si hay algún tipo de prueba o de indicio de que esto pueda efectivamente ocurrir. Pues basta con recorrer un poco y constatar que de la gran mayoría de las estaciones del ferrocarril, las que se mantienen en condiciones óptimas son aquellas que se han cedido en comodato a diferentes instituciones, incluso a otras dependencias del Estado, mientras que las que han quedado en manos de AFE y sin actividad, simplemente han sucumbido al vandalismo para convertirse en telón de grafitis, alojamientos temporales o permanentes, fuente de materiales de construcción, baño público, aguantadero y un largo etcétera. ¿Tiene alguien duda de que cuando ya no queden trabajadores afectados a la labor que hoy se cumple en los Talleres, será su suerte la misma que la de la otrora hermosa estación de Piñera, o de la de Guichón mismo, así como tantas otras? Pero es que incluso lo hemos visto en tiempo real con la Estación Queguay, la un día proclamada como “la más linda del país”, que fue cabecera de un proyecto turístico, decayó rápidamente apenas se retiró de servicio, al dejar de circular por allí el transporte de piedra caliza desde la cantera de Ancap —ubicada en el empalme de las rutas 3 y 26— hasta la planta de Nuevo Paysandú, reemplazado por camiones, incluso después de realizar la empresa pública productora de portland una importante inversión en la reparación a nuevo de su locomotora en esos mismos talleres y ni qué hablar de la recuperación integral de las vías que se realizó mediante el inconcluso proyecto financiado por el Focem —al que ya hemos referido redundantemente— que sin embargo mejoró hasta allí las condiciones de circulación, antes de cesarla absolutamente, vaya paradoja. La “Estación más linda del país” decayó tanto que fue motivo de quejas recibidas por comerciantes locales de parte de visitantes que llegaron al lugar atraídos por el eslogan. Las últimas noticias al respecto dicen que finalmente ese proyecto se podría retomar; ojalá así sea y pueda volver a brillar la coqueta estación de Lorenzo Geyres, orgullo de la localidad. Pero lo hará en todo caso en otras manos que no serán las de AFE, una empresa que no se ocupa de preservar su patrimonio –nuestro patrimonio– y que si se ocupa lo hace de forma nada eficiente. Pero más que eso, cuando se ocupa lo hace con la actitud del “perro del hortelano”, como quedó planteado en las palabras de la productora del trabajo audiovisual para la TV francesa, que relató a EL TELEGRAFO las trabas burocráticas con que se encontró el equipo de parte del ente estatal para poder acceder a registrar dentro de sus edificios. AFE no quería, tal vez, que se viera en el mundo el estado de las instalaciones que tiene bajo su custodia. Eso es lo que típicamente se llama “barrer bajo la alfombra”. Se dirá que no tiene, acaso, los recursos como para hacerse cargo del mantenimiento de infraestructuras que no cumplen hoy ningún tipo de función dentro de su esquema actual de funcionamiento, y sin dudas que no lo ha de tener. Basta recordar el tamaño monstruoso de esa empresa, que no es otra cosa que el resultado de la compra estatal de las empresas ferrocarrileras privadas montadas por inversores ingleses –favorecidos a fines del siglo XIX por condiciones excepcionales ofrecidas por el Estado, eso sí– para conformar una mega empresa nacional hace ya más de 70 años y que desde entonces no ha hecho otra cosa que tender a su desaparición, sobreviviendo tercamente, pero ocasionando en el proceso este tipo de problemas de abandono y falta de mantenimiento.
Hoy los trenes en el centro – sur del país han vuelto a circular –todavía en fase de ajuste– asociados a la mayor inversión en la historia del Uruguay, para transportar la celulosa que se fabrica en las cercanías de Paso de los Toros e insumos para esa planta. Anunció el Ministerio de Transporte que pretende que otras empresas puedan circular por las mismas vías, en un escenario de competencia y no se descarta –pero tampoco se afirma– que un día regrese el transporte de pasajeros, que en la zona metropolitana funcionó hasta que empezaron las obras de remodelación. La intención que las autoridades de AFE han transmitido es que las vías que se reconstruyeron al norte del Río Negro sean usadas y cumplan una función, esperemos que las nuevas generaciones puedan llegar a ver aprovecharse esa millonaria inversión que se ha hecho. Pero lo que no se puede permitir el país es que haya inmuebles en buenas condiciones que no se estén usando y que, por el contrario, sean foco de problemas. Tal vez no todos tengan el interés patrimonial que se ha reconocido en los viejos talleres de la Midland, pero seguramente no han de faltar instituciones en las localidades del interior a las que estos espacios les caigan como anillo al dedo después de una reparación general y puedan hacerse cargo de su mantenimiento. Si esto no acontece y siguen en la órbita de AFE inmuebles ociosos en situación de abandono, seguiremos siendo testigos del desmoronamiento histórico del patrimonio ferroviario.